Esta mañana, mientras yo rezaba laudes y me preparaba para la celebración del domingo, José Carlos apareció en el patio de la casa nueva (él duerme en una de las dos habitaciones de huéspedes junto a la iglesia) y empezó a dar vueltas mientras fumaba un cigarro detrás de otro. Intenté ignorarlo y concentrarme en mis asuntos, pero no pude, desde la ventana frente a la que estaba sentado le veía dar vueltas y fumar y me estaba poniendo nervioso. Decidí salir y hablar con él:
- José Carlos ¿Qué haces dando vueltas por aquí a estas horas de la mañana?
- Tú sigue a la tuyo, yo espero a que uno de los dos salgáis y vayamos a desayunar.
- Si quieres desayunar ya sabes donde están las cosas en la cocina. Hoy es domingo y Bruno duerme un poco más y yo aprovecho para preparar la misa.
Ya me había roto mi rutina dominguera así que le acompañé a la cocina y nos sentamos a desayunar. Ya que José Carlos estaba despierto y con tantas ganas de hacer cosas le pedí que fuera a celebrar a Mabanda y así yo tendría más tiempo para preparar la iglesia porque tenía bautizos de niños. Aceptó y tras estar sentados delante de una taza de café charlando de cuentas y de la economía de la Región javeriana de Sierra Leona por más de una hora, fue a organizar todo para la Eucaristía en Mabanda que era a las ocho y media.
Yo me quedé en la cocina preparando una tarta de galletas Oreo de esas de postres Royal que trae ya todo listo, para la comida.
La misa ha ido bien, con los bautizos de los niños. Después, la congregación se fue a visitar a la familia de Alimamy Momoh, el chaval que enterramos ayer, para darle el pésame y rezar un rosario con ellos. Yo mientras me fui a la cocina y empecé a cocinar, hice carne guisada para acompañar la polenta que luego prepararía Bruno. Mientras, José Carlos que había vuelto de Mabanda a las nueve y media, dormía.
Bruno llegó a preparar su polenta y pasó media hora encendiendo el fuego, porque la polenta para que salga buena tiene que hacerse sobre leña, pero ya se sabe que en esta época del año la leña está bastante húmeda. Mientras esperábamos que llegase Jorge desde Kambia, Bruno probó a hacer unas berenjenas a la brasa que le salieron muy buenas. Con ellas, un poco de morcilla de patata que asamos envuelta en papel de aluminio y una cervecita hicimos el aperitivo. No sabemos si fue al olor de la morcilla asada o el pop de la lata de cerveza al abrirse lo que hizo despertarse a José Carlo. Fuera lo que fuera se nos unió para el aperitivo.
Jorge llegó a la hora prevista, la una, justo cuando Bruno vertía la polenta sobre el plato. Comimos, bebimos, charlamos y nos lo pasamos muy bien hasta que a las cinco de la tarde a José Carlos le dio un ataque de seriedad y dijo que él había venido hasta Madina a revisar las cuentas del mes con Bruno y que tenían que hacerlo, así que Bruno no tuvo más remedio que irse con él a echar cuentas. Mientras, yo despedí a Jorge que se volvía para Kambia.
Lo normal en un día como este hubiera sido pegarme delante de la tele a las seis y media, hora local. Pero había un inconveniente, que con esto de las obras estamos sin tele y teníamos que irnos a cine del pueblo, donde Mr. P. ofrecía la final de la Eurocopa por el módico precio de mil quinientos leones. José Carlos estaba casi convencido de ir allí, pero cuando vio el chiringuito de plásticos de campo de refugiados y la multitud que había dentro, a oscuras, sudando a chorros, y todo eso unido a la humedad y el olor, decidió que fuéramos al John Papa a tomar una cerveza.
Creo que éramos los únicos de toda Madina que no estaba viendo la final y apoyando a España (por la cuenta que les tiene); bueno más tarde me informaron que Farai apoyaba a los alemanes pero eso se debe a una discusión que tuvimos hace algunos meses. Allí estábamos los dos, sentados en el chiringuito, tomando cerveza caliente, porque Sheku no había encendido el generador pensando que en un día como este nadie iría al bar, y hablando de la marcha de la Región Javeriana de la Sierra Leona y sus finanzas, que parece que es el único tema que le pone.
Estábamos en estas cuando se oyó un rugido atronador y una multitud salió disparada del cine e inundó la calle que hasta ese momento había estado vacía, si exceptuamos a algún perro o algún niño. Era el gol de España y la gente lo celebraba bailando. Todos vinieron hasta el chiringuito a describirme la jugada.
Para una vez que llegamos a la final y yo escuchando los problemas de ajuste de presupuestos que le quitan el sueño a José Carlos. Esto de la vida religiosa no es tan fácil como parece.
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