Me pasé todo el lunes sentado. Teníamos Consejo Regional, el que debía haberse celebrado la semana pasada pero como a Natalio le surgió la reunión de los superiores mayores de las congregaciones religiosas presentes en Sierra Leona tuvimos que posponerlo a esta semana. La reunión estaba programada para dos días pero todo el mundo tenía compromisos así que tuvimos que hacer todo en un día. Nos sentamos de ocho de la mañana a siete de la tarde, con sólo pequeñas pausas para estirar las piernas y comer a mediodía. Este ha sido un Consejo centrado en la economía. Teníamos que aprobar el informe económico del año pasado y el preventivo para este. Luego teníamos que revisar proyectos y demás. Por último se nombró a José Carlos Ecónomo Regional, esto es, el que controla el dinero de los javerianos en Sierra Leona.
José Carlos es la persona justa para este puesto porque es capaz de pasarse horas sentado delante del ordenador echando cuentas. Ya se sabe que si las cuentas están claras habrá paz, se evitarán malentendidos y todos trabajaremos mejor.
Yo, entre tanto número, me pierdo, así que tuve que hacer un acto de fe y creer lo que nos decía Natalio que había estado trabajando junto con José Carlos y Eugenio Montesi, el Ecónomo saliente, para preparar los documentos.
Terminamos el Consejo justo a tiempo para la cena y tras ella yo salí hacia el Seminario menor a ver a nuestros seminaristas. Dos de ellos, Alfred y Mark, tienen que hacer el examen de ingreso en la universidad dentro de poco y tenían que pagar las tasas. También quería hablar con el rector, Padre Richard, pero no estaba. Lo encontré luego, en la cantina del Fatima Institute tomando una cerveza con algunos curas diocesanos. Me uní a ellos y también tomé una cerveza, esta vez fría, a diferencia de las de Madina.
Ayer martes por la mañana, después de desayunar y charlar un rato con Jorge Jiménez fui al obispado a comprar hostias ya que en Madina casi no me quedan. El obispo no estaba en su oficina así que todo el mundo estaba muy relajado. La secretaría, Margaret, charlaba con Pa Fonah, el encargado de la tienda y Sheku, el administrador diocesano, escuchaba música a todo volumen recostado en el asiento de su coche. Había un ambiente festivo. Estuve charlando con unos y otros y luego salí hacia Lunsar.
En Lunsar fui a ver a las monjas Clarisas Misioneras porque la noche anterior me había llamado Elisa, la superiora, para decirme que necesitaba hablar conmigo. Cuando llegué al convento me encontré con Angelina, la hermana encargada de la casa, que me ofreció un vaso de agua y me preguntó por Bolo. Luego fui a la escuela secundaría, al despacho de Elisa. La encontré mediando en una discusión entre uno de los maestros y la dueña de la casa donde ese vive. Los dejó gritándose en el despacho y salió al pasillo donde pudimos platicar por un rato. Después de los preámbulos me comentó que Peli se había puesto en contacto con ella para ofrecerle ayudarlas con algún proyecto. Elisa está un poco escarmentada de que la gente le ofrezca ayuda y luego de haber fotografiado el colegio y las niñas no hagan nada, como les pasó hace un par de años con PLAN INTERNACIONAL cuando vinieron de España y les prometieron tantas cosas que al final no cumplieron. Yo le dije que de Peli se podía fiar al noventa y nueve por ciento y que de todas formas en la próxima visita a Sierra Leona, ella tiene planeado un viaje a Lunsar a conocerlas.
Luego seguí viaje hasta Freetown. Entré por las montañas y fui directamente a comer al Balmaya donde había quedado con Shiaka. Le dije que no dijera nada a nadie porque no quería ver a los chavales. Comimos, charlamos y luego Alpha se fue a comprar dos ruedas para el coche y yo me fui con Shiaka.
Quería ver a Ã??scar Mateos pero justo esa mañana había salido para Etiopía para asistir a un congreso. Creo que no os he dicho que al final Raquel no ha vuelto, el puesto que le tenían ofrecido en Naciones Unidas se lo han dado al final a la novia del jefe de personal de Nueva York. Así que me he quedado sin una amiga y secretaria.
Por la noche fuimos a la playa y allí se nos juntaron Abu, Gbessay, Filare y Bocke que habían visto pasar a Alpha con el coche y se imaginaron que yo no estaría lejos. Contaba Alpha que cuando fue a comprar las ruedas se encontró con muchos chavales que le preguntaban por mí y él les dijo a todos, siguiendo mis instrucciones, que yo estaba en Makeni y él había venido a comprar las ruedas. Parece que se lo creyeron porque no apareció nadie más.
Esta mañana Alpha y yo hemos salido temprano de Freetown y hemos hecho todo el camino de un tirón hasta Kambia. Allí me he parado para hablar con Giuseppe Giacomello, un laico italiano que lleva más de veinticinco años en Sierra Leona al frente de una escuela de arte y oficios. Quería verle para preguntarle, de parte de Natalio, si estaría dispuesto a construir la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, la mejicana, no la auténtica, que tiene prometido construir en Bubuya. Giuseppe dice que se lo pensará y le dará una respuesta a Natalio.
La tarde de hoy la he pasado en la oficina poniéndome al día de estos dos días y medio que he pasado fuera de Madina. Lo malo no es abandonar la parroquia sino que luego, cuando vuelvo, tengo todo el trabajo que no he hecho esperándome porque no tengo a nadie que lo haga por mí como pasaba cuando éramos más en comunidad.
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