Los viernes son el día del mercado o lumah como se dice aquí. Madina se llena de gente, color, polvo y ruido. Desde el miércoles está llegando gente para el lumah. Los primeros camiones y poda-podes traen a la gente de Freetown: Los intermediarios que vienen a comprar las cosechas, o la fruta, o las vacas de los fulas. Hacen los negocios rápidamente, el primero que llega se lleva lo mejor y al mejor precio.
Junto con los intermediarios llegan los comerciantes de Madina que vuelven de comprar mercancías en Freetown, principalmente licores locales. Hay una factoría dirigida por indios, de la India, que fabrica todo tipo de licores. Yo creo que es alcohol puro al que se le añaden algunos sabores: g¼isqui, ron, ginebra,…. viene en garrafas de uno o cinco litros o en su confección más popular, unas bolsas de plástico que me recuerda a aquellos polos que había cuando era pequeño (no sé si los sigue habiendo hoy día) que se llamaban Flash. También vienen con los productos de consumo diario, como harina, azúcar, sal, arroz, galletas, jabón, pilas, latas de sardinas, cuadernos, lápices,….. Los miércoles también llega el bonga en grandes cestos de mimbre, aplastados entre los sacos de arroz y las garrafas de gasolina. Es el pescado seco, prácticamente piel y espinas, mal oliente y lleno de gusanos que se utiliza en la salsa, plasas, que acompaña al arroz cotidiano.
Los jueves por la mañana se empiezan a montar los primeros tenderetes que son estructuras de palos cubiertas de hojas oxidadas de zinc o hojas de palmera y que constantemente amenazan con derrumbarse. Curiosamente los puestos en su mayoría se colocan por artículos, como los antiguos gremios. Los que venden licores, todos seguidos, uno detrás de otro. Los que venden pescado, todos juntos en un mismo sitio (claro que en este caso la ventaja es que el olor se concentra todo en un solo apartado) y así todo. Todos venden lo mismo y al mismo precio. La diferencia entre un puesto y otro está en la habilidad que tengas para regatear o lo amigo que seas del vendedor.
Los jueves por la tarde empiezan a llegar los guineanos, en su mayoría comerciantes fulas. Han cruzado el rió Kolenten a la altura de Kukuna con sus mercancías. Traen ropas, telas, zapatos, cinturones, perfumes, radios, linternas, juguetes para niños,…. todo de fabricación china. Se asientan en la parte mas alejada del mercado, duermen en sus puestos y se preparan para el gran día que es el viernes.
Junto con los guineanos llegan los comerciantes de Madina que prefieren ir a comprar a Conakry. Muchos de ellos mujeres que traen cebollas, latas de tomate, patatas (que para diferenciarla de las locales las llaman Patatas irlandesas). Con un poco de suerte también traen tomates naturales, repollos y zanahorias. También llegan de Guinea clavos y otros artículos para la construcción así como los repuestos para las motos y bicicletas chinas. Estos comerciantes también traen, pero solo por encargo y previo pago del total, motos, bicicletas, generadores de luz, frigoríficos, máquinas de coser, …. todo chino, claro.
También el jueves por la tarde empieza a llegar la gente de las aldeas. Principalmente hombres y jóvenes que, vestidos de fiesta, caminan, saludan amigos y parientes, van al cine o inundan el salón parroquial para ver la tele. Dormirán en el porche de la casa de cualquier conocido, o en la zona del mercado. Muchos de ellos terminan en el chiringuito de John Papa tomando licores locales.
Por eso el jueves es el gran día socio-cultural de Madina. Los jueves por la tarde se organizan partidos de fútbol, se organizan bailes, reuniones, … porque es cuando hay público para todas estas cosas. Los que de verdad hacen el agosto cada jueves por la noche son Mr. P. y Pastor Bai.
Mr. P., abreviación de Peacemaker, nombre de guerra de este ex combatiente que se quedó a vivir en Madina, es el dueño del único cine de la ciudad. Le llamo cine porque no tengo otro término mas apropiado. Es un entramado de palos, cubierto de los plásticos que el ACNUR distribuye en los campos de refugiados para hacer tiendas, en el que hay una televisión de veintiuna pulgadas, un reproductor de DVD y un generador de luz. Bajo un calor axfisiante Mr. P. pasa DVDs que anuncia en la cartelera que tiene junto a la puerta como si de un cine de estreno se tratase. Hace sesión continua toda la noche, aunque hay que pagar, quinientos leones, por cada película que se quiera ver. Normalmente son películas nigerianas que aquí gustan mucho porque son culebrones con los típicos personajes de estos: el bueno, el malo, la guapa mala, la fea buena, …. todo mezclado con elementos de magia y supersticiones africanas y con un inglés muy simple y muy forzado que la gente de aquí entiende muy bien. También tiene películas indias que tienen mucho éxito por la música y los bailes. No hay quien pille una sola palabra del inglés de estas películas, pero como la trama no varia mucho de la de las nigerianas se siguen perfectamente también.
La otra opción es Pastor Bai. Un pastor wesliano expulsado de su iglesia por robar dinero, que tiene un hijo en Holanda el cual ha entrado en contacto con un par de parroquias católicas de allí a las que les han vendido el cuento de que Sierra Leona está llena de huérfanos por causa de la guerra. Aquí no hay huérfanos, porque los niños no pertenecen a los padres biológicos, sino a la familia y si los padres mueren los niños quedan integrados en el clan; abuelos, tíos, … cuidaran de ellos. Pero los holandeses se han creído el cuento de los huerfanitos y están mandado mucho dinero a Pastor Bai para el orfanato que han montado aquí en Madina. El orfanato no deja de ser una escuela primaria a la que asisten niños y niñas de Madina. Luego hay un internado donde viven niños de algunas aldeas, todos con padres o familia. Pero cuando los holandeses vienen a visitar se les presentan como pobres huerfanitos. (Lo positivo de esto es que está ofreciendo educación a bastantes niños y niñas). Total que el Pastor Bai se está haciendo de oro con el dinero que recibe de Holanda y no deja de montar negocios en Freetown. En Madina también ha abierto uno, una casa enorme en medio al mercado que es tienda y sala de televisión. Tiene una antena satélite y enseña partidos de fútbol, programas musicales,…. por el módico precio de quinientos leones por persona. Ã??l también hace sesión continua los jueves por la noche. áAh!, ni que decir tiene que Pastor Bai ha sido readmitido en su iglesia con todos los honores ahora que es millonario.
Los jueves por la noche suele ser también noche de peleas. Los ánimos se calientan, el alcohol corre y se lía. Que por una mujer, que porque me debes dinero, que porque no me das el respecto que tienes que darme siendo yo mas anciano que tú. …
También los jueves por la noche suele ser el día de los robos. Con tanta gente que llega, tanto barullo, tanta variedad de actividades culturales y sociales que ofrece la ciudad, los ladrones aprovechan los descuidos y amparados por la noche rompen ventanas, entran en las casas y se llevan radios, relojes, y todo lo que encuentran.
Ha de entenderse que estos son días en los que la policía tiene mucho trabajo, tanto que el resto de la semana tienen que descansar y prácticamente desaparecen. Desde el miércoles hasta el viernes por la tarde, cuando termina el mercado, la policía prácticamente no duerme. Colocan check-points, puestos de control, en las tres carreteras de acceso a Madina para poder interceptar a cualquier vehículo o persona que quiera entrar en Madina. Si quieren pasar tienen que pagar. La tarifa varía según la capacidad del vehículo o los artículos que se quieran vender en el mercado. Es un trabajo agotador para la policía que se pasa todo el día regateando precios, ya que los ciudadanos no quieren colaborar con ellos.
El viernes es el gran día. Desde bien temprano empiezan a llegar grupos de mujeres y niños desde las aldeas. Traen sobre sus cabezas los productos que quieren vender: arroz, mandioca, patatas locales, gallinas, aceite de palmera, fruta, … Buscan sitio donde colocar sus mercancías y ofrecerlas al público. La idea es vender cuanto antes y con el dinero poder comprar lo que les hace falta en casa, jabón, telas, sal, …
El viernes es también el día de pagar los impuestos del mercado, toda persona que vende tiene que pagar dinero. Dinero que nunca se termina de entender donde va a parar. En teoría al Paramount Chief para ser reutilizado en beneficio del chiefdom. Pero ahí se pierde la pista. No se ve ningún beneficio en el chiefdom y no se ve el dinero tampoco.
Aprovechando la concentración de personas, el viernes es día para anuncios públicos. Gente de diversas aldeas puede venir a anunciar cualquier acontecimiento que hayan organizado, una fiesta, una competición de fútbol, …. Otro personaje fijo del mercado de los viernes es el imán de la mezquita de Madina, Pa Alhaji, que pasea con una hucha de madera pidiendo donativos para terminar de construir la mezquita. Cuentan por aquí que lleva treinta años con el mismo cuento y que cada vez que algún buen parroquiano (¿o debería decir mezquitiano?) dona materiales de construcción para que se terminen las obras, Pa Alhaji los revende. Franco, el javeriano que estaba en Madina antes que llegara yo, cuenta que ha construido mas de una escuela con los materiales comprados al imán. No me parece muy ético, pero habría que ver las circunstancias en que se produjo el negocio.
Una de las zonas mas frecuentadas los viernes es la de los restaurantes que está justo detrás de donde se venden las hojas de tabaco y las nueces de kola. Hay una gran variedad de lugares para comer. Distintos chiringuitos de adobe y techo de hojas de palmera, donde las mujeres de Madina ofrecen arroz con distintas salsas, plasas,: de hojas de patatas, de hojas de mandioca, de hierbas variadas, de cacahuetes, … todas con aceite de palmera y mucho picante. Más picante, mas sensación de estar lleno tendrá el cliente.
Sobre las tres de la tarde empiezan a desmontarse los tenderetes y, mientras la gente de las aldeas enfila su camino de regreso cargando sobre sus cabezas los productos comprados o los que no han podido vender, los comerciantes comienzan la carrera para conseguir puesto en uno de los podas-podas o de los camiones que salen para Freetown, Kambia, Kukuna, … Se apilan personas y bultos sobre los vehículos en un amasijo imposible y como muy bien describe Nigel Barley en El antropólogo inocente (Anagrama, 1993), cuando crees que ya no puede entrar nadie mas en el vehículo, el conductor arranca, acelera, da un frenazo seco, la gente se echa hacia atrás debido a la inercia del frenazo, y otras veinte personas, con sus bultos, entran en el coche.
Esta tarde se ha producido un momento de pánico. Un camión llegó de Kukuna con vacas que llevaba a Freetown. Se paró a recoger pasajeros. Tenía mucho sitio en los hierros que sirven para sostener el toldo del camión. La gente, empezó a trepar y sentarse, como si fueran canarios en una jaula, sobre los hierros del camión. A una señora se le calló el bolso entre las vacas, pidió al aprendiz del camión que bajase a por él. Decía el aprendiz que ni loco. La señora le insistía que no tuviera miedo que las vacas estaban atadas. Le contestó el aprendiz que si estaban atadas que bajase ella a por el bolso, que al fin y al cabo era ella quien lo había dejado caer. La señora se sintió ofendida por la respuesta del aprendiz y empezó a llamar a voces al encargado del camión, que estaba tomándose una cerveza en el chiringuito de John Papa. Esté pasó de la señora y está se puso más histérica, gritó mas y empezó a gesticular, tanto que se olvidó de donde estaba sentada y si no hubiera sido por los dos hombres que la flaqueaban hubiese seguido la suerte de su bolso. Al final todo se solucionó cuando uno de los chavales fulas que iba a vender las vacas a Freetown, entró en el camión y recuperó el bolso.
Cuando se van los últimos poda-poda y camiones Madina se queda vacía, envuelta en una nube de polvo y suciedad, parece una ciudad fantasma. Todos están cansados, se retiran a sus casas y la noche cae de golpe, como ocurre aquí, como queriendo poner fin a tanto desenfreno.
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