Llevo tiempo sin escribir y es que he pasado las últimas semanas yendo y viniendo a Makeni o Freetown y como que tenía el cuerpo baldado y no me apetecía mucho escribir al final del día. Esta semana ha sido más tranquila pero he tenido que ponerme al día con todo el trabajo atrasado y tampoco me quedaban muchas ganas de escribir.
La gran novedad de estas últimas semanas ha sido el regreso de Bruno el día 26 de noviembre. Alpha y yo fuimos a recogerle a Freetown a donde había pasado desde Lungi. Llegó sin maletas y después de dos semanas estas siguen sin aparecer. A Bruno no le duele tanto el haber perdido la ropa, o los documentos que traía, o la impresora, o el disco duro exterior, sino los salami y el queso y las botellas de vino. Está bastante desconsolado y lo malo es que en la oficina de Brussels SN le dice que ese tipo de cosas no están aseguradas y sólo le han dado cien dólares para compensarle por la ropa.
La otra gran noticia de estos días ha sido el daiman o muerto que ha estado apareciéndose por dos semanas y apaleando gente y tirando piedras a los tejados. Todo el mundo pensaba que se trataba de Fatmata Mónica. Primero se apareció a Papa Turay en su kiosco. Era de noche y Papa dormía allí para vigilar la mercancía. El daiman intentó quitarle los pantalones. Papa salió a la calle gritando y de pronto le invadió un frío terrible, síntoma irrefutable de que había visto a un daiman. El segundo en verlo fue Pa Momoh Kargbo, el padre de Fatmata, la mañana siguiente, cuando muy temprano fue a trabajar a sus tierras. Había dejado las chanclas al borde del camino, como es normal cuando se trabaja en los campos, y cuando volvió a por ellas, una vez terminado el trabajo, no las encontró. Pensando que se trataba de una broma empezó a llamar para que le devolvieran sus chanclas y fue entonces cuando vio al daiman, envuelto en su kasanke, o sudario blanco, con las chanclas en la mano. Pa Momoh corrió descalzo hasta Madina y todo el mundo le vio entrar en su casa sin zapatos, lo que es una desgracia para una persona de su estatus.
El daiman siguió apareciéndose noche tras noche y por la mañana había historias de las últimas apariciones, que si en Kamakwi road, que si en Doble O street, La gente no dormía. Grupos de personas se pasaban la noche sentados en los porches de las casas para que el daiman no les cogiera desprevenido si se aparecía. Otros se pasaban la noche haciendo ruido para ahuyentarlo y los más valientes dormían todos en la misma habitación para protegerse.
Después de una semana, los habitantes de Madina, asustados y cansados, decidieron hacer una colecta de dinero para llamar a un experto en sellar tumbas para que el muerto no pudiera volver a salir de la suya.
Vino el experto, selló la tumba de Mónica con una ceremonia mágica y por la noche el daiman volvió a las andadas. El experto se defendió diciendo que lo más probable era que la muerta estuviese fuera de la tumba cuando él la selló y ahora el problema era que no podía volver a entrar.
Los ancianos de Madina comentaban que desde la fundación del pueblo este era el primer caso del género que se daba aquí. Volvieron a organizar otra colecta, esta vez para capturar al daiman.
Conseguido el dinero se llamó a un nuevo experto, este especializado en capturar daimans. Por dos noches consecutivas el experto, acompañado de un grupo de músicos y otros agregados de Yankambor, recorrió Madina durante toda la noche hasta que por fin al amanece de ayer jueves consiguió capturar al daiman y llevarlo a su tumba.
Ya sólo quedaba la última ceremonia para asegurar que el daiman no volviera a salir a pasear e importunar a los habitantes de Madina. Por horas los ancianos de Madina y muchos de los ciudadanos estuvieron reunidos en la casa del jefe del pueblo, Kompolo Unisa. Al final se decidió proceder con la última ceremonia. Se realizó una última colecta para sufragar la ceremonia y cuando el dinero necesario se recogió el experto se dirigió al cementerio seguido por casi todos los habitantes de Madina.
Al llegar allí excavo la tumba del muerto y ahí vino la gran sorpresa, porque no excavó la de Mónica sino la de Mammy Yeabu, una anciana que murió no hace mucho tiempo. El experto sacó el cadáver envuelto en el kasanke y con un machete lo cortó en diversos trozos. Luego volvió a ponerlo en la tumba y cubrió esta.
La gente quedó muy desilusionada, por dos motivos. El primero porque todos estaban convencidos de que el daiman era Mónica como aseguraban los testimonios de los que la habían visto. Algunos se atrevieron a insinuar que la familia de Pa Momoh Kargbo habría sobornado al experto para que no excavase la tumba de Mónica ya que ello constituiría una desgracia para la familia. Pero la mayor desilusión se debía al hecho de que nadie había visto el cuerpo que había sido mutilado. Muchos recordaban que hace algún tiempo, cuando algo similar pasó en Mayefe y se excavo la tumba del daiman, el cadáver fue llevado al pueblo y expuesto allí para que todo el mundo lo viera sin el kasanke. Fue así como todos pudieron comprobar que el cuerpo estaba incorrupto prueba de que era él el que salía por la noche. Y el cadáver fue despedazado delante de todo el mundo para que comprobaran que la sangre que salía era negra y no roja. Pero en Madina nada de esto sucedió.
A la familia de la muerta descuartizada no le hizo mucha gracia la ceremonia y en cuanto se enteraron empezaron a gritar y recorrer el pueblo pegando gritos. Era la familia de Pa Kalie Kargbo, nuestro vecino. Mammy Yeabu era la madre de una de sus mujeres. El nieto de la descuartizada, Kapril, no estaba en Madina pero sus hermanos de padre empezaron a amenazar a Kompolo Unisa. El más exaltado era Keli que gritaba y golpeaba un cartel de metal que hace publicidad de la cura para la tuberculosis.
Así las cosas, la gente no estaba muy convencida de que se hubiera dado con el verdadero daiman pero esta mañana hemos amanecido sin ninguna noticia de él por lo que la gente ha empezado a decir que posiblemente era verdad que el daiman fuera Mammy Yeabu.
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