Hoy escribo desde la casa de mis padres en Don Benito (Badajoz). Llegué aquí el sábado por la tarde y hasta hora no he hecho otra cosa que tirarme en un sillón y ver tele. Tampoco he visto mucha porque más bien lo que hago es apretar el mando a distancia y saltar de un canal a otro, y como hay tantos canales cuando me decido por uno y quiero volver a él, el programa que quería ver ya ha terminado. Pero bueno, gracias al zapping ese me he enterado que a Isabel Pantoja le han embargado la casa, que Bety ha comprado la compañía donde trabaja, que los famosos siguen encerrados en una isla, que la Telelu se ha separadoâ?¦ total que llevo un año fuera de España y parece que nada ha cambiado. Parece que todo está estancado.
A lo mejor es solo una impresión mía porque me cambia el ritmo. Todo es distinto. Llego aquí y me encuentro perdido, si saber que hacer, fuera de mi ambiente, y eso me hace sentirme cansado. Me cuesta moverme y me paso el día tumbado en el sillón.
Los últimos días antes de salir para acá fueron de gran actividad. Tenía que dejar todo preparado para las dos semanas que voy a estar fuera. Tenía que preparar recibos e informes que traer. Preparar también charlas. Al final me encontré el jueves veinticuatro levantándome temprano y terminando de terminar todo lo que no había podido hacer en los días anteriores. No os lo pude contar porque no funcionaba la conexión con el satélite. Suele pasar siempre que hay problemas en Medio Oriente, no sé si cerraran el satélite o cogerán canales para el ejército.
El veinticuatro salí de Madina a eso de las diez de la mañana, después de haber repartido cemento y dejar las cosas preparadas para que Bruno pueda seguir con los trabajos de construcción de la casa. La noche anterior le había dicho a Alpha que se preparase que teníamos que ir a Makeni, para que no le dijera a nadie a donde íbamos. Pero cuando me vio llegar al coche con las dos maletas (vacías para poder llevarlas llenas de vuelta) se mosqueó y no habló en todo el camino. Al llegar a Port Loko le dije que torciera hacia Lungi. Llegamos sobre las dos y nos fuimos al hotel Mahera a comer algo. Luego nos acercamos a la misión.
En la misión estaban Natalio, mucho mas recuperado, aunque con la pierna todavía hinchada. También saludé a Peterlini y Basili, los otros dos javerianos que están allí. También me llevé la sorpresa de encontrar a Brioni, nuestro superior allí. Le pregunté a Natalio, en un aparte, que qué estaba haciendo el superior allí. Me contestó que no lo sabía muy bien, que se había presentado y quería tener una reunión con la comunidad.
Dejé a la comunidad que tuviera su reunión con el superior y yo me fui a descansar un rato. Luego me di una ducha y a las cinco y media salí para el aeropuerto. Natalio me acompañó. La sorpresa del aeropuerto es que no había casi nadie. Así que pasé enseguida todos los controles de seguridad (primero de la policía sierraleonesa, luego de los encargados de seguridad de SN Brusels), facturé, los empleados se sorprendieron de que las maletas estuvieran vacías, me despedí de Natalio, pasé las ventanillas de emigración, el otro control de policía sierraleonesa donde me preguntaron por los chavales de Almería y a las seis y cuarto estaba sentado en la sala de espera, junto a una ventanilla para coger un poco de aire, y empecé a leer. Esos días me estaba leyendo El abanico de seda, de Lisa Lee. Me ha gustado. A las nueve embarcamos. El avión estaba prácticamente vacío.
Despegamos puntualmente y pusimos rumbo a Bruselas. Rápidamente nos sirvieron algo parecido a una cena y tras ella me quedé dormido, hasta poco antes de aterrizar, cuando nos despertaron para el desayuno.
Llegamos a Bruselas con cuarenta y cinco minutos de adelanto. Eran las cuatro y media de la mañana. Cambié de Terminal, pasé todos los controles. Llegado a la Terminal A subí a la capilla a hacer un poco de oración. Las capillas de los aeropuertos son lugares tranquilos que ayudan a rezar porque normalmente están vacías. Luego tenía que esperar, el avión para Madrid no salía hasta las nueve de la mañana. Lo malo no era la espera sino que me había terminado el libro que estaba leyendo y no tenía nada que leer. Decidí comprar el periódico, pero era tan temprano que todo estaba cerrado. Tuve que esperar una hora para poder conseguir uno.
Cuando llegué a Madrid me cogió un golpe de frío. No esperaba yo que hiciera tanto frío en esta época del año, por eso no me había puesto zapatos. Fui al hotel, dormí un poco, a las tres vino mi amiga Pili y fuimos a comer algo, volví al hotel, dormí, vinieron unos periodistas de la Sexta, hicimos una entrevista y luego me fui a cenar con Ricardo Rodríguez. Nos enrollamos, hablamos largo y tendido y nos dieron las tantas.
Al día siguiente había que levantarse temprano para ir a la estación de autobuses de Conde Casal. Cogí un autobús a Badajoz y me bajé en Trujillo donde me esperaban mi hermana Carmen y su marido Tibu, que venían de una cena del Colegio de Arquitectos la noche anterior en Guadalupe. Llegamos a casa, saludé y me tumbé en el sofá.
Bueno también miré los correos a ver si había algo urgente. Había algunos del Tribunal Especial de Sierra Leona pidiendo alguna información y varios otros solidarizándose con Choco y compartiendo su opinión sobre mis calcetines verdes. No voy a hacer declaraciones sobre este tema, pero la sorpresa es que entre la ropa que tengo aquí en casa de mis padres dejé otros calcetines verdes, así que estoy salvado.
Solo salí por la tarde para ir a misa de nueve en la parroquia de Santiago, en la plaza de Don Benito. Concelebré con el párroco, Fermín, que siempre tiene que recordar a todo el mundo que yo era su monaguillo cuando el era párroco en Orellana la Vieja y venía al Pantano del Zújar, donde estábamos notros, a celebrar la Eucaristía. Saludé a algunos amigos de mis padres y luego fuimos a tomar una cañita con en la plaza. Estando ahí llegó mi hermana Ana con Fran y los tres niños, Javier, Ana y Alberto. Venían de una comunión. Se sentaron, mis padres se fueron con Alberto a casa, se nos unieron algunos amigos, seguimos un poco más y luego nos volvimos.
El domingo fue día de familia, llegaron los que faltaban, Reme y Nacho con Alba y frica, mas los que ya habían estado el día anterior. Total que teníamos reunión familiar y yo sin saberlo. Me pasé todo el día tumbado en el sillón, solo me incorporé para salir fuera, cuado fuimos a comer.
Pasé el día charlando desde el sillón.
Hoy he tenido otra dosis de sillón y tele y ahora que se termina el día me doy cuenta que todavía no he preparado el discurso de aceptación del premio Jaime Brunet que tengo que recoger mañana en la Universidad de Navarra. Voy a ver si copio de algún discurso anterior para quedar bien mañana.
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