CRÓNICAS CANADIENSES 15: BILLETE DE IDA Y VUELTA (10.08.09)

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Terminé el mes de julio mal y he comenzado el de agosto peor, con vértigos. Una experiencia nueva en mi vida. Mareos que hacen  que todo de vueltas a mí alrededor y que el estómago se me revuelva (juro que no se debe a haber ingerido alcohol, como algún malintencionado pudiera pensar). El médico, mi prima Mari Carmen Gracia, me ha mandado pastillas que me hacen dormir todo el día. El jueves pasado me acerqué a Badajoz a hacerme un chequeo médico, el que debería haberme hecho cuando llegué a España. También he empezado con masajes y la cosa parece que va mejor. Tengo la espalda hecha polvo del traqueteo de las carreteras de Sierra Leona.

                Esta mañana he ido a mi cita de las once y media con el masajista de Clínica Ruíz de Fisioterapia, aquí en Don Benito. Es una clínica que a mí, que no entiendo de esto, me parece muy moderna, con mucho ordenador, mucho aparato, mucho especialista y mucha gente. Entré en la cabina que me asignaron y, después de quitarme la camiseta, me tumbé bocabajo en la camilla y María, una de las fisioterapeutas, me puso la lámpara de calor apuntando a la zona alta de la espalda y el cuello.

                Estaba yo tan relajado y perdido en mi vacio mental mientras Cadena Dial pinchaba lo último de Bebe, cuando escuché a una señora que hablaba a muy alta voz, como para hacerse notar, y por tanto rompiendo la tranquilidad del lugar:

-        Es que en mi clínica la corriente me la dan con una maquina mucho más grande que este aparatejo que tú me quieres ponerme.

-        Hombre, señora, oí decir a María que con tono sosegado la contestaba- ya sabe usted que cada día estos aparatos se fabrican más pequeños y funcionales.

-        Pues lo dudo mucho porque mi clínica de Cornellá es de lo más avanzado que hay en España.

-        ¿Vive usted en Cornellá? se oyó decir a una tercera voz, masculina, en este caso.

-        Si, llevamos allí muchos años y hemos venido al pueblo a pasar unas semanas contestó la Jordi, que es como se llama por aquí a los emigrantes que vienen de Cataluña.

-        Se habrá enterado de lo de la muerte de Dani Jarque, entonces continuó la voz masculina.

-        Ay no, ¿y quién es ese?

-        El capitán del Espanyol que estaba en Italia y le dio un infarto mientras hablaba por teléfono con su mujer embarazada.

-        Qué pena ¿y era joven?

-        Unos veintitantos años

-        Pues que pena continuó la señora-, tendría usted que ver qué estadio más bonito acaba de inaugurar el Espanyol en Cornellá, es digno de ver, el más moderno del mundo, una maravilla, y en lo mejor de la zona, con decirle que mi hija vive casi enfrente. Ya quisiera el Bar§a tener un estadio como ese.

-        Si lo vi en la tele, muy bonito. Ahora está yendo mucha gente allí a poner flores y velas para recordar al jugador

-        Si es que está visto, todos venimos con un billete de ida y vuelta y cuando se nos agota no hay nada que hacer sentenció la señora.

No sé por qué derroteros continuó la conversación, porque en ese momento entró María a ponerme unos electrodos en el cuello y en la espalda para que empezasen las corrientes de las que se quejaba la señora con anterioridad.

Mientras, yo seguía tumbado bocabajo y mis músculos empezaban a moverse al compás que le dictaba el aparato al que me habían enganchado y Cadena Dial continuaba poniendo la música de fondo. El ambiente era el propicio para relajarse y casi adormentarse, pero mi cabeza empezó a dar vueltas al tema del billete de ida y vuelta del que había hablado la señora. Porque es posible que mucha gente ya nazca con el billete agotado.

Ahora, en Sierra Leona, y en los países de la zona, están sufriendo lo que se conoce como la estación del hambre. Es la época en que se ha plantado todo el arroz que había en la casa y casi no hay comida. Se espera con impaciencia la llegada del mijo en septiembre y mientras se sobrevive a base de patatas y mandioca. Para colmo, agosto es el único mes del año donde no crece nada de fruta, un complemento que siempre ayuda a matar el hambre.

Los principales perdedores de esta situación son siempre los niños. Según las Naciones Unidas, se espera que este año el número de niños malnutridos, la mayoría de ellos en frica, alcance 1 billón de personas. Siendo este el primer año que el número aumenta después de décadas de descenso.

Según la ONG OXFAM, durante las dos últimas décadas se han llevado a cabo todo tipo de esfuerzos en materia de desarrollo en frica, y sin embargo el continente es cada año más pobre. frica es rica en toda clase de recursos, tanto humanos como materiales y ecológicos. El continente encierra:

·         Más del 40% del potencial hidroeléctrico mundial.

·         La mayoría de los yacimientos de diamantes y cromo del mundo.

·         30% de los de uranio.

·         50% de los de oro.

·         100% de coltan

·         90% de los de cobalto.

·         50% de los de fosfato

·         40% de los de platino.

·         8% de los de carbón.

·         8% (que se conozca hasta ahora) de las reservas petroleras mundiales.

·         12% (que se sepa) de las de gas natural.

·         3% de las de mineral de hierro

·         64% de las de magnesio

·         13% de las de cobre

·         Además de grandes cantidades de Bauxita, níquel y plomo por citar sólo algunas.

·         Y sin dejar de lado los millones de hectáreas de tierra virgen que puede ser cultivada.

Algunos autores africanos piensan que un continente que ha sido bendecido con tantos bienes ha tenido la desgracia de contar con una serie de líderes motivados únicamente por la avaricia y que apoderándose de los recursos de sus países se han convertido en hombres muy ricos. Estos autores piensan que gran parte de culpa de la pobreza y enfermedades que arrasan frica la tienen los malos líderes. Además este es un continente donde sus ciudadanos difícilmente pueden cambiar a sus gobernantes.

Ahí está el ejemplo de Teodoro Obiang Nguema, presidente de Guinea ecuatorial, uno de los países más pobres, y él es el 13ú hombre más rico del mundo, justo detrás de la Reina de Inglaterra. ¿Cómo se explica eso? Y ¿Cómo se explica que nuestro gobierno español quiera seguir haciendo negocios con él? Tanto que pregona el nuevo Plan frica el respeto a los Derechos humanos y luego el Ministro de Asuntos exteriores se va para allá con un grupo de senadores y empresarios a ver si España se hace un hueco en los lucrativos negocios de dictador.

¿Qué está antes el negocio o el respeto a los Derechos humanos? Está claro que para nuestro gobierno, a pesar de todo lo que predica, el negocio viene antes que la suerte y dignidad de millones de seres humanos.

Claro que para negocios los de Nadal y Federer que sin contar lo que ganan en premios se ingresan una buena cantidad cada día por publicidad y demás. Federer unos 65.000 euros al día y Nadal, algo más humilde, 49.000. Para ver todos los detalles de la noticia podéis ir a http://ecodiario.eleconomista.es/tenis/noticias/1464390/08/09/Nadal-y-Federer-un-partido-que-vale-una-marca.html

                Por eso pensaba yo que a algunos llegan a este mundo sin ni siquiera un billete de ida y vuelta. Estaba yo perdido en estas fantasías cuando llegó Pedro, otro de los fisioterapeutas de la clínica y empezó con el masaje manual. Hoy me dolió mucho. Trabajo sobre todo el cuello y los hombros. Después de un rato de sobeos y quejas me dijo:

-        José María, nunca me he encontrado con un cuello con más tensión acumulada, no sé cómo has resistido tantos años y no habías venido antes a que te lo viera.
 

CRÓNICAS CANADIENSES 14: CONTRA FACTUM NON ARGUMENTUM EST (30.07.09)

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Es posible que sea verdad eso de que los caminos del Señor no son nuestros caminos, o de que Dios escribe derecho en renglones torcidos, o lo de que los designios del Señor son inescrutables.  Todo esto para decir que a lo mejor Dios no me quería rezando en el Monasterio de el Paular en este momento de mi vida, y que me ha regalado un par de días de asueto y por tanto el hermano Martín, el hospedero del Monasterio, sólo ha sido un instrumento suyo. A mí lo único que me molesta es que ni en la página web del Monasterio, ni las veces que hablé con el hermano Martín por teléfono, se mencionó el tema del vestuario. Tiene todo el derecho del mundo a imponer unas normas dentro de sus muros, pero deberían avisarlo de antemano.

                Yo ya había estado allí varias veces en el pasado y nunca tuve problemas con el vestir, pero las cosas han podido cambiar porque ya se sabe por dónde van los derroteros de nuestra Iglesia. Si me hubiesen avisado no me hubiese importado disfrazarme o echarme mis cuentas y haber buscado otro sitio y ahorrarme el viaje y el estado cataléctico en el que caí.

                El día de autos, cuando el fresquito del Puerto de Navacerrada nos hizo levantarnos de la terraza en la que estábamos sentados, a Pili y a mí, emprendimos el regreso a Madrid y llegamos a punto para aparcar el coche en el parking de la Plaza de España y acercarnos a los cines Renoir a ver si pillábamos una buena película en versión original. Yo hacía mucho que no iba al cine y menos a las salas Renoir, que durante años fueron unas de mis favoritas.

                Encontramos dos películas que empezaban a las ocho de la tarde. Leímos la sinopsis de las dos: la primera era una argentina, No mires para abajo y la segunda una norteamericana The visitor. Optamos por esta última y no nos equivocamos. La película  es una historia de encuentro y conversión que demuestra como la música transciende las fronteras y los conflictos culturales.

                Esa noche, y la siguiente, dormí en casa de Pili. El martes, la primera parte de la mañana la dedicamos a comprar libros en la Fnac. Yo tenía una lista de los que estaba buscando y pude encontrarlos. Compré:

1.      China en frica. Pekín a la conquista del continente africano, de Serge Michel y Michel Beuret, Alianza Editorial, Madrid 2009: un libro que habla del apetito de China por las materias primas y de cómo los chinos seducen a los dictadores porque invierten y no hablan de democracia o Derechos humanos y a los africanos porque construyen carreteras y casas. La pregunta es si Occidente va a consentir quedarse en un segundo plano.

2.      frica más allá del espejo, de Boubacar Boris Diop, Oozebap, Barcelona 2009: el escritor senegalés reúne distintos ensayos con un mismo objetivo, para los atacados y humildes de frica la resistencia  cultural es más imperativa que nunca.

3.      El club de la miseria, qué falla en los países más pobres del mundo, de Paul Collier, Tourner Noema, Madrid 2008: dice el autor que para una quinta parte del mundo mil millones de personas, cincuenta países- nada funciona. Asediados por la pobreza, las guerras civiles y los golpes de Estado, sin comercio ni esperanza, son verdaderos Estados fallidos. Peor aún, en ellos falla hasta lo positivo: las riquezas naturales, la ayuda extranjera o las elecciones democráticas pueden significar una trampa más. Por cierto, estos días he estado leyendo el segundo libro de Collier, Guerra en el club de la miseria. La democracia en lugares peligrosos, Tourner Noema, Madrid 2009.

4.      El desarrollo: historia de una creencia occidental, de Gilbert Rist, Catarata, Madrid 2002: este libro parte de la pregunta, ¿cómo explicar un fenómeno que no sólo aúna las esperanzas de millones de personas, sino que también moviliza importantes recursos financieros y que, pese a todo, parece alejarse, como el horizonte, cuando nos acercamos a él?

Estos son libros que ayudan a pensar y reflexionar, por eso también me permití comprarme Soul man, de José María Mijangos, para reírme un poco en ratos de ocio.

Luego nos fuimos a El Escorial a pasear y relajarnos un poco. El paisaje era precioso. Comimos algo y regresamos a los cines Renoir justo a tiempo para la sesión de las seis y media. Esta vez sabíamos a lo que íbamos. Quería ver la película de Gran Torino. Decía Pili que le costó mucho entender el inglés mascado de Clint Eastwood y la jerga de los pandilleros, pero fue lo mismo, al final nos quedamos pegados a la silla sin atrevernos a levantarnos. Yo lloré porque el tema de la persona que da su vida para que sus amigos se salven sigue emocionándome.

A la salida del cine paseamos por la zona del Templo de Debod. Estuvimos un buen rato contemplando las bonitas vistas que hay desde allí y nos fuimos cuando la gente empezó a acercarse para contemplar la puesta de sol. Terminamos la noche en la zona de Aluche, en la calle Guareña, tomando una copa en un bar que Pili tenía mucho interés en que yo conociera porque tiene botellas de cerveza (vacías) de todo el mundo y entre ellas hay una de Star beer de Sierra Leona.

El miércoles me fui hasta Sevilla a visitar a mi amigo Eduardo Gieb. En todo este tiempo no había tenido tiempo de verle, así que aproveché el cambio de planes para pasar con él algunas horas. Me di cuenta de que había llegado un día tarde a Sevilla, la noche anterior Bruce Springteen había actuado en el Estadio Olímpico de la ciudad y Eduardo, que había estado allí acompañado de otros jueces, secretarios y funcionarios judiciales, dijo que había sido extraordinario, a pesar del calor.

Y es que en Sevilla hacía calor, mucho calor, no se podía estar en la calle. Por la noche también fuimos al cine en versión original, pero esta vez  a ver una japonesa, Despedidas. También estaba muy bien, también iba de cambio y conversión, pero con mucha poesía y un poco lenta, como todo el cine japonés.

Esta mañana cogí el autobús para Mérida y después de comer allí cogí otro para Don Benito. Haré la colada, buscaré otro lugar donde poder tener una semana de ejercicios espirituales y no miren mucho las apariencias y posiblemente el próximo lunes o martes vuelva a irme.

CRÓNICAS CANADIENSES 13: AB IOVE PRINCIPIUM (28.07.09)

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Había planeado terminar mi mes de encierro y alejamiento del mundo con una semana de ejercicios espirituales. Para ello reservé plaza en el monasterio de St. María de El Paular, Rascafría, en la Sierra de Madrid.

Lo tenía concertando desde finales de junio antes de empezar mi fuga mundi y el domingo, día 26, llamé para confirmar que todo seguía en pie. Hablé, como siempre, con el hermano Martín, el hostelero, que me dijo que no había ningún problema y que me esperaban.

Ayer, lunes, madrugué para poder hacer el cambio de lugar de encierro, caminé hasta la estación de autobuses, compré el billete y me subí al autobús que me llevó hasta Madrid. Después de más de cinco horas de viaje llegamos a mi destino, la Estación Sur de autobuses.

Allí me encontré con mi amiga Pili con la que había quedado para que me subiera hasta el Monasterio. Salimos de la estación y empezamos el ascenso. Fuimos despacio, porque hasta media tarde no tenía que entrar en la clausura, disfrutando del paisaje que nos ofrecía la Sierra de Madrid.

A la entrada de Rascafría descubrimos un pequeño restaurante, el Candil, justo detrás de la gasolinera. Nos sentamos a comer, un menú del día, en el jardín. Comimos bien y económico. Charlamos.

Sobre las cinco y media de la tarde llegamos a las puertas del Monasterio, aparcamos y fuimos hasta la portería en busca del hermano Martín. Lo encontramos en la tienda de recuerdos vendiendo merchandise religiosa.

Esperamos a que la familia que compraba dedales de porcelana con  dibujos azules del edificio, terminase sus compras y entonces me presenté. El hermano Martín me contestó:

-                     Muy bien, le estábamos esperando.

-                     Entonces voy a por la maleta respondí yo.
-                     Espere un momento me dijo de nuevo el hermano hospedero mientras ordenaba las cajas de objetos    que había enseñado a los compradores- que termino aquí y le enseño la entrada a la clausura.
-                       Vale,  no hay prisa.
Mientras el hermano Martín terminaba de colocar las cosas y se despedía de los compradores, levantó la cabeza y mirándome fijamente me dijo:

-                        Pero tendrá que cambiarse antes de entrar en el convento.

Yo, que iba vestido como normalmente voy, con mis pantalones de tela sierraleonesa, esta vez en tonos naranjas  y negros, una camiseta naranja y mis chanclas de goma, no entendí, de entrada, que es lo que el hospedero me decía y le pregunté:

-                       ¿Qué quiere decir?

-                         Pues que tendrá que ponerse una ropa más decente.

-                      ¿Y eso que significa?

-                         Pues unos pantalones grises, una camisa y unos zapatos, por ejemplo.

-                         Pero es que no tengo nada de eso, yo todo lo que tengo en la maleta es otro par de pantalones de este tipo, aunque creo que  de otro color, y camisetas.

-                         Pues vestido de esa forma no puede entrar en el convento.

-                         Y. ¿entonces? balbuceé yo.

-                          Tendrá que cambiarse o irse.

-                           En ese caso me voy porque no tengo otra ropa que ponerme.

Emprendí la salida seguido de Pili y el hermano Martín debió venir tras nosotros porque la siguiente escena que recuerdo es la de él parado sobre las escaleras que conducían a la tienda de recuerdos, enfundado en su hábito negro de monje benedictino, diciéndome:

-                       Usted tiene que entender que va a vivir en clausura y tengo que sentarle junto a los monjes.

-                        No se preocupe empecé a responder desde abajo, al pie de la escalera- lo entiendo pero es que no tengo otra ropa, yo vivo en Sierra Leona, y ahora que estoy un tiempo por aquí quería tomarme algunos días para rezar y reflexionar.
Ahí me paré y seguí caminando, acompañado de Pili, hasta el coche donde le dije a esta:

-                        No me lo puedo creer. Sácame de aquí lo antes posible.
Creo que Pili empezó a hablar y a decir algo sobre lo absurdo de la situación, pero no registré sus palabras porque entré en estado catatónico.

Cómo debía estar yo que llegando al Puerto de Navacerrada, Pili decidió parar el coche y nos sentamos en la terraza del  mirador. Era ella la que tomaba las iniciativas: pidió una cerveza sin alcohol para ella y un gin tonic para mí. Luego me dijo:

-                        Bebe algo a ver si reaccionas.

-                        Es que no me puedo creer lo que acaba de pasar respondí yo.
-                        Ni yo. Si no llego a estar presente, me lo cuentas y creo que te lo has inventado para escaquearte del retiro.
Allí estuvimos sentados un buen rato. Pili hablaba para distraerme, pero yo seguía sin reaccionar, hasta que al final me salió:

-                    Y menos mal que me cortado el pelo y no llevo coleta pues entonces no sé que hubiese  pasado.

 


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