Hoy he tenido un día muy variado. La mañana la he pasado en la oficina atendiendo a maestros que todavía no han venido a por sus salarios, a gentes de las aldeas que venían a saludar porque hoy había una gran reunión en Madina y tenían que hace tiempo hasta el inicio de esta, o a los camicaces de última hora que intentaban convencerme de que les ayudase a ellos, y sólo a ellos, para comprar algo que estrenar mañana día de navidad.
A las nueve hemos comenzado la limpieza general de la iglesia, para que esté limpia para la fiesta de mañana. Han venido muchos voluntarios cargados de cubos, escobas y trapos. La hemos dejado como nueva. Yo dirigía las operaciones y atendía al despacho en un alarde de malabarismo.
Así estaba yo cuando de repente se presentó delante de la puerta de la misión una caravana de coches y sirenas envueltas en una inmensa nube de polvo. Enseguida descendieron policías y empezaron a tomar posiciones. Yo salí a la puerta a ver que era todo eso. Entonces divisé a Dauda, el consejero, que pidió hablar conmigo. Entró en la oficina y detrás de él todo un grupo de señores, policías y gente tomando nota. No eran ni más ni menos que los ministros originarios del Tonko que han venido a celebrar la navidad a sus aldeas y hoy tenían reunión con toda la gente de Tonko Limba en la Town Hall.
Los llegados eran: Honorable doctor Joseph S Sesay, Ministro de Agricultura, Honorable Embajador Dauda S Kamara, Ministro de Administraciones Locales y desarrollo rural, Mr Momodu Kargbo, Vice Ministro de finanzas, Mr Kontho Sesay, director de NACSA (la oficina de reconstrucción y desarrollo del gobierno) y toda una corte de secretarios, periodistas y seguidores que les acompañaban desde Freetown.
Después de que Dausa, el consejero, hiciera un discurso apologético y hagiográfico sobre mi persona y mis trabajos y lo mal que me había tratado el gobierno del SLPP, el Ministro de agricultura , al que conozco desde los tiempos que trabajaba en la oficina del DDR ( el programa de desmovilización e integración de combatientes) hizo un discurso sobre la benignidad de este nuevo proyecto, su deseo de privatizar al máximo posible todos los sectores económicos para terminar con la corrupción y finalmente me aseguró el total apoyo de su gobierno en cualquier empresa que emprenda.
Yo también dije cuatro palabras vanas y generales, todos nos reímos, nos estrechamos las manos y ellos se fueron con su nube de polvo y yo me quedé apoyado en el quicio de la puerta, fumando un cigarrillo y pasando de la multitud de mirones que se habían concentrado delante de la puerta del despacho.
Luego a la una y media empezaba el mitin en la Town Hall. Yo estaba invitado pero decidí no ir y pedí a Kabbakeh que me representase. No fue porque esta reunión era muy política, muy del APC y de querer celebrar su victoria y no quiero comprometerme con ningún partido. El día veintiséis, toda esta gente que ha venido de Freetown se reúne con todos los jefes y jefecillos del Tonko Limba para decidir el futuro del Paramount Chief.
La tarde la he pasado poniendo un poco de orden y a las siete menos cuarto he ido a la iglesia donde el grupo infantil nos tenía preparado un pequeño teatro y algunos villancicos como aperitivo a la misa del gallo que hemos comenzado a las siete y media, porque yo no resisto hasta las doce por una misa. Esta ha estado bien, la iglesia no estaba llena pero había un buen número de personas. Además teníamos a un chino, de los de las maderas, mirando por la ventana sin atreverse a entrar.
Casi al final de la misa, Medo, que estaba en una de las primeras bancas, se sentó y hundió la cabeza entre los brazos. Me dio la impresión de que se había quedado dormido.
Cuando salimos de misa Bakarr vino a llamarme y decirme que Medo estaba sentado en una silla del patio llorando desconsoladamente y no respondía a sus preguntas. Me acerqué a él pensando que estaría enfermo, que tendría malaria. Le pregunté que qué le pasaba y no contestó, pero se abrazó a mí, así que comprendí que algo iba mal. Entramo en casa, nos sentamos en mi habitación y le dejé llorar un buen rato hasta que le pregunté que qué le pasaba y me contestó:
- Me acuerdo de mi papá y de mi mamá, los dos muertos, estoy solo, no tengo a nadie.
Le dejé llorar un rato más y luego intenté consolarle diciéndole que estaba muy bien eso de recordar a sus padres pero que no era verdad que estuviese solo, que estaba yo y todo el resto del discurso.
Poco a poco Medo se fue calmando y se fue a encender la tele del salón parroquial. No es que aquí la navidad sea una fiesta familiar, no hay esa tradición, es una fiesta para divertirse. Posiblemente Medo se acordó de su familia al darse cuenta de que llega el veinticinco y no tiene ropa nueva que estrenar y no tiene a nadie a quien dirigirse para pedirle ayuda y por eso le vino ese sentimiento de soledad.
Bruno y yo terminamos el día comiéndonos una tortilla de patatas.
No sé si algún día llegará este blog porque la semana pasada, cuando Bruno fue a Freetown, tampoco pudo mandar los que están acumulados.
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