RETOS DE RÍO+20

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

Del 20 al 22 de junio se reúne en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia de Naciones Unidas sobre desarrollo Sostenible, más conocida como Río+20. Marca el 20 aniversario de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio ambiente y Desarrollo (Cumbre de la tierra o UNCED), que tuvo lugar en la misma ciudad en 1992 y el décimo de la de 2002 sobre Desarrollo Sostenible (WSSD), de Johannesburgo. Se espera que la actual sea la más grande de todas las reuniones internacionales organizadas por la ONU.

Río+20 quiere centrarse en el Desarrollo sostenible, un concepto que puso sobre la mesa el llamado Informe Brundtland, en 1987.  Según el concepto que fue perfilado en la WSSD de Sudáfrica, el desarrollo sostenible se basa en tres pilares: económico, social y medio ambiente. El problema y las discusiones surgen cuando se debate sobre cómo conjugar los tres y dónde poner las prioridades. Los meses previos a la Cumbre ha habido todo tipo de encuentros de diferentes bloques  -EU, JUSCANZ, G77…- que han debatido sobre los dos grandes temas de la reunión: Una economía verde en el contexto de un desarrollo sostenible y erradicación de la pobreza, por un lado, y la compilación normativa del desarrollo sostenible, por el otro. Al mismo tiempo se ha discutido sobre qué prioridad debe darse a “Los principios de Río”.

Para África, Río+20 representa una gran oportunidad de mostrarse unida y fuerte ante los países más poderosos al mismo tiempo que supone un reto para el futuro y el desarrollo sostenible de los distintos países del continente.

El primero de estos retos es el de la pobreza. Todos sabemos que a pesar de los esfuerzos realizados en las últimas décadas, sobre todo tras la promulgación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), este sigue siendo uno de los problemas más acuciantes de África. En los últimos años hemos asistido al fuerte crecimiento de algunas economías africanas, el cual no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida para la mayoría de los ciudadanos.

Una pequeña elite acumula gran parte de la riqueza del continente y la pujante clase media se une a ella en la persecución de unos estándares de vida, similares a los de Occidente, que son insostenibles. La mitad de los africanos y las africanas siguen viviendo bajo el, internacionalmente aceptado, umbral de la pobreza: 1,25 dólares al día.

En los últimos 20 años, desde Río 1992, la reducción de la pobreza en el continente ha sido mucho más lenta que en el resto del mundo.

Por otra parte, además de las grandes hambrunas como la de Somalia o la actual del Sahel, temas como las enfermedades, el analfabetismo, la falta de acceso a agua limpia y saneamientos, la alta tasa de desempleo juvenil, la falta de oportunidades para las mujeres…, siguen estando muy presentes (sin negar los muchos logros alcanzados en la última década) en la mayoría de los países.

Por su parte, el cambio climático está afectando más a África que al resto del globo. Esto, como se puso de manifiesto en la Cumbre de Durban, celebrada en noviembre de 2011, supone un nuevo reto para las posibilidades de desarrollo del continente. Hay que tener en cuenta que la poca capacidad para dar respuesta al fenómeno y de adaptación a la nueva situación pone en peligro la seguridad alimentaria y el acceso al agua en muchas regiones africanas.

África también parte con desventaja a la hora de pedir que se opte por una economía verde que sea menos contaminante y que utilice menos recursos. En la Conferencia de Durban se vio cómo los países más desarrollados, los principales contaminantes, echaron mano de la crisis económica internacional para no cumplir con sus compromisos de reducción de emisiones y transferencia de tecnología y fondos para frenar el impacto del cambio climático en los países del Sur. La mayoría de los países africanos han optado por las energías limpias, pero la dependencia tecnológica de Occidente puede representar algún tipo de barrera para el desarrollo de este sector en África, según sean los intereses de las grandes potencias.

Foto Ecofriend.

Al inicio hemos sugerido el principal problema de fondo que subyace en este tipo de reuniones internacionales, que no es otro que los distintos significados que el desarrollo sostenible tiene para diferentes grupos.  Para algunos quiere decir “sostenibilidad económica”, para otros se refiere a la protección del medio ambiente y un desarrollo más lento y para otros significa estudiar las relaciones entre el medio ambiente y sus dimensiones sociales y económicas.

Así, de las reuniones celebradas por los diferentes grupos se desprende que el G77 teme que una mala definición de “economía verde” pueda ser utilizada por los países ricos para imponer un nuevo proteccionismo comercial, mientras la Unión Europea quiere establecer objetivos a conseguir y los Estados Unidos son reacios a dejarse atar por cualquier tipo de obligación que pueda surgir de la Cumbre.

El documento base de Río+20, El futuro que queremos, ha reducido las obligaciones de los países más ricos en materia de derechos humanos y equidad: Toda referencia al Derecho al desarrollo ha sido eliminada, la erradicación de la pobreza se reduce a la extrema… Los países más poderosos también han conseguido eliminar cualquier leguaje que pueda implicar una obligación de aportar recursos económicos, tecnología, apoyo…, para favorecer el desarrollo sostenible de los países del Sur. Tampoco aparecen indicios de una voluntad que apunte a reformas en el campo del comercio internacional, de las finanzas o de las inversiones que tanto daño hacen a muchos países africanos.

Por ello, se necesita un principio de acuerdo sobre qué entendemos por desarrollo sostenible que sirva de fundamento a todas las propuestas políticas, el cual tiene que conjugar el uso justo y equilibrado de los recursos naturales con un conjunto de valores éticos que ayuden a transformar la sociedad en que vivimos. Pienso que este debería de ser el punto de partida de Río+20 ya que, después de 20 años desde la celebración de la primera Conferencia de Rio y 10 de la de Sudáfrica, la situación de nuestro planeta y sus habitantes, particularmente la de los más pobres y vulnerables, ha empeorado.

Foto Centrosolar

La postura del continente africano ante Río+20 debe ser unitaria y así lo reconocieron los distintos gobiernos del continente en la reunión celebrada en Addis Abeba, Etiopia,  entre el 20 y 25 de octubre pasado, en el documento titulado Africa Consensus Statement to Rio+20. En él se recuerda la validez de la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD) como el marco del desarrollo sostenible del continente. Al mismo tiempo, reconoce que el fundamento de todo desarrollo sostenible radica en la buena gobernanza, instituciones fuertes y responsables, la creación de riqueza, la igualdad y equidad social, la erradicación de la pobreza, el respeto al medio ambiente y el progresivo cumplimiento de los acuerdos internacionales, incluyendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Los dirigentes africanos también quieren que el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con sede en Nairobi, Kenia, se transforme en una agencia especializada, con un presupuesto mayor y un mandato más amplio. Dicen que la estructura actual del organismo no da respuesta a las necesidades del continente.

Yo no tengo mucha fe en este tipo de reuniones internacionales, aunque sean necesarias para seguir avanzando. Los fuertes y poderosos siempre terminan imponiendo sus posiciones. Quizás, la unidad que muestran los países africanos pueda resultar en un empuje y un cambio de dirección. El optimismo, aunque pequemos de ingenuos, nunca nos falta.

TRÁFICO DE MENORES

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Por: Chema Caballero |

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Guinea ecuatorial es uno de los principales destinos, dentro del continente africano, para los menores sometidos a trabajos forzosos. Los niños y niñas son reclutados y transportados desde los países vecinos, principalmente Nigeria, Benín, Camerún y Gabón, y obligados a trabajar como siervos domésticos, en los mercados, como vendedores ambulantes o lavanderos. La mayoría de las víctimas son explotadas en Malabo y Bata donde la creciente industria petrolera está creando una alta demanda de mano de obra barata y explotación sexual. Mujeres y niñas de Camerún, Benín y otros países cercanos son captadas para trabajar en Guinea ecuatorial pero terminan obligadas a prostituirse.

Esto es solo un ejemplo, porque el número de menores víctimas del tráfico que son forzados a trabajar o explotados sexualmente en África sigue creciendo según el Informe del Departamento de Estado de los EEUU sobre el tráfico humano, de 2011.

Fotografia de una de las campañas de IOM en Sudáfrica.

El tráfico y trata de menores es un negocio que mueve miles de millones de dólares y que afecta a prácticamente todos los países del mundo –tanto como fuente como destino del tráfico. La crisis económica en la que supuestamente estamos inmersos ha agravado este fenómeno. Según la Oficina de la Naciones Unidas contra las drogas y el crimen organizado (UNODC), se estima que unos 130.000 individuos, muchos de ellos menores de edad, son víctimas de este negocio cada año ya sea por motivos sexuales o de explotación laboral, en África subsahariana.

El Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, de Naciones Unidas, la define como “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.

Esta definición  es importante porque en muchas partes de África el uso de menores se produce con el consentimiento de los padres o, incluso, de los niños y niñas. En la mayoría de los países del continente, la pobreza extrema, el alto número de hijos, la falta de oportunidades educativas, el desempleo, el bajo estatus del que gozan mujeres y menores, la ignorancia… crean las condiciones que facilitan este tipo de prácticas.

Foto history100slavery.

La falta de datos fiables en este campo dificulta el conocimiento del verdadero alcance del fenómeno y la búsqueda de medidas efectivas que ayuden a terminar con él. Este es un problema que ya puso de manifiesto UNICEF en su Informe de 2002 titulado Child Trafficking in West Africa. 10 años más tarde, el problema persiste.

Los menores y sus familias son engañados, como siempre suele suceder en estos casos, con la promesa de una vida mejor. Es así como se explica la explotación de cientos de miles de menores cada año. Niños y niñas a los que se les priva de su derecho a la educación, a la salud, a crecer en el seno de una familia y a la protección contra los abusos y que se convierten en una fuente de ingresos y negocio para los traficantes.

El informe del Departamento de Estado de los EEUU dice que en Camerún, por ejemplo, los intermediarios suelen transportar dos o tres menores a la vez. Estos niños o niñas provienen de  pequeñas aldeas de zonas rurales y se consiguen con engaños. Los padres entregan a sus hijos o hijas a cambio de la promesa de educación o de una vida mejor en la ciudad. Sin embargo, el estudio indica que cada vez más los tratantes o traficantes recurren al secuestro de los menores y a otras formas violentas de intimidación ya que gracias a las campañas de sensibilización llevadas a cabo en distintas zonas del país, los padres son cada día más conscientes de la situación y, consecuentemente, más reacios a entregar a sus hijos o hijas a los intermediarios.

El 16 de junio de 2009, la Unión Africana lanzó AU.COMIT, una iniciativa dirigida a luchar contra el tráfico humano en África. Uno de los objetivos de la campaña es convertir esta lucha en una de las prioridades de las agendas de desarrollo de los distintos países del continente.

Foto possiblylove.

Poco a poco se ha ido consiguiendo que los distintos Estados introduzcan legislaciones que criminalicen este tipo de prácticas y que se firmen acuerdos interestatales que favorezcan la lucha conjunta y la cooperación más allá de las propias fronteras. Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer en este campo para hacer más efectiva esas leyes, sobre todo a la hora de implementarlas.

También se han incrementado las campañas de sensibilización, sobre todo en las zonas rurales donde se intenta siempre implicar a los jefes tradicionales, a los grupos de mujeres y a los jóvenes.

Y a pesar de todo ello, el número de niños y niñas víctimas del tráfico y trata de menores sigue creciendo y las técnicas utilizadas para conseguirlos son cada vez más violentas, según el informe del Departamento de Estado de EEUU, como hemos visto. Quizás, la solución a este problema, como a tantos otros de los que afectan a los niños y niñas de África, radique en la educación.

STAND UP FOR AFRICAN MOTHERS

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Por: Chema Caballero |

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“Mi nombre es Seitat Sarika. Vivo cerca del centro de salud de Entasoopia en el distrito de Magadi, suroeste de Kenia. Mi hija, Nodam, vino a quedarse conmigo hace un mes porque estaba embarazada de gemelos y quería estar cerca del centro de salud cuando llegara el momento del parto. A las 21.00 el 27 de abril, estaba a punto de preparar la cena cuando Nodam sintió un dolor muy agudo y empezó a sangrar mucho. Nunca he visto nada parecido”.

“Soy una partera tradicional, he ayudado a muchas mujeres a tener hijos. Pero ahora he aprendido la importancia de llevar a las mujeres al centro de salud porque allí pueden ser atendidas por trabajadores cualificados. Inmediatamente envié a unos muchachos a buscar un vehículo para trasladar a mi hija. Encontraron uno pero estaba averiado y fueron a buscar otro. Llamé a mi vecino para ver si él podría ayudarnos. Es un hombre fuerte. Trató de llevar a mi hija en su shuka (un chal tradicional) pero pesaba demasiado. Pronto su shuka estaba empapado de sangre. Entonces mi hija se desmayó. Todo sucedió muy rápido. A las 22.00, una hora después de empezar los dolores, ella murió”.

Los bebés murieron también. Ahora me he quedado al cuidado de los otros dos hijos de Nodam. Ella hizo todo bien. Había asistido a la clínica regularmente y vino a mi casa para poder dar a luz en el centro de salud. Si hubiera sido un parto normal, ella no habría muerto. Pero hubo una complicación y no pudimos llevarla a tiempo al centro de salud”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mortalidad materna es inaceptablemente alta. Cada día mueren en todo el mundo unas ochocientas mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto. Prácticamente, todas esas muertes se producen en países en desarrollo y la mayoría podrían haberse evitado.

La mejora de la salud materna es uno de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que pretenden reducirla en un 75% antes del 2015.Según el informe Trends in Maternal Mortality: 1990 to 2010, presentado por la OMS, UNICEF, UNFPA y el Banco Mundial el pasado mes de mayo, desde 1990 la mortalidad materna ha disminuido en un 47%, pero todavía estamos muy lejos de alcanzar la meta propuesta, como acabamos de ver. Por eso, durante la cumbre de las Naciones Unidas sobre los ODM, celebrada en septiembre de 2010, el Secretarío General Ban Ki-moon presentó la Estrategia mundial de salud materna e infantil con el objetivo de salvar la vida de más de 16 millones de mujeres y niños durante los siguientes cuatro años.

El informe citado anteriormente señala que África subsahariana es la zona donde se concentra el mayor número de muertes maternas del mundo, el 56% de todas ellas. La media del continente es de 500 muertes por cada 100.000 nacimientos. Chad y Somalia son los países que registran un índice más alto, 1.000 muertes por cada 100.000 nacimientos. Les siguen Sierra Leona (890), República Centroafricana (890), Burundi (800), Guinea Bissau (790), Liberia (770), Sudán (730), Camerún (690) y Nigeria (630). Por su parte, los países subsaharianos donde menos muertes maternas se registran son las Islas Mauricio (60), Santo Tomé y Príncipe (70) y Cabo Verde (79).

Un 10% de estas muertes están relacionadas con el VIH. África Subsahariana registra, según el estudio, el 91% de muertes maternas por VIH/SIDA de todo el mundo.

Según la OMS, el mayor riesgo de mortalidad materna en África corresponde a las adolescentes de menos de 15 años. Las complicaciones del embarazo y el parto son las principales causa de muerte de estas chicas. Por eso, es importante que todas las mujeres tengan acceso a la planificación familiar. El quinto ODM pretende que para 2015 sea una realidad el acceso universal a la salud reproductiva. Las mujeres africanas, al tener muchos más hijos que las de los países occidentales tienen mayor riesgo de muerte relacionada con el embarazo a lo largo de sus vidas.

La mayoría de las muertes maternas son evitables. Las soluciones sanitarias para prevenir o tratar las complicaciones que se presentan durante la gestación o en el parto, son bien conocidas. Por eso, todas las mujeres necesitan atención prenatal durante el embarazo, atención especializada durante el parto y atención y apoyo en las primeras semanas tras el parto. Es particularmente importante que todos los partos sean atendidos por profesionales sanitarios especializados, puesto que la conducta clínica apropiada y el tratamiento a tiempo pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

Sin embargo, lo que las mujeres occidentales dan por hecho –matronas capacitadas, obstetricias, quirófanos, antibióticos y, en general, todo lo necesario para asegurar la salud de la madre si surgen complicaciones- en África es un lujo al que muy pocas tiene acceso.

Los principales factores que impiden que las mujeres reciban o busquen atención durante el embarazo y el parto son: la pobreza, la distancia que las separa de los centros de salud, la falta de información, la inexistencia de servicios adecuados y las prácticas culturales.

Las mujeres pobres de zonas rurales y aisladas son las que tiene menos posibilidades de recibir una atención sanitaria adecuada. Algo muy presente en África subsahariana donde la inmensa mayoría de los partos no son asistidos por un médico, una matrona o una enfermera profesional, sino que son atenidos por parteras tradicionales.

La ONG AMREF acaba de lanzar la campaña Stand up for African Mothers que tiene como objetivos llamar la atención sobre la mortalidad materna, formar a 15.000 matronas africanas de aquí a 2015 para reducir en un 25% la mortalidad materna en África subsahariana y equipar más centros de salud.

AMREF es la mayor organización internacional sanitaria de origen y gestión completamente africanos. El nombre corresponde a las siglas en inglés de African Medical and Research Foundation (Fundación africana para la medicina y la investigación). Su equipo humano está formado por 850 profesionales sobre el terreno (el 97% de ellos africanos). Todos sus proyectos se diseñan, dirigen, analizan y ejecutan en África. También cuenta con una red de doce oficinas en Europa (entre ellas una en España), Estados Unidos y Canadá con el objetivo de recaudar fondos y concienciar sobre la realidad sanitaria del continente. La ambiciosa campaña que acaba de lanzar tiene como madrina internacional a Gaça Machel Mandela, a la que vemos en el siguiente vídeo.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=kFeJR9IQOHY#!

En España, la periodista María Rey es la madrina. Aunque se buscan más personas que quieran dar a conocer esta campaña. Otro de los objetivos de Stand up for African Mothers es presentar la  candidatura de Esther Madudu al Premio Nobel de la Paz 2015, como  símbolo de la lucha de las matronas africanas por la vida de las madres. Ella estará en España hasta el 6 de junio. En los próximos días podréis leer aquí su propio testimonio. Pero si podéis acercaros a escucharla en persona a la conferencia que dará mañana martes, 5 de junio, a las 19.30, en la Casa Encendida de Madrid (Ronda de Valencia 2).

Se trata de una iniciativa importante que ya está dando sus frutos. Allí donde las mujeres africanas están informadas y existen medios, se salvan vidas, como le sucedió a Maria Gasingo que nos los cuenta en el siguiente testimonio que, como el del inicio, aparece en el folleto que ha publicado AMREF para ilustrar la campaña: “Mi nombre es Maria Gasingo. Tengo 28 años. Vivo en Tali, aldea de Terekaka, en Sudán del sur. Este es mi tercer bebé. Tiene seis días. Cuando estaba embarazada, yo solía ir al centro de atención de salud primaria de Tali para los controles. El día del parto caminé hasta el centro de salud, alrededor de media hora desde mi casa. Tardé tiempo en llegar porque estaba sangrando mucho, pero no tenía otro medio para ir. En el centro de salud me reconocieron y vieron que había expulsado la placenta antes que el bebé. Dijeron que tenía que ir a al Hospital de Lui inmediatamente. Me pusieron fluidos y me llevaron en el vehículo de AMREF (…) ¡Estoy tan feliz de haber llegado a tiempo! Tenía mucho miedo de morirme o de que mi bebé muriera, pero estamos sanos y salvos. No todas las mujeres son tan afortunadas como yo. Muchas pierden a sus bebés por no recibir ayuda a tiempo y muchas mujeres mueren. ¿Qué habría sucedido si el vehículo de AMREF no hubiera estado disponible para llevarme a Lui? Tanto mi bebé como yo podríamos estar muertos. Desearía tener un buen hospital cerca de casa para conseguir asistencia adecuada en el momento necesario”.

(*) Todas las fotos de AMREF / Sven Torfin.

Paren, aquí vive gente (II)

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Por: Chema Caballero |

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Hasta 1970 África era autosuficiente. Producía lo necesario para poder alimentar a su población. Pero hoy el continente tiene que importar el 25% de su comida. África ha perdido su soberanía alimentaria. Mientras, capitales extranjeros se han apropiado de 50 millones de hectáreas de tierra en países del Sur, una gran mayoría en África. Eso equivale a la mitad de todas las tierras agrícolas de la Unión Europea.

También hay estudios que afirman que en 15 años puede agotarse toda la pesca en África. Las grandes flotas pesqueras son las causantes del desastre. La Unión Europea es la tercera potencia pesquera mundial con una flota de 86.000 barcos. España posee el 67% de la flota europea que faena en aguas extracomunitarias.

Estos son datos proporcionados por Veterinarios sin Fronteras (VSF) en su campaña Paren, aquí vive gente que mañana llega a su fin. Para esta ocasión VSF ha hecho llegar una carta al ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, en la que se le solicita una entrevista para el día 25 de mayo, coincidiendo con la celebración del Día de África. El objetivo de la reunión es hacerle entrega de las más de tres mil firmas de ciudadanos y ciudadanas que se han sumado a la petición de esta campaña que insta al Gobierno a que asuma su responsabilidad estableciendo mecanismos de control y de sanción sobre las actividades de las empresas que, con sede en el Estado español, actúan fuera de nuestro territorio y ponen en peligro el derecho a la alimentación de las personas.

Campesinos de Chimoio (Mozambique). Foto Ana Belén Simón/Veterinarios Sin Fronteras.

La campaña se inició el 18 de abril con la presentación del informe de VSF titulado Responsabilidad extraterritorial de los Estados. El expolio de recursos en África Subsahariana. El objetivo de la publicación es analizar las amenazas que están poniendo en riesgo la soberanía alimentaria en África subsahariana y formular propuestas para revertir la situación.

Durante la presentación del informe, Javier Guzmán, presidente de VSF, afirmó que tras las recurrentes crisis alimentarias que estamos viviendo en África “hay causas determinadas como la entrada en el continente de fondos de inversión e intereses especuladores sobre la tierra, la presencia de monopolios o los grandes cultivos para exportación”.

Javier Guzmán estuvo acompañado por Janet Mary Akiteng Oliso, presidenta de TECLANET, una red que integra a 45 organizaciones comunitarias de base en Uganda, y por Peter Baleke Kaylira, campesino ugandés víctima de desplazamiento por acaparamiento de tierras de la comunidad de Mubende por parte de la empresa alemana Neumann Kaffe Gruppe (en España bajo el nombre de Coprocafé Ibérica, en cuya web afirman que son “miembros certificados de Faitrade, UTZ, Rainforest y cafés orgánicos”).

Plantación de café de la empresa Neumann Kaffee Gruppe, en Mubende (Uganda). Foto Ana Belén Simón/VSF

Un buen resumen de la presentación de la campaña lo encontramos en el artículo de Aurora M. Alcojor para Guinguinbali. Recomiendo la entrevista con Janet Mary de María José Esteso Poves en Periódico Diagonal. El caso de Peter nos lo cuenta Carmen Pérez-Lanzac en El País.

El estudio acusa a empresas europeas y españolas de estar arrebatando los recursos naturales a las comunidades campesinas y pescadoras africanas con los que producen los alimentos que comen. Estas prácticas son generalmente promovidas por los gobiernos europeos –y el Estado español- que incentivan la implementación en África de un modelo productivo orientado a la exportación, el cual arrebata los recursos a las personas que viven de ellos, contribuye al cambio climático y arroja a miles de personas en manos de la pobreza.

En la mayoría de los casos la tierra se utiliza para monocultivos destinados a la exportación, a la especulación o a la producción de agrocombustibles. Los africanos y las africanas ven como los productos cultivados en su país, no les alimentan a ellos sino que emprenden el viaje hacia destinos lejanos.

Los países más afectados por el acaparamiento de tierras son Uganda (con más del 14% de su superficie agrícola actual en negociación), Mozambique (con más del 21%),  República Democrática del Congo (con más del 48% de las tierras agrícolas adquiridas), Etiopía, Madagascar, Sudán y Malí.

Según VSF, el acaparamiento de tierras por parte de empresas europeas crece año tras año. Los seis países europeos que están en cabeza son: Italia, Noruega, Alemania, Dinamarca, Reino Unido y Francia.

Pescador en Saint Louis (Senegal). Foto Ana Belén Simón/VSF

El informe señala que también las empresas españolas van entrando en este negocio, sin embargo, es en el sector pesquero donde estas tienen mayor protagonismo. Es un tema que ya tratamos en este blog en la serie Piratas. Según VSF, las transnacionales españolas de la pesca son una auténtica potencia mundial, siendo Pescanova la primera a nivel estatal, la tercera empresa europea y la octava mundial. Su actividad, denuncia la ONG, “supone una amenaza para la soberanía alimentaria de África subsahariana”.

Cayucos de pescadores en el río Saint Louis (Senegal). Foto Ana Belén Simón/VSF

En España, la creación y apoyo público a las empresas mixtas que trabajan en países terceros ha sido impulsado por el lobby Clúster de Empresas Pesqueras de Países Terceros (CEPPT). Sus actividades se han centrado, principalmente, en conseguir apoyos públicos para este sector empresarial. Este puede ser uno de los principales elementos de regulación del estado español para asegurar que estas figuras y actividades no vulneran el derecho a la alimentación de las poblaciones africanas.

El informe de VSF muestra el caso de Senegal donde la pesca artesanal es la actividad más importante del país. Da empleo a 600.000 personas. Tras la avalancha de grandes barcos extranjeros, ya casi no queda nada que pescar. Algunos estudios afirman que, de seguir así, en tres lustros puede agotarse la pesca en África.

En la costa de Saint-Louis –la segunda ciudad en población de Senegal- la pesca industrial está destruyendo y arrebatando los recursos pesqueros. A pesar de que el gobierno senegalés decidió suspender los acuerdos con la Unión Europea en 2006, los barcos europeos (principalmente españoles) han seguido pescando a través de las empresas mixtas que poseen allí.

Los beneficios generados por el aprovechamiento de los recursos marinos no se quedan en Senegal. La pesca es exportada para abastecer los mercados europeos, despojando a la población senegalesa de sus propios recursos y agotando los caladeros.

Pescadores en Saint Louis (Senegal). Foto Ana Belén Simón/VSF

Por eso es de Justicia que el Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, escuche las quejas que mañana le presentarán Veterinarios sin Fronteras.

Todavía estás a tiempo de firmar la petición: pincha aquí

Entrega de firmas de la campaña “Paren, aquí vive gente” y performance reivindicativa, viernes 25 de mayo de 2012 a las 12:00 en la plaza de la Provincia, 1, Madrid.

PAREN, AQUÍ VIVE GENTE (I)

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

En 2011, Socfin Agricultural Company Sierra Leone Ltd (Socfin SL) firmó con el gobierno sierraleonés un acuerdo por valor de cien millones de dólares a cambio de 6.500 hectáreas de tierra de cultivo, para plantar árboles de caucho y palmeras de aceite, en el Chiefdom de Malen, en el distrito de Pujehun, en el sur de Sierra Leona. Ahora, la compañía quiere adquirir otras 5.000 he. más en la misma zona. La inversión realizada por esta compañía cuenta con la oposición de la comunidad local. En octubre de 2011, cuarenta personas fueron detenidas en el curso de una protesta pacífica. Esto lo conocemos, principalmente, gracias a la denuncia lanzada por el Oakland Institute en un informe publicado el pasado mes de abril, tras una minuciosa investigación. Las quejas de los agricultores sierraleoneses son las mismas que se escuchan a miles de campesinos en muchas partes del mundo contra la omnipotencia de multinacionales y gobiernos.

Limpiando la selva para plantar palmas de aceite en el Chiefdom de Malen. Foto Alert Net

Socfin Sl es una compañía subsidiaria de la belga Socfin, cuyo principal accionista es Vicent Bolloré, un empresario francés propietario del grupo Bolloré e intimo amigo del ex presidente francés Nicolas Sarkozy (a disposición del cual ponía su avión privado y su yate; parece ser que a cambio de favores en el mundo de los negocios). El acuerdo firmado en Sierra Leona prometía crear puestos de trabajo en la zona, además de la construcción de infraestructura y una compensación justa por las tierras.

Los campesinos del Chiefdom de Malen presentaron al Consejo del Distrito de Pujehun (la máxima autoridad elegida democráticamente de la zona) una lista de agravios, a la que no siguió ninguna acción. Entre ellos se denunciaba que el acuerdo carecía de transparencia, que los ciudadanos no habían sido consultados ni informados de su forzado desplazamiento y ulterior recolocación que conllevaba la operación, la escasa compensación recibida, la corrupción, la presión ejercida sobre los dueños de las tierras y los jefes de las aldeas para que firmaran los contratos que se les presentaban y las duras condiciones de trabajo a las que son obligados los trabajadores de la plantación. También se quejan de la represión a la que se ven sometidos aquellos que se quejan del proyecto, incluyendo el arresto.

Foto Oakland Institute.

El Oakland Institute señala que en este caso, como en tantos otros, no se ha seguido el principio de Consentimiento Libre, Previo y con Información (FPIC en sus siglas en inglés) de los dueños de la tierra. EL FPIC es un principio, internacionalmente reconocido, que debe aplicarse en este tipo de inversiones y que está recogido en las leyes y reglamentos de Sierra Leona.

Socfin ha difundido un comunicado en el que niega todas estas alegaciones, al igual que dice que está implementando los principios y criterios de la Mesa redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO en inglés), los cuales incluyen la transparencia, el cumplimiento de las leyes y reglamentos en vigor, trato adecuado a los empleados, individuos y comunidades, responsabilidad medioambiental y conservación de los recursos naturales y la biodiversidad de la zona. Como siempre, hay razones a favor de una y otra de las partes y personas que defienden la actuación de la compañía, como el Paramount Chief (rey) de Malen y el parlamentario de la zona, que posiblemente son los que más beneficios han sacado del acuerdo.

Viveros  de Socfin en el Chiefdom de Malen. Foto Sierra Express Media.

Parece que la práctica y las políticas implementadas por Socfin en muchos otros países darían la razón a los agricultores. Oakland Institute ha descubierto que esta empresa acumula miles de quejas de campesinos de diversos países en los que tiene negocios, principalmente en plantaciones de aceite de palma. Este grupo opera a través de un entramado de empresas subsidiarias registradas en diversos países de Asia, África, en Europa (Bélgica) y en diferentes paraísos fiscales. Así se llama SOCAPALM en Camerún, LAC en Liberia o Socfin KCD en Camboya.

Por su parte, el grupo Bolloré está presente en 43 países africanos donde controla plantaciones, industrias y servicios, incluyendo navieras, infraestructuras, producción de aceite y, además, posee 13 puertos.

En octubre de 2011, ante la situación de injusticia a la que se creen sometidos, los campesinos del Chiefdom de Malen decidieron lanzar una campaña de protesta y bloquearon las tierras de Socfin. Cuarenta manifestantes, provenientes de las aldeas de Sahn y Semabu fueron arrestados y encarcelados, según denuncia el informe del Oakland Institute.

Eddy Kamara junto a otros agricultores de la aldea de Sahn.Foto de Oakland Institute

Eddy Kamara, residente en la aldea de Sahn, contó a los investigadores del Oakland Institute: “El supervisor de la policía señaló a la gente y entonces nos detuvieron y nos llevaron a Pujehun (la capital del distrito). Una vez en la celda, nos dijeron que nos íbamos a pudrir en prisión”. Después de tres días, 25 de los arrestados fueron puestos en libertad, los otros 15 están acusados de “conducta delictiva, conspiración y uso de amenazas”.

El informe del Oakland Institute hace mucho hincapié en que los campesinos y los dueños de la tierra del Chiefdom de Malen no están contra la inversión en sí. Ellos protestan por la forma en que se ha negociado: de espalda a la comunidad y a sus intereses, lo cual ha resultado en la pérdida de los medios de vida y de los recursos naturales de las comunidades afectadas, además de los bajos salarios y las duras condiciones laborales de los empleados en la plantación.

También pone de manifiesto la gran desigualdad que se percibe en esta lucha: un pequeño grupo de campesinos y dueños de la tierra contra el gobierno de Sierra Leona y sus fuerzas de policía que protegen los intereses de una compañía que es parte de un grupo multinacional gigante.

Sería necesario que los gobiernos occidentales y las organizaciones internacionales exigiesen a sus empresas y a los gobiernos africanos que cumplan estrictamente con los principios básicos, resumidos en el FPIC, como garantía y salvaguardia de los derechos de los campesinos y de las comunidades locales.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. En los últimos años, propiciado por la crisis, la tierra se ha convertido en uno de los pocos valores seguros en los que se puede invertir. Por eso, los fondos de inversión han irrumpido en el mercado de alimentos o de los agrocombustibles. Al igual que en el Chiefdom de Malen, por toda África, estados y multinacionales –con el auxilio de los gobiernos locales- se apoderan de inmensas superficies de tierra, de donde expulsan, con la ayuda de la fuerza, a sus habitantes y legítimos propietarios, para establecer grandes plantaciones que tienen como destinatarios a los consumidores occidentales.

Desde hace semanas, Veterinarios sin Fronteras (VSF) está denunciando este tipo de situaciones a través de la campaña Paren, aquí vive gente, a la que dedicaremos la próxima entrada.

CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DESIGUALDAD

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

Todos los informes señalan que siete de las diez economías mundiales que más están creciendo se encuentran en África subsahariana. El 70% de la población africana vive en países que presentan tasas de crecimiento superiores al 4% anual. Sin embargo, las desigualdades que se generan en ellos, especialmente en los campos de la sanidad, la educación y la participación en la sociedad, y la marginación de gran parte de la población están impidiendo el progreso social y económico de millones de africanos.  Esto es lo que pone de relieve el informe del African Progress Panel (APP), titulado Jobs, Justice and Equity. Sezing opportunities in times of global change, que fue presentado el pasado viernes, 11 de mayo, en Addis Abeba.

Durante la rueda de prensa en la que se dio a conocer el estudio, el anterior Secretario General de la ONU, Kofi Annan, afirmó que se quiere transmitir un mensaje positivo. También dijo que África se está convirtiendo en uno de los destinos favoritos para invertir, en un centro de crecimiento global y en un lugar para la innovación y la creatividad. Al mismo tiempo, puso de manifiesto que todavía queda mucho por hacer y que los gobiernos africanos tienen la obligación de volver sus miradas, de forma urgente, hacia todos aquellos que no se están beneficiando de este crecimiento y se están quedando atrás.

No cabe duda de que hay muchas razones para hablar de África en positivo. En las últimas décadas el continente ha hecho grandes avances en el campo de la reducción de la pobreza, de la mortalidad infantil, de la lucha contra enfermedades como el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria, del crecimiento económico… Pero, sin embargo, la vida de la mayoría de los hombres y mujeres que lo habitan ha cambiado muy poco y estos y estas no se han beneficiado de los avances. Por eso, no es de extrañar que a pesar del fuerte crecimiento económico del continente, este esté todavía lejos de conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

El informe del APP pone de relieve que después de una década de fuerte crecimiento las desigualdades económicas en África son cada vez más visibles y casi la mitad de sus ciudadanos y ciudadanas todavía viven con menos de 1,25 dólares al día. A pesar de tanta riqueza creada, muchas personas siguen en la pobreza, muchos niños y niñas se acuestan hambrientos cada día y muchos jóvenes no encuentran trabajo.

También señala que los pequeños agricultores, en su mayoría mujeres, que siguen representando la espina dorsal de la economía africana y son responsables de la alimentación de la inmensa mayoría de las familias del continente, no se benefician de esta ola de riqueza. Por eso, las zonas rurales, principalmente, han quedado atrapadas en la pobreza y son vulnerables a las enfermedades, el hambre y la marginación.

El estudio del APP asegura claramente que los gobiernos del continente no están transformando la nueva riqueza en oportunidades para todos sus ciudadanos, especialmente para los más marginados. La desigualdad en el acceso a la salud, la educación, el agua y el saneamiento está incrementando las diferencias sociales.

El African Progress Panel está formado por diez personalidades, bajo el liderazgo de Kofi Annan, que en el informe de este año han decidido centrarse en las desigualdades e injusticias que se dan en África porque son realidades a las que se enfrentan todos los días los habitantes del continente y que están haciendo que el crecimiento económico se torne socialmente insostenible. En el siguiente video se presentan a los miembros del APP durante el lanzamiento del informe.

El informe apunta al deseo de un crecimiento equitativo, el cual es necesario, principalmente, por el fuerte cambio demográfico que está sufriendo el continente. En las próximas tres décadas, África doblará su población y continuará creciendo en la segunda mitad del siglo XXI. Así lo recoge el siguiente vídeo.

Afirma el estudio que los políticos africanos deberían centrarse en la creación de puestos de trabajo, en la justicia y en la igualdad, para asegurar un crecimiento sostenible y equitativo que beneficie a todos los africanos y africanas. Si este objetivo fracasase se llegaría a lo que los autores del informe llaman un “desastre demográfico” que se caracterizaría por altos niveles de desempleo juvenil que conducirían al desarraigo social y que generaría mucha hambre en el continente.

El informe identifica varias áreas que necesitan especial atención:

  • Desempleo juvenil: la población juvenil africana (15-24 años) pasará de 133 millones al inicio del presente siglo a 246 millones en el 2020, lo cual significa que deberían crearse, al menos, otros 74 millones de puestos de trabajo, solo para evitar que el paro juvenil crezca. El  informe apuesta por la formación profesional y creación de trabajo en las zonas rurales, que no tiene por qué estar relacionado con la agricultura.
  • Pequeños agricultores: el estudio apunta a la necesidad de unir esfuerzos para aumentar la productividad de las pequeñas explotaciones agrícolas. Al mismo tiempo acusa a la usurpación de tierras por parte de multinacionales e inversores como uno de los mayores problemas de cara a la seguridad alimentaria y urge a los gobiernos a tomar medidas serias en este campo.
  • Educación: el informe señala que en el continente existen 30 millones de niños y niñas sin escolarizar. También indica que muchos de los que van al colegio no adquieren un nivel mínimo de educación debido a las carencias de los sistemas educativos y a la falta de materiales escolares. Esto es un impedimento a la hora de producir individuos preparados para competir en una sociedad global basada en el conocimiento. Por eso se pide a los gobiernos que pongan más esfuerzos en la educación.
  • Economía mundial y Ayuda al Desarrollo: el informe señala que África prácticamente no tiene voz en materias como comercio y finanzas internacionales o Ayuda al Desarrollo, cuestiones que tienen una gran importancia para sus ciudadanos. Son asuntos que le vienen dictados desde el exterior. Reconoce el estudio que la Ayuda al Desarrollo todavía es vital para la mayoría de los países africanos y pide a los países donantes que cumplan con sus obligaciones pero que lo hagan de forma transparente y que rindan cuentas de ella.

El informe apunta dos posibles vías para solucionar estos problemas:

  • Los gobiernos tienen que movilizar fondos generados por el crecimiento económico e invertirlos en servicios básicos e infraestructuras domésticas que ofrezcan a la población mayores oportunidades.
  • Los gobiernos tienen que favorecer una atmósfera que fomente la creación de puestos de trabajo y ofrecer medios de vida más seguros para que los pobres también sean parte del crecimiento económico y encuentren así el camino que les ayude a salir de la pobreza.

Un buen análisis del informe lo encontramos en el artículo de Mark Tran para The Guardian o en el de Sue Valentine en All Africa.

Todas las fotos: Africa Progress Panel.

CHARLES TAYLOR DECLARADO CULPABLE, ¿Y AHORA QUÉ?

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

Esta mañana, el Tribunal Especial para Sierra Leona ha declarado a Charles Taylor, antiguo señor de la guerra y ex presidente de Liberia, culpable de crimenes de guerra. Es la primera vez, desde los juicios de Núremberg, que un jefe de estado es condenado por un tribunal internacional. Un hito histórico para la justicia penal que refuerza la opinión de que no hay lugar a amnistías para los criminales a pesar del tiempo transcurrido o la edad de los acausados. Esto es un claro mensaje para los dictadores y los señores de la guerra que deberían ser conscientes de que a partir de ahora no les será fácil cometer, impunemente, los crímenes a los que están habituados. Sin embargo, esta decisión judicial no deja de ser una victoria agridulce para las víctimas de los conflictos de Liberia y Sierra Leona.

Charles Taylor en La Haya. Foto Jerry Lampen/AFP/Getty Images vía The Guardian.

Muchos años y mucho dinero ha costado llegar a esta decisión. Yo creo que la espera ha valido la pena, aunque no podemos detenernos aquí. Hay que seguir trabajando para que la justicia internacional llegue a todos.

El fallo demuestra que Charles Taylor ayudó y aconsejó a los rebledes sierraleoneses a pesar de conocer los atrocidades que estos estaban y que también les proporcionó armas, comunicaciones y alojamiento y apoyo en Monrovia. El presidente del tribunal, Richard Lussick, también ha dicho que mientras en público Taylor apoyaba el proceso de paz en Sierra Leona, por detrás apoyaba y armaba a los rebeldes.

El 30 de mayo se conocerá la sentencia y, entonces, nos enteraremos de los detalles de la condena. Todo indica que Charles Taylor será trasladado a Reino Unido, país que se ha ofrecido para custodiarlo en prisión. El resto de los condenados por este Tribunal cumplen condena en suelo africano. Por eso, a mí, que me gusta cuestionar todo, me sorprende este hecho y me pregunto si Londres no querrá tener al ex señor de la guerra a seguro para que no hable demasiado y se descubran los trapos sucios de las guerras de Liberia y Sierra Leona. No cabe duda de que se trata de un tema que en este momento nos supera.

Durante décadas, Karl Dönitz, que asumió la presidencia alemana tras el suicidio de Hitler, era el único jefe de estado condenado por un tribunal internacional. Ahora ya son dos.

En 1990, Charles Taylor, en una entrevista de la BBC, declaró que “Sierra Leona experimentará la amargura de la guerra y un año después, el Frente Unido Revolucionario (RUF), liderado por Foday Sankoh, inició un conflicto que se prolongó durante 11 años. Ahora, queda demostrado que Taylor apoyó, financió y se benefició de la guerra de Sierra Leona y de las actividades del grupo rebelde, al que proporcioné armas a cambio de diamantes que utilizó para su enriquecimiento personal. El RUF es responsable de miles de muertes, amputaciones de manos y piernas, violaciones y abusos sexuales, secuestro de niños y niñas para ser utilizados como soldados y esclavas sexuales, destrucción de infraestructuras… Todo ello con el único objetivo de controlar las minas de diamantes del país.

Ya hablamos en su momento de la relación de Taylor con la CIA y con Gadafi y de las muchas preguntas que deja sin resolver este juicio con respecto a los apoyos e intereses en juego detrás del ex presidente liberiano y de las guerras en Liberia y Sierra Leona, en la entrada titulada Una de espías. También abordamos el tema de cómo la justicia internacional parece estar cebándose con el continente africano, mientras que no muestra la misma resolución a la hora de enjuiciar a líderes occidentales, al comentar la sentencia, en este caso del Tribunal Penal Internacional, de Thomas Lubanga.

Con el fallo de hoy, prácticamente, termina al trabajo del Tribuna Especial para Sierra leona, el cual se salda, además de esta resolución, con la condena de otros ocho señores de la guerra* que están cumpliendo penas de entre 25 y 52 años en la cárcel de Mpanga, en Ruanda. De los otros imputados por el Tribunal, tres murieron: Foday Sankoh, Sam Bockarie (Moskita) y Hinga Norman. Otro, Johnny Paul Koroma, logró escapar y ha generado un sinfín de rumores sobre su suerte: algunos afirman que está muero y otros que sigue luchando en alguna de las guerras africanas y que un día regresará para vengar a sus compañeros.

El que se hayan empleado tantos recursos y esfuerzos para llevar ante la justicia solo a 13 personas es una de las muchas críticas recibidas por este organismo. Pero su mandato era muy claro: juzgar solo a los máximos responsables. Desde un principio, los fiscales tuvieron que decidir hasta dónde llegar en la persucución de los criminales de guerra, una opción condicionada por los medios disponibles y que nunca ha estado exenta de críticas por parte de todos los sectores de la sociedad.

El proceso contra Taylor es el único que fue trasladado a La Haya, a la sede del Tribunal Penal Internacional, por razones de seguridad. Los otros se celebraron en las facilidades que el Tribunal Especial construyó en Sierra Leona.

Charles Taylor en sus años de señor de la guerra. Foto Getty Images vía BBC.

Recuerdo el primer día que entré en la sala del Tribunal, en La Haya, donde había sido llamado por los fiscales para dar testimonio como perito en menores soldados. Era enero de 2008. Seguía a la funcionaria que me guiaba a través de innumerables medidas de seguridad y de repente, sin estar preparado para ello, me encontré de frente con Charles Taylor. Estaba sentado detrás de sus abogados, al fondo de la sala, y llevaba unas gafas de cristales amarillos que no permitían verle los ojos con claridad. A pesar de ello, intenté mirarle fijamente, sosteniendo la mirada. Era la primera vez que tenía delante a esa persona, quizás el único de los grandes señores de la guerra sierraleonesa al que no me había enfrentado personalmente, hasta ese momento. Fueron unos segundos muy duros, miles de imágenes y de historias fluyeron en mi cabeza. Quería saber quién era ese hombre que había causado tanta muerte y sufrimiento.

La actitud de desprecio e indiferencia del ex señor de la guerra ante todo lo que pasaba a su alrededor me reforzó en el convencimiento de que era necesario que contase al Tribunal todo lo que sabía. A Taylor, que estaba sentado a mi izquierda, solo podía mirarlo directamente las veces que yo que salía o entraba en la sala. Por eso, no pude apreciar si mi testimonio produjo algún efecto en él. Solo dos veces, al inicio de la declaración, me interrumpieron unos ruidos provenientes de su parte; parece que intentó levantarse y abandonar la habitación, pero los guardias de seguridad se lo impidieron y le obligaron a permanecer sentado.

En Liberia, las últimas semanas, mientras se esperaba la sentencia, se creó un gran debate sobre el juicio. Hay varias cosas que parecen preocupar especialmente a los liberianos en este asunto: que Charles Taylor sea juzgado por los crímenes cometidos en Sierra Leona y no por los muchos de los que es responsable en su propio país, que los señores de la guerra liberiana solo hayan sido reprobados por sus acciones por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que nunca hayan sido llevados ante la justicia  y  que en la actualidad  muchos de ellos ocupen cargos públicos, incluso en el Parlamento nacional. Tal es el caso de la ex mujer de Taylor, la que fuera primera dama del país durante años, Jewel Taylor, que hoy es senadora y en febrero pasado presentó en la Cámara una propuesta para penalizar la homosexualidad. La señora Taylor sigue defendiendo la inocencia de su ex marido.

Ella y los hijos del ex presidente han estado presentes en la lectura del veredicto invitados por el Tribunal Especial. Solo ha faltado el hijo mayor, conocido como Chucky Taylor que cumple sentencia en Florida, Estados Unidos, por crímenes cometidos durante la guerra.

Menores soldados durante la guerra de Sierra Leona. Foto AP vía BBC

En cambio, en Sierra Leona el acontecimiento no parece haber despertado tantas pasiones. Mañana, 27 de abril, es el aniversario de la independencia, 51 años. Es fiesta nacional y los ciudadanos están pensando más en ir a la playa u organizar bailes que en la transcendencia de esta sentencia. Solo en Freetown ha habido algo más de movimiento. Allí, el Tribunal Especial ha preparado un gran acto en el que ha reunido, en sus premisas, a más de 800 invitados para presenciar en directo la lectura del fallo en una pantalla gigante. Entre los asistentes estaban representantes de los Paramount Chief (reyes tribales), políticos, victimas y miembros de la sociedad civil. También, las distintas radios del país han retrasmitido en directo el acontecimiento.

Charles Taylor es un personaje que, quizás, ninguna de las víctimas del conflicto sierraleonés identifica con su suerte. Igualmente sucede con el resto de los líderes que puedan estar en prisión. A ellas les preocupa más los cientos de jefes y jefecillos rebeldes con los que tuvieron que verse todos los días, de los que directamente recibieron todo tipo de abusos y vejaciones y que nunca han sido llevados ante la justicia. Y es más, la mayoría de ellos se han beneficiado de los programas de reinserción de ex combatientes, mientras que las víctimas no han recibido ningún tipo de compensaciones.

En mi libro Los hombres leopardo se están extinguiendo (PPC), cuento como al volver de La Haya me enteré de que mi testimonio había sido emitido por la radio traducido al krio. Mucha gente lo había escuchado, también Mammy Fatu, a la que me encontré una mañana cuando ella iba camino del mercado con un enorme cesto de bonga, pescado seco, sobre la cabeza. Me llamó y nos saludamos:

-Gracias por lo que has hecho -me dijo con mucha emoción.
-¿Qué he hecho? – contesté un poco sorprendido.
-Te he escuchado hablar en la radio. Todos me dicen que fuiste muy lejos para hacer ese discurso. Te doy las gracias por contar lo que ha pasado en este país. No es bueno que se olvide, todo el mundo debería conocerlo para que no se repita otra vez. Por eso te doy las gracias, por todas las molestias que te tomas en hablar de mi país a tus amigos los blancos.

Le di las gracias a Mammy Fatu por sus palabras, pero ella continuó hablando:

-Yo nunca conocí a Charles Taylor, ni a Foday Sankoh, ni a Moskita, ni a ninguno de esos grandes líderes de los rebeldes y que dicen que ahora están en la cárcel. Sin embargo, conozco muy bien al Coronel Sidi. Él fue quien le dio un arma a mi hijo y le obligó a ser un soldado. Fue también el Coronel Sidi quien se llevó a mi hijo a luchar a Guinea y cuando lo mataron y trajeron el cuerpo para enterrarlo, me dijo que si lloraba me mataba, porque eso significaba que era una traidora, que no creía que mi hijo fuera un héroe que había muerto defendiendo una causa justa.

Tras una pequeña pausa, Mammy Fatu continuó:

-Ya nadie me devolverá a mi hijo. Yo no quiero que le pase nada malo a Pa Sidi, yo no quiero que lo metan en la cárcel, no quiero que lo maten como le sucedió a mi hijo. Estoy contenta de que ahora tenga un trabajo y haga bien y se gane la vida honradamente. Yo sólo quiero que me dejen llorar a mi hijo muerto.

Mammy Fatu se encuentra todos los días con Pa Sidi en la aldea de Madina, donde los dos viven. Se saludan, se miran y siguen caminando. Ella me hizo caer en la cuenta que las víctimas de los conflictos raramente reciben justicia.

Víctimas del RUF durante la guerra sierraleonesa. Foto AP vía BBC.

No cabe duda de que la resolución del Tribunal Especial para Sierra Leona es un hito histórico, que ha hecho justicia, que supone un gran avance en la lucha contra la impunidad de los criminales de guerra y violadores de derechos humanos, que lanza un claro mensaje a todos los dictadores y señores de la guerra…

Pero también deja en el aire cuestiones como por qué estos tribunales internacionales, incluido el Tribunal Penal Internacional, nunca llegan hasta los verdaderos responsables de los conflictos, no juzgan a los que financian y favorecen las guerras desde las capitales occidentales, no se cuestionan el comercio legal e ilegal de armas, ni el expolio de las materias primas que está detrás de estas acciones…

Sobre todo, queda por resolver el problema de hacer justicia a las víctimas civiles de los conflictos y reparar su dolor. Por eso, no podemos recrearnos en la pequeña-gran victoria que supone este fallo. Hay que seguir trabajando para que la Justicia Internacional sea verdaderamente ciega y llegue a todos, que no solo se cebe en los más débiles, que tenga el valor y los medios para investigar todos los aspectos de los crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos y para que de una vez por todas sirva para satisfacer y reparar a las víctimas.

*Se trata de: Alex Brima (AFRC), Moris Kallon (RUF), Brima Kamara (AFRC), Issa Sesay (AFRC), Agustine Gbao (RUF), Moinina Fofana (CDF), Allieu Kondewa (CDF) y Santigie Kanu (AFRC).

Debate sobre la educación (I)

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

La diferencia entre que un niño muera o viva puede depender, en muchas ocasiones, de que su madre sepa leer o no”, me decía Mammy Amara, una enfermera sierraleonesa. “Cuando las mujeres vienen a la clínica les explicamos cómo hacer suero para rehidratar a sus hijos en caso de diarrea, luego les damos un papel con las explicaciones. En el momento de preparar el medicamento, las que saben leer van a poder hacer la mezcla exacta de azúcar, sal y agua, que hará posible que el bebe no muera”. Educar a las niñas es clave para que África salga de dónde está. Lo dijo Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que tenemos para cambiar el mundo”.

Todas las fotos ONG DYES

Hoy día, serán muy pocos los que duden de que la educación de las niñas y las mujeres no es solo una cuestión de respeto a los derechos humanos de la mitad de la población mundial, sino también un fuerte potencial para lograr el desarrollo económico y mejorar el acceso a la salud, a la nutrición y a la participación ciudadana.

Sin embargo, si hojeamos el World Atlas of Gender Equality in Education (Atlas mundial de igualdad de género en la educación), presentado por la UNESCO el pasado 8 de marzo, nos daremos cuenta de que la realidad que se vive en la mayoría de los países del África subsahariana es muy distinta.

No hay duda de que en las últimas dos décadas ha crecido considerablemente el número de niñas que asisten a la escuela. Ellas son las principales beneficiarias de los tremendos esfuerzos que se están haciendo para conseguir la escolarización primaria universal, sobre todo desde que en 1990 la UNESCO lanzara su programa de Educación para todos. Muchos países han logrado la paridad de género a nivel de educación primaria, pero el acceso a la educación secundaria todavía es un reto para muchas chicas del África subsahariana.

Todas las fotos ONG DYES

Mi experiencia, supervisando cincuenta escuelas primarias en la selva de Tonko Limba, en el norte de Sierra Leona, es que después de mucho trabajo con las familias y la población en general conseguimos que las niñas fueran escolarizadas en la misma medida que los niños. En el primer curso de primaria, los dos géneros están siempre muy equilibrados, pero, poco a poco, las niñas empiezan a desaparecer. En sexto, el último curso de primaria, de los 100 alumnos que empezaron en primero, solo quedarán unos 10, de los cuales 8 serán niños y 2 niñas. De esas 2, como mucho 1 pasará a la escuela secundaria y es muy probable que nunca la termine.

La pobreza, la falta de interés de las familias, el que se opte por educar a los varones antes que a las hembras, los trabajos domésticos de los que son responsables tras la escuela y que muchas veces les impiden estudiar y hacer los deberes, los embarazos no deseados, los matrimonios forzados, los abusos de los maestros (el abuso sexual por parte de maestros a sus alumnas es algo muy común a pesar de estar perseguido por la ley), las faltas de condiciones higiénicas que hace que los días que tienen periodo decidan quedarse en casa…, son todos elementos que influyen en la desaparición de las niñas de las escuelas.

A pesar de ello, cuando se visita cualquier ciudad o aldea africana da la impresión de que todos los niños, niñas y jóvenes están escolarizados. La multitud de uniformes que invaden las calles a primera hora de la mañana así lo haría creer. Se trata de una marea multicolor que se expande por todas partes. Sin embargo, en África subsahariana todavía hay 31 millones de niños y niñas que están sin escolarizar.

Todas las fotos ONG DYES

Esto no se puede atribuir a que la falta de esfuerzos por parte de la mayoría de los gobiernos africanos. En la última década el gasto público en educación en África ha crecido más de un 6% de media anual. Así lo indica otro informe de la UNESCO, titulado Financing Education in sub-Saharan Africa. Meeting the Challenges of Expansion, Equity and Quality, publicado en abril de 2011.

El aumento en inversión ha sido la causa de algunos buenos resultados. El informe dice que entre 2000 y 2008, el número de niños y niñas en escuelas primarias aumentó en un 48% -de 87 millones se pasó a 129. Igualmente, los alumnos en educación infantil, secundaria y terciaria crecieron algo más del 60% durante el mismo periodo.

Pero como se ve, todavía queda mucho camino por recorrer antes de conseguir la plena escolarización en el continente. En África las cifras imponen respeto: el 47% de la población es menor de 15 años y las estimaciones dicen que el segmento de 5 a 14 años crecerá más de un 34% en los próximos 20 años. Esto puede traducirse en 77 millones de nuevos estudiantes.

Este crecimiento de la población, junto con la crisis económica, va a forzar a muchos gobiernos a tomar decisiones muy drásticas. También habrá que estar pendiente de si el previsible descenso de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de los países tradicionalmente donantes, influye, de alguna manera, en las políticas educativas del continente. La AOD para educación en África subsahariana es de unos 2.6 billones de dólares anuales, lo que indica que gran parte de los presupuestos educativos de estos países depende de ella, y en algunos casos, como en Guinea, Malí, Ruanda o Zambia, supone más del 50%.

Todas las fotos ONG DYES

Como no parece haber perspectivas de que los recursos domésticos y los provenientes de los donantes aumenten en los próximos años, los gobiernos africanos tendrán que tomar decisiones muy difíciles: ¿A dónde deben destinarse más fondos a las escuelas primarias o a las secundarias? ¿Qué es más importante el acceso universal a la educación o la calidad de la educación?

El informe de la UNESCO señala que en la actualidad la mayoría de los países subsaharianos gastan 10 veces más en un estudiante universitario que en un alumno de primaria. También dice que 8 de cada 10 dólares que se gastan en un universitario provienen de los fondos del propio gobierno, no de los donantes. La pregunta es si un país que no puede ofrecer educación primaria a todos los niños y niñas debe cubrir el 80% del coste de los alumnos universitarios, que, normalmente, provienen de las familias ricas o cercanas al gobierno. Quizás la clave esté en priorizar la educación primaria, destinando más recursos y medios a este fin. Aunque también existen los que defienden lo contrario, es decir, invertir más en la educación universitaria.

Como se ve, este es un tema abierto a todo tipo de opiniones, por eso seguiremos profundizando en él en próximas entradas.

EL FUEGO DE LOS ORÍGENES

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

¿Qué es la tradición africana? ¿Existe una cultura tradicional africana? ¿Qué es lo tradicional en Congo-Brazzaville, tu país, por ejemplo, para ser más concretos? Le pregunto al profesor Emmanuel Dongala. Él me mira, medita, baja los ojos hacia la revista de Mundo Negro que tiene entre las manos, me vuelve a mirar y me dice: No lo sé, todo está mezclado, ya no hay nada puro. Las culturas y las personas están siempre en movimiento y cambian, no sería capaz de decirte qué es lo tradicional de África o de mi país o de mi gente.

La pregunta me surgía de la lectura de su libro El fuego de los orígenes, en el que Dongala cuestiona, continuamente, el mundo tradicional africano y desmonta muchos mitos para, después de bastantes páginas, preguntarnos si podemos vivir sin nuestras raíces, sin saber de dónde venimos, aunque no sepamos a dónde vamos.

Mandala Mankunku (el que derriba a los poderosos), el protagonista que descubre la inutilidad de los antepasados, los regentes de la tradición, que pasa toda la novela debatiéndose sobre si someterse a la tradición o pasar de ella, cuando se encuentra viejo y cansado regresa a su lugar de nacimiento y no puede hacerse a la idea de que los antepasados estuvieran “enterrados y bien enterrados, y que ya no eran los regentes de ese nuevo mundo tecnocrático”.

Conversamos en un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, antes de que comience la conferencia, organizada por Casa África, que ha venido a impartir. Siempre me gusta volver a mi Universidad y ver que, después de 28 años, las buenas tradiciones continúan: el césped estaba lleno de gente tomando el sol, bebiendo cerveza Mahou, jugando a las cartas, besándose o simplemente charlando. Los pasillos de la facultad casi vacios y en la conferencia muy pocos alumnos (imagino que no daban créditos por asistir a ella).

Emmanuel Dongala en la UAM. Foto Chema Caballero.

¿Cómo definirías al África de hoy, del siglo XXI? Contradictoria, me responde. Por un lado vemos que muchas cosas se están moviendo en la dirección correcta, que están cambiando para bien, pero otras parecen que retroceden, que van a peor. África siempre está enredada en este dilema, se balancea hacia adelante y hacia atrás. Mira lo que acaba de pasar en Malí, un país que era ejemplo de democracia y los militares han dado un golpe de estado. Por otro lado, fíjate en Senegal, las elecciones han provocado un cambio pacífico de presidente. Senegal marca el camino a seguir, pero al mismo tiempo tenemos que convivir con situaciones como la de Malí.

¿Está África preparada para la democracia? Le pregunto. Por supuesto que África está preparada para la democracia, me responde. Pero esta no es cuestión de magia sino que se necesita trabajar todos los días para construirla. Por unos momentos queda en silencio, mira como distraído y luego prosigue: África no está fuera del mundo, tiene los mismos problemas, las mismas soluciones, las mismas reglas sociales que el resto del mundo.

Sin embargo, parece que los africanos no saben resolver ninguna diferencia sin echar mano de la violencia, le provoco. No, no es verdad, eso es lo que se cuenta aquí, pero no se recurre a la violencia más de lo que se hace en Europa o en América.

El fuego de los orígenes plantea estas y muchas otras cuestiones, que, en definitiva, son las mismas que han acompañado al ser humano desde su aparición sobre la tierra: ¿es el progreso una huida hacia adelante?, ¿puede el ser humano sobrevivir a la angustia de la nada?, ¿es justa una sociedad que no acepta las diferencias?, ¿es el amor más fuerte que las leyes?, ¿quién o qué nos otorga el título de humanos?… De ahí el título de la novela. Aunque es algo que no se puede explicar, que hay que leer para entender.

Estación de autobuses de Brazzaville. Foto virtualturist

Una historia que recorre la colonización y la independencia de África para afirmar que el presente está en manos de los jóvenes que no tienen miedo y para los que “nada les era ya imposible”.

Emmanuel Dongala cree firmemente que los jóvenes de las ciudades serán los que consigan cambiar África. Ellos están educados, tienen acceso a las nuevas tecnologías, ven en televisión los mismos partidos y escuchan la misma música que cualquier joven de Europa. Ellos tienen la información y al mismo tiempo viven la frustración: no tienen luz, no tienen agua corriente, no pueden seguir estudiando, no encuentran trabajo… Son los jóvenes urbanos, no los de las zonas rurales, los que están expuestos a todas las novedades, los que viven en un mundo que está continuamente cambiando. Es una raza nueva, muchos de ellos ni siquiera hablan la lengua de su gente. Por ejemplo, en Brazzaville la mayoría solo habla lingala, una lengua que no pertenece a ningún grupo étnico, y no quieren saber lo que pasa en las aldeas del interior o conocer las tradiciones que los ancianos se empeñan en mantener.  Este es un cóctel que va a estallar en cualquier momento. Espero que sea de forma positiva, porque hay mucha frustración. Serán ellos los que cambien a África para mejor, insiste.

Este escritor y doctor en físicas es famoso por la respuesta que da cuando se le pregunta que por qué escribe. Él responde siempre con la misma pregunta ¿por qué la gente hace el amor?

Yo oí hablar de él por primera vez en la selva del Tonko Limba, en Sierra Leona, cuando una tarde calurosa  apareció un coche envuelto en el polvo rojo del camino y de él se bajo un francés que decía llamarse Jean-Stéphane Sauvaire. Había llegado hasta allí para pedirme que leyera el guión que había escrito para su próxima película: Johnny Mad Dog. Me dijo que como iba sobre menores soldados quería saber si la historia era creíble. Tambié me comentó que se había inspirado en la novela del mismo nombre escrita por Emmanuel Dongala. En mi siguiente viaje a Europa busqué una copia y en el aeropuerto de Bruselas pude comprar una en inglés. Fue todo un descubrimiento para mí, un autor lleno de pasión que sabe desgranar el día a día de África como muy pocos pueden hacerlo. Evidentemente, me quedo con el libro.

Él no parece estar del todo contento con la película, pero tampoco le disgusta. Lo que menos le gustó fue que eliminaran la historia de amor entre el protagonista y la chica, eso le daba un aspecto más humano a Johnny, me dice.

Es tiempo de terminar la charla, la conferencia va a comenzar, así que hago mi última pregunta: ¿Hacia dónde camina África? Emmanuel Dongala sonríe y me dice que debemos ser optimistas a pesar de que el panorama no esté claro. Hay signos que nos ayudan a pensar que las cosas irán a mejor, algunos países están haciendo bien, la economía está mejorando, son los jóvenes los que están haciendo posible todo esto, por lo tanto no podemos más que ser optimistas.

Antes de despedirnos le pido que me firme mi ejemplar de El fuego de los orígenes y escribe, en castellano: “Por mi amigo CHEMA, el libro de nos orígenes”.

Os dejo con un vídeo que recoge una lectura suya de algunos pasajes de su libro Little boys come from the stars, en inglés, vale la pena escucharlo hasta el final.

Emmanuel Dongala, El fuego de los orígenes. Barcelona, El Cobre Ediciones, 2009.

UN CONTINENTE INFELIZ

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

“Se ve que son muy pobres, pero la sonrisa de los niños nos muestra los felices que son aquí, ya quisiéramos nosotros ser tan felices como ellos”. ¿Quién, viviendo en África o enseñando las fotos de sus aventuras, no ha tenido que oír esta afirmación u otras similares? El tópico de la felicidad de los negritos -son felices con lo poco que tienen- parece no ser verdad. Todo indica que, también en esto, nos tenían muy engañados. O al menos, así lo ponen de relieve unos expertos que han demostrado que los países menos felices del mundo están en África subsahariana.

Niñas sonriendo. Foto Dominio público

Un informe titulado World Happines Report, publicado hace pocos días, asegura que 8 de los 10 países más infelices del mundo son africanos: Togo, Benín, República Centroafricana, Sierra Leona, Burundi, Islas Comoras, Tanzania y Congo Brazzaville.

El estudio se hizo público en la sede de Naciones Unidas con motivo de la celebración, el pasado 2 de abril, del encuentro sobre Wellbeing y Happiness: Defining A New Economic Paradigm. La reunión responde a una Resolución de la Asamblea General de la ONU adoptada en julio de 2011. Esta fue aprobada bajo la iniciativa del reino de Bután y tiene como objetivo animar a los distintos gobiernos a promover la felicidad de sus ciudadanos.

La clave de todo esto parece pivotar sobre la afirmación de que la felicidad no tiene que depender de la economía y por eso se buscan fórmulas para medir este estado de ánimo más allá de los baremos monetarios.

Niño jugando con una cometa. Foto Vicente Baos

El estudio asegura que los países más felices del mundo son los nórdicos: Dinamarca, Noruega, Finlandia y Holanda y que los más infelices, como hemos visto, están en África subsahariana. Para, a continuación, decir que la riqueza no tiene nada que ver con la felicidad.

El informe ha sido editado por tres prestigiosos estudiosos: John Helliwell, de la Universidad de British Columbia, Richard Layard, cofundador de Action for Happiness, y el profesor de económicas Jeffrey Sach.

Niños bailando en la región de Turkana, Kenia. Foto Dai Kurokawa/EFE vía 20minutos.

Algunas de las conclusiones del informe son:

  • Que no solo la riqueza nos hace felices, también cuentan la libertad política, la existencia de una estructura social fuerte y la ausencia de corrupción, entre otros factores.
  • A nivel individual, el poseer una buena salud mental y física, tener un trabajo y ser parte de una familia estable son elementos esenciales.
  • El paro es una de las principales causas de infelicidad.
  • El crecimiento económico de un país no determina la felicidad de sus habitantes.
  • En los países desarrollados las mujeres tienden a ser más felices que los hombres, mientras que en los más pobres no está tan claro.
  • Las personas de mediana edad tienden a ser más infelices.

La falta de verdadera libertad política, la corrupción, la ausencia de servicios públicos de salud, la carencia de una red de salud mental, las altas tasas de paro (sobre todo juvenil que en algunos países llega al 80%), el gran índice de analfabetismo…, pueden ser factores que expliquen por qué los países más infelices del mundo se encuentran en África subsahariana.

Niños en la RDC. Foto The Forbiden Meat.

Sin embargo, de la lectura del texto surgen algunas dudas. Por ejemplo, si los países más felices son los más ricos y los más infelices los más pobres, entonces algo tendrá que ver la economía, la distribución de la riqueza…, en todo esto. Para que un país sea más feliz debe acercarse al pleno empleo o dar buenos servicios sociales a sus ciudadanos y eso depende mucho de la riqueza del estado, creo yo.

Otra cosa que no me cuadra de este estudio es que si la economía no tiene tanta influencia en la felicidad de las personas por qué la conferencia a la que el informe sirve de apoyo se basa en buscar un nuevo paradigma económico que será presentado en la Cumbre de Río+20 que, organizada por Naciones Unidas, se celebrará el próximo mes de junio para hablar sobre desarrollo sostenible. Así podríamos seguir, pero tampoco viene al caso.

Parece que de los distintos elementos señalados por los expertos, lo único que les quedaría a los africanos es la familia. Pero también hay mucho mito sobre este tema. La famosa familia amplia africana, que se alaba como modelo de solidaridad y apoyo, en bastantes ocasiones se convierte en una carga para el individuo que ha conseguido un trabajo y en uno de los principales elementos por el que muchas personas no pueden progresar económicamente en sus vidas.

Niñas en una escuela de Sudáfrica. Foto Microsoft.

Posiblemente, el aspecto positivo de este informe es que pone de manifiesto que los gobernantes deben prestar más atención a políticas que primen la felicidad de los ciudadanos junto con la reducción de la pobreza. También refuerza lo que desde hace algún tiempo algunos economistas y sociólogos vienen señalando: que el Producto Interior Bruto (PIB) de los países no refleja en su totalidad la situación económica y social de los ciudadanos y que por eso hay que buscar nuevos instrumentos de medición.

Se podría recurrir al de Felicidad Interior Bruta (FIB), aquel indicador propuesto por Jigme Singye Wangchuck, en 1972,  cuando era rey de Bután. Esto es algo que subyace constantemente en el informe.

Jóvenes moliendo cacahuetes. Foto Fundación Carolina

Sea como sea, la realidad es que de los 156 países de los que habla el estudio el más feliz del continente africano parece ser Islas Mauricio que aparecen en el puesto 64 de la lista. El siguiente, en el puesto 71, es Argelia. Son los dos únicos que están por encima de la mitad del elenco. Grandes países como Sudáfrica (96) y Nigeria (100) o los representantes del milagro económico africano Ghana (108) o Angola (135), están mucho más abajo. Y, para terminar con las estadísticas, de los 52 países más infelices del mundo, 34 son africanos.

Para los curiosos, España ocupa el puesto 22, por encima de Alemania, que está en el 30, a pesar de tener mucho menos paro y mejores servicios sociales que nosotros.

Aquí va la lista de los distintos países africanos estudiados (no están todos) y el lugar que ocupan, según el informe, para que cada uno saque sus propias conclusiones:

64 Islas Mauricio
71 Argelia
81 Libia
87 Túnez
90 Sudáfrica
95 Yibuti
97 Namibia
100 Nigeria
101 Egipto
105 Marruecos
108 Ghana
109 Zambia
110 Mozambique
111 Somaliland
113 Mauritania
114 Malaui
117 Botsuana
124 Sudán
125 Senegal
126 Camerún
128 Uganda
129 Madagascar
132 Ruanda
133 Costa de Marfil
134 Kenia
135 Angola
136 Guinea
137 Níger
139 Etiopía
140 Liberia
141 República Democrática del Congo
142 Zimbabue
143 Malí
144 Burkina Faso
145 Chad
148 Congo Brazzaville
149 Tanzania
151 Islas Comoras
152 Burundi
153 Sierra Leona
154 República Centroafricana
155 Benin
156 Togo


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