Hoy debería estar en Madrid en las jornadas organizadas por La Caixa sobre menores soldados. Durante dos años las hemos estado preparando, La Caixa, La Coalición contra el uso de menores soldados y yo. Al final cuando todo estaba a punto, mi superior no me dejó ir, porque la parroquia no podía quedarse un domingo sin misa. Yo he obedecido y me he quedado en Sierra Leona para celebrar la misa el domingo pasado para las doscientas personas que vinieron a la iglesia. Mientras trescientos mil niños y niñas siguen siendo usados como soldados o esclavas sexuales en todo el mundo. A veces cuesta obedecer, pero hay que hacerlo y con alegría. De todas formas hoy es el día internacional del menor soldado y vale la pena recordar a estos niños y niñas y hacer algo para que se termine esta forma de esclavitud.
Volviendo a la realidad de Madina, decir que la noche del domingo al lunes llovió durante horas. Fue una lluvia suave pero continua. El lunes por la mañana todo el mundo estaba bastante sorprendidos por la lluvia caída durante la noche porque no sabíamos si era la lluvia de navidad que llegaba con mes y pico de retraso o la de los mangos que llegaba con mes y pico de adelanto. Hubo grandes discusiones a lo largo del día y al llegar la noche el pueblo seguí dividido, sin ponerse de acuerdo.
Por la tarde llegó Jose Sánchez, médico canario que durante muchos años ha trabajado con Médicos sin Fronteras en Sierra Leona. En el 2005 se fue y estos años ha estado en Burundi y en la República Democrática del Congo. Ahora tiene unos meses de vacaciones y ha venido a Sierra Leona a saludar amigos. Ayer se nos presentó en Madina. Es siempre un placer verle y charlar con él.
Hoy he ido con Bruno hasta Kundaia y Jose nos ha acompañado. Yo tenía que visitar la zona porque durante la estación de las lluvias no se puede pasar de Kasellen. Mi idea es que en esta aldea Bruno abra una de las clínicas móviles. Ã??l nunca había visitado la zona y por eso le convencí para que se viniera.
En Kudaia visitamos la escuela. Como los maestros no me esperaban los cogí de sorpresa. Estaban sentados a la sombra de un mango mientras los niños y niñas jugaban. Cuando les pregunté que porque los niños no estaban en clase, me contestaron que habían organizado actividades extraescolares. Pregunte por Mr. Daniel F Kamara, el maestro encargado de la escuela. Me dijeron que acababa de ir al pueblo a por unos libros. Fui al pueblo, y la gente me dijo que no habían visto al maestro en todo el día. Vino su mujer y me dijo que hacía apenas dos minutos que había salido porque había recibido la noticia urgente de que su hermana estaba muy enferma en Bubuya. Como siempre una cadena de mentiras para hacerte perder la paciencia.
Como no iba a sacar la verdad decidí relajarme y sentarme en la sombra de un porche a charlar un rato con la gente y ver como les va la vida. Sacaron una garrafa de mampa, vino de palmera, y Bruno, Jose y yo bebimos un poco. La gente me pidió que terminase la iglesia. Tengo planeado hacerlo este año, solo quedan las ventanas y la puerta.
Cogimos la carretera de regreso y tras subir la colina y encontrarnos con una manada de monos que salió corriendo asustada, llegamos a Katanene donde encontramos a la gente de entierro. Acababan de enterrar al jefe que Alpha había llevado hasta allí el viernes pasado. Sólo había hombres en el pueblo, señal de que durante la noche la sociedad secreta de los hombres, el Gbangbani, había llevado a cabo los ritos necesarios para enterrar a un jefe. Saludamos y dimos el pésame. Se veía a todos los hombres cansados, dormitando debajo del sombrajo que habían construido delante de la casa del jefe.
En Katanene giramos a la derecha y llegamos a Kakutala. Allí encontramos a la gente sentada tranquilamente en el porche de sus casas. Este es tiempo de descanso, no hay trabajos en el campo. Es también el tiempo de construir las chozas de barro.
En Kakutala nos hicieron sentar en el porche de una de las casas. Se estaba fresquito. Improvisaron un discurso de bienvenida y nos regalaron una gallina que como de costumbre se ha agenciado Alpha. Luego insistieron que fueramos con ellos hasta el río a ver la arena que están sacando para construir la iglesia. Hacia allí nos encaminamos en fila india por una trocha estrecha a través de la selva. Llegamos cerca de lo que ellos llaman río que no deja de ser un arroyo y de repente nos encontramos en medio a una plantación de marihuana. Vimos la arena y vimos la Yamba, que es así como se llama aquí, y eché un discurso sobre los peligros de cultivar la marihuana. La gente me contó la historia de siempre, que es una forma rápida de sacar dinero y poder construir sus casa con techos de zinc o de pagar el colegio de sus hijos o de tener un poco de dinero extra.
De todas formas no fui muy duro en mi arenga y al final me hice dar algunas plantas del vivero de marihuana que tenían allí mismo para plantarlas en la misión como plantas decorativas que alegren la vista a nuestros visitantes.
Volvimos a la aldea, saludamos a la gente y reemprendimos el camino. Volvimos a Katanene y de allí seguimos hasta Kasellen. Allí también estaban de ceremonias fúnebres, celebraban los siete días de la muerte de alguien. Nuestro catequista ambulante, Anthony Bangura, apareció en mitad de los dolientes también. Nos paramos a saludar a jefe y ancianos. Ellos también están sacando la arena para construir la iglesia, pero tienen que caminar tres millas para llegar a donde está. El problema no es sacarla, sino el transportarla hasta el pueblo. Me pedían ayuda para el transporte.
Mientras yo discutía con los hombres Bruno se fue a hablar con las mujeres y a ver un poco la aldea para estudiar las posibilidades de la clínica móvil.
Terminamos la discusión en tablas, es decir que ni yo cedí ni los ancianos dejaron de suplicar. Bruno también terminó su inspección y nos despedimos. Tomamos el camino de vuelta a casa pasando, ya sin pararnos, por Kaconteh, Kabassa, Kolonkureh, Masiaka, Yankambor y finalmente Madina.
Bruno no ha comentado nada, sólo que la zona es aislada y realmente necesita ayuda. Veremos lo que decide en los próximos días.
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