ME LA PERDÍ (29.06.08)

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Esta mañana, mientras yo rezaba laudes y me preparaba para la celebración del domingo, José Carlos apareció en el patio de la casa nueva (él duerme en una de las dos habitaciones de huéspedes junto a la iglesia) y empezó a dar vueltas mientras fumaba un cigarro detrás de otro. Intenté ignorarlo y concentrarme en mis asuntos, pero no pude, desde la ventana frente a la que estaba sentado le veía dar vueltas y fumar y me estaba poniendo nervioso. Decidí salir y hablar con él:

-        José Carlos ¿Qué haces dando vueltas por aquí a estas horas de la mañana?

-        Tú sigue a la tuyo, yo espero a que uno de los dos salgáis y vayamos a desayunar.

-        Si quieres desayunar ya sabes donde están las cosas en la cocina. Hoy es domingo y Bruno duerme un poco más y yo aprovecho para preparar la misa.

Ya me había roto mi rutina dominguera así que le acompañé a la cocina y nos sentamos a desayunar. Ya que José Carlos estaba despierto y con tantas ganas de hacer cosas le pedí que fuera a celebrar a Mabanda y así yo tendría más tiempo para preparar la iglesia porque tenía bautizos de niños. Aceptó y tras estar sentados delante de una taza de café charlando de cuentas y de la economía de la Región javeriana de Sierra Leona por más de una hora, fue a organizar todo para la Eucaristía en Mabanda que era  a las ocho y media.

Yo me quedé en la cocina preparando una tarta de galletas Oreo de esas de postres Royal que trae ya todo listo, para la comida.

                La misa ha ido bien, con los bautizos de los niños. Después, la congregación se fue a visitar a la familia de Alimamy Momoh, el chaval que enterramos ayer, para darle el pésame y rezar un rosario con ellos. Yo mientras me fui a la cocina y empecé a cocinar, hice carne guisada para acompañar la polenta que luego prepararía Bruno. Mientras, José Carlos que había vuelto de Mabanda a las nueve y media, dormía.

                Bruno llegó a preparar su polenta y pasó media hora encendiendo el fuego, porque la polenta para que salga buena tiene que hacerse sobre leña, pero ya se sabe que en esta época del año la leña está bastante húmeda. Mientras esperábamos que llegase Jorge desde Kambia, Bruno probó a hacer unas berenjenas a la brasa que le salieron muy buenas. Con ellas, un poco de morcilla de patata que asamos envuelta en papel de aluminio y una cervecita hicimos el aperitivo. No sabemos si fue al olor de la morcilla asada o el pop de la lata de cerveza al abrirse lo que hizo despertarse a José Carlo. Fuera lo que fuera se nos unió para el aperitivo.

                Jorge llegó a la hora prevista, la una, justo cuando Bruno vertía la polenta sobre el plato. Comimos, bebimos, charlamos y nos lo pasamos muy bien hasta que a las cinco de la tarde a José Carlos le dio un ataque de seriedad y dijo que él había venido hasta Madina a revisar las cuentas del mes con Bruno y que tenían que hacerlo, así que Bruno no tuvo más remedio que irse con él a echar cuentas. Mientras, yo despedí a Jorge que se volvía para Kambia.

 

                Lo normal en un día como este hubiera sido pegarme delante de la tele a las seis y media, hora local. Pero había un inconveniente, que con esto de las obras estamos sin tele y teníamos que irnos a cine del pueblo, donde Mr. P. ofrecía la final de la Eurocopa por el módico precio de mil quinientos leones. José Carlos estaba casi convencido de ir allí, pero cuando vio el chiringuito de plásticos de campo de refugiados y la multitud que había dentro, a oscuras, sudando a chorros, y todo eso unido a la humedad y el olor, decidió que fuéramos al John Papa a tomar una cerveza.

                Creo que éramos los únicos de toda Madina que no estaba viendo la final y apoyando a España (por la cuenta que les tiene); bueno más tarde me informaron que Farai apoyaba a los alemanes pero eso se debe a una discusión que tuvimos hace algunos meses. Allí estábamos los dos, sentados en el chiringuito, tomando cerveza caliente, porque Sheku no había encendido el generador pensando que en un día como este nadie iría al bar, y hablando de la marcha de la Región Javeriana de la Sierra Leona y sus finanzas, que parece que es el único tema que le pone.

                Estábamos en estas cuando se oyó un rugido atronador y una multitud salió disparada del cine e inundó la calle que hasta ese momento había estado vacía, si exceptuamos a algún perro o algún niño. Era el gol de España y la gente lo celebraba bailando. Todos vinieron hasta el chiringuito a describirme la jugada.

                Para una vez que llegamos a la final y yo escuchando los problemas de ajuste de presupuestos que le quitan el sueño a José Carlos. Esto de la vida religiosa no es tan fácil como parece.

ENTIERRO (28.06.08)

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Hoy ha sido día de entierro. A las ocho vino Opote a decirme que anoche consiguieron traer el cuerpo de su hermano Alimamy Momoh y estaba expuesto en casa. Venía a ver los detalles del entierro y traía con él la cartilla de los monthly dues, la contribución mensual que hay que pagar a la iglesia y que demuestra que eres miembro de ella, porque  todo el mundo sabe que si no pagan los monthly dues yo no les entierro, y aquí es muy importante la persona que preside tu entierro.

                Pasados los preliminares hablamos de la hora del entierro. Me comentó Opote que en ese momento estaban lavando el cuerpo de su hermano y que ya habían ido a cavar la tumba. Estos son requisitos previos a la sepultura, lavar el cadáver y envolverlo en el kasankeh o sudario blanco que se ata a los pies, la cintura y el cuello del muerto. Luego los jóvenes de la familia y algunos amigos, después de tomar las medidas del difunto, van, tras haber informado al jefe del pueblo, al cementerio y excavan la tumba en el lugar que el jefe les haya asignado. Terminada la excavación se manda mensaje a la familia y es entonces cuando comienza el funeral.

                Con Opote quedamos en empezar a las diez. Evidentemente a las diez no había nadie en la iglesia, a pesar de que desde las nueve y media Bakarr estaba tocando la campana. A las diez y media mandé a Alpha, que ya había limpiado los cristales del coche, a casa del difunto a recoger el cadáver. Volvió al rato a decir que aun no estaban preparados porque no habían terminado de excavar la tumba. Cansado de esperar me metí en casa y dije que me avisasen cuando estuviese todo preparado.

                Por fin, poco después de las once, vino Medo a decirme que Alpha acaba de ir a recoger el cuerpo. Fui para la iglesia, me vestí y también lo hicieron Medo y Bakarr, que a falta de otros tuvieron que actuar de monaguillos.

                Recibimos el cuerpo en la puerta de la iglesia y lo conducimos hasta el interior donde colocamos la camilla sobre la que venía encima de dos bancos que habíamos preparado para tal efecto. El cuerpo venía envuelto en una sábana de colores y lo acompañaban algunos de los varones de la familia. Las mujeres, como es tradicional, no acuden al entierro, se quedan en casa, sentadas por tierra en la primera habitación de la casa, hasta que se celebre la ceremonia de los siete días.

                Tras la celebración y la bendición del cadáver salimos de la iglesia y nos preparamos para la procesión hasta el cementerio: primero Bakarr con la cruz procesional, luego Medo cargando sobre la cabeza el barreño con el agua bendita, luego yo y tras mí el coche con el cuerpo y detrás de él la gente cantando.

                A la llegada al cementerio nos esperaban los jóvenes que habían excavado la tumba. También habían abierto un sendero entre la hierba alta y los árboles de la selva para que pudiéramos llegar hasta la tumba. Y es que el cementerio no es más que un trozo de selva que ha sido reservado para ello.

                Cuando llegamos a la tumba la bendije y luego tres jóvenes, descalzos, entraron en ella y puestos de pie, la excavación les llegaba a la altura de las rodillas, recibieron el cuerpo que, una vez que le habían quitado la sábana de colores, aparecía envuelto en el kasankeh. Los jóvenes depositaron el cuerpo en tierra girándolo hacia la pared, como si lo acostasen de medio lado. Luego los dos de las puntas salieron y se quedó el del medio, familia del difunto. Este levantó la parte del sudario que cubría la cara y, con un par de astillas, clavó los bordes en la pared de tierra. Luego desato las ataduras de los pies, de la cintura y del cuello. Terminados estos ritos, salió.

                Entonces toda la tumba se cubrió con ramas y troncos, que ya estaban cortados a medida y encima de ellos se hizo un montón con hojas. A cada extremo de la  tumba se clavo un palo, uno a los pies y el otro a la cabeza, luego se procedió a cubrir todo con tierra. Dos jóvenes iban echando la tierra con palas y otros dos la iban alisando y dando forma hasta conseguir un montículo de tierra roja en el que no se veía ninguna de las hojas que estaban debajo. Entonces se procedió a remover los dos palos que se habían clavado a los extremos de la tumba. Algunos de los jóvenes de la parroquia formaron una cruz de piedras sobre la tumba y yo hice las oraciones finales tras lo cual volvimos a salir por el camino que habíamos llegado. Cerca de la tumba habían colocado un cubo con agua para que todos los que habían ayudado en el entierro pudieran lavarse las manos y los pies.

                Desde el cementerio la gente fue a la casa del difunto a comer y Alpha, Medo, Bakarr y yo nos volvimos a la misión.

                Esta tarde he tenido otro tipo de sorpresas, se ha presentado José Carlos Loroño al improviso. Lo esperábamos mañana para comer y aparece aquí a media tarde. Ahora ha decidido que tiene que repartir el dinero del mes en mano a cada comunidad y no utilizar intermediarios, como se hacía hasta ahora. Parece que ayer por la tarde salió de Freetown y visitó las comunidades de Binkolo y Fadugu, donde durmió. Esta mañana a las siete ya estaba en Kabala y de ahí ha vuelto a bajar haciendo una parada para saludar a José Luis Garayoa en Kamabai y ha llegado a Makeni para comer. Por la tarde ha salido para Kambia y desde allí se ha venido para acá. Con razón dice que tiene el cuerpo molido, pero ya se sabe que sarna con gusto.


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