CRÓNICAS CANADIENSES 12: GUTTA CAVAT LAPIDEM, NON VI, SED SAEPE CADENDO (20.07.09)
General 3 Comentarios »Sigo intentando recordar cosas como, por ejemplo, dónde estaba yo el día que el Apolo XI llegó a la luna. No lo recuerdo claramente. Entre los laberintos de mi memoria encuentro la alucinación de una noche, recién bañado y con el pijama puesto, comiendo salchichas delante del televisor y viendo unas imágenes de astronautas caminando por la luna. Claro que este recuerdo no tiene por qué coincidir con el pequeño paso de Neil Armstrong, puede corresponder al momento de cualquier otro de los alunizajes que se dieron a lo largo de los años.
Creo que todos esos recuerdos los he ido almacenando en un lugar equivocado, por eso no los encuentro cuando los busco, y en vez de estar en mi memoria los he debido guardar en la sección de cuentos y otras fantasías. Tengo que buscar tiempo y sacarlos de allí para volverlos a archivar en el lugar que le corresponden. Debe ser por eso que tantas veces se me confunden los planos de la realidad y la leyenda.
Hablando de leyendas, una que siempre ha acompañado al ex presidente liberiano, Charles Taylor, es la de su escapada de la prisión americana de máxima seguridad de Plymouth County, Massachusetts, en 1985. Ahora en medio de su juicio, al empezar la parte de su defensa, ha dejado caer una bomba diciendo que en realidad no se escapó sino que fue la CIA quien le ayudó a salir de la cárcel y llegar hasta Liberia para empezar la revolución.
Tampoco es tanta bomba si tenemos en cuenta el historial de la CIA que lleva toda su historia dedicada a armar grupos y provocar guerrillas o golpes de estado y atentados allí donde sus intereses se lo pidan, o acaso ¿no fue la CIA quien armó a los talibanes para que luchasen contra las tropas soviéticas en Afganistán?, por citar solo un ejemplo que todavía colea.
La historia que Taylor ha contado sería, resumiéndola mucho, más o menos así: en 1985 gobernaba en Liberia el Presidente Samuel Doe, el cual debió tener problemas con los Estados Unidos, que consideraban el país africano como una colonia suya, porque los americanos armaron y financiaron a líder militar, Thomas Quiwonkpa, y le animaron a lanzar un golpe de estado. El intento fracasó y pocos días después se produjo la fuga de Taylor.
En aquel momento Taylor estaba en la cárcel de Massachusetts pendiente de su extradición a Liberia donde el gobierno le acusaba de malversación de fondos.
Estando así las cosas, una noche de noviembre de 1985 un guardia de la prisión abrió la puerta de la celda de Taylor y le escoltó desde el área de máxima seguridad a la de mínima seguridad de la prisión donde él echó mano del viejo truco de la sábana atada a la ventana para llegar al pario y desde allí saltar la verja y correr hasta un coche que le estaba esperando, con dos agentes de la CIA, para llevarle a Nueva York y fue desde allí que pudo viajar a Liberia donde empezó a reclutar (¿también con ayuda de la CIA?) a los 168 hombres y mujeres que formaron el NPFL y que partieron para Libia donde fueron entrenados, en una antigua base americana, entre 1987 y 1989, año en que Taylor lanzó su primer ataque en suelo liberiano.
Aquí cada uno puede sacar sus propias conclusiones, como las ha sacado el mismo Presidente norteamericano, Barack Obama, en su reciente visita a Ghana donde dijo, alto y claro, delante del Parlamento: the West is not responsible for the destruction of the Zimbabwean economy over the last decade, or wars in which children are enlisted as combatants. Esto es, que Occidente no es responsable de la destrucción de la economía de Zimbabue que ha tenido lugar durante las últimas décadas o de las guerras donde se enlistan a niños como combatientes.
Aquí se me tira por tierra todo lo que estos años he estado diciendo en mis charlas, entrevistas y escritos contra el uso de menores soldados al negar cualquier implicación de los países ricos.
Yo sigo creyendo firmemente que el uso de menores en conflictos armados es responsabilidad directa del Primer mundo por mucho que el Presidente norteamericano diga lo contrario.
Así lo creo y así lo afirmo cuando tengo la oportunidad, como cuando doy charlas sobre el tema. En estas siempre hago la misma pregunta retórica sobre la guerra y el uso de menores que empecé a hacer en las conferencias que di en el año 2001, cuando Manos Unidas y La Universidad de Comillas me pidieron, por primera vez, contar mi experiencia.
No olvidemos que se usan menores como soldados porque hay guerras y las guerras, por mucho que los medios de comunicación nos las quieran presentar como conflictos étnicos o religiosos, siempre se deben a un motivo económico. No hay una sola guerra que no esconda una lucha por el control de los recursos naturales: pudieron ser los diamantes de Sierra Leona o es el coltán en la República Democrática del Congo o el petróleo en Darfur,
Tampoco podemos olvidar el papel que juegan las armas en este fenómeno, armas que se fabrican cada vez más ligeras, tanto, que hasta un niño de nueve o diez años puede utilizarlas.
¿A quién benefician las materias primas? ¿Dónde se fabrican las armas?
Y al llegar a este punto no olvidemos, por ejemplo, que España sigue siendo el primer exportador de armas ligeras y munición al frica sub-sahariana.
A veces me crea problemas el seguir hablando de los menores soldados de Sierra Leona porque, después de siete años desde que terminó la guerra, ya son todos jóvenes. Hoy día, no existen niños soldados en Sierra Leona sino jóvenes que lo fueron y que han rehecho sus vidas y que ahora afrontan, a pesar de sus traumas y heridas, los problemas que cualquier otro joven sierraleonés pueda afrontar, con la diferencia de que muchos de los que fueron combatientes forzados han recibido una serie de ayudas para reintegrarse a la vida civil que la mayoría de los jóvenes de su país no han recibido.
Pero lo hago, cuento mis experiencias y reflexiones, porque creo firmemente que puede ayudar a concienciar a nuestra sociedad sobre este y otros muchos fenómenos relacionados con él y, de esta manera, intentar frenarlo. Y después de leer lo dicho por Charles Taylor o Barack Obama creo que debería redoblar esfuerzos. Sé que se necesita tiempo y paciencia para cambiar las cosas, y que justo por eso no hay que dejar pasar una sola ocasión de hacer oír la voz de los que no la tienen. Es como la gota de agua que poco a poco horada la dura roca.
Fue por eso por lo que después de mucho pensarlo y reflexionarlo decidí acceder a la petición de la fiscalía del Tribunal especial para Sierra Leona y presentarme en el juicio contra Taylor a dar mi testimonio y contar lo que sabía del uso de menores soldados por parte de las fuerzas combatientes en Sierra Leona.
Fue una decisión que me creó muchos problemas que me llevaron, incluso, a enfrentarme a mi superior y al obispo. Pero como tenía claro que debía dar testimonio y que no lo hacía por mí, sino por los cientos de menores que todavía siguen luchando en tantas partes del mundo y para que se hiciera justicia a las víctimas del conflicto de Sierra Leona, no me importó luchar para estar en La Haya.
En La Haya estuve dos semanas, de las cuales, la primera la pasé prácticamente encerrado en el hotel con fuertes medidas de seguridad hasta que el viernes 18 de enero de 2008 fui escoltado por primera a la sala del juicio. Justo enfrente de la puerta de entrada, al otro lado del tribunal, sentado detrás de sus abogados, se encontraba Charles Taylor, protegido tras sus eternas gafas de tinte amarillo que no me permitieron ver sus ojos cuando le miré fijamente.
Recuerdo que cuando entré en la sala me temblaba todo el cuerpo, pero encontré en la frialdad e indiferencia que desprendía Taylor, la fuerza para llevar adelante mi testimonio.
A diferencia de lo que pasó el día que el hombre pisó la luna por primera vez, las memorias de lo ocurrido en Sierra Leona durante los años de la guerra y las historias escuchadas a cientos de niños están almacenadas en el lugar justo y puedo recuperarlas siempre que quiero porque todavía están muy frescas.
Y por eso me da tanta rabia la hipocresía de Charles Taylor cuando afirma que él nunca vio a menores de 17 en la guerra o la falta de conocimiento de Barack Obama.
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