HISTORIAS DEL EXÍLIO (7): ENGAÑOS VARIOS (28.12.09)

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Sigo sorprendido por la ferocidad de la lluvia y el viento, y a pesar de eso y de que las fiestas de Navidad han pasado, la gente sigue comprando.

                Este frío invita a dormir. Creo que hacía años que no dormía tanto como lo estoy haciendo en estos días de vacaciones y cuanto más duermo más sueño me entra. Claro que el tiempo también invita a ello.

                En medio a la bruma que me produce el sueño leía en el periódico elmundo.es que la Ministra de Defensa, Carme Chacón, ha visitado a las tropas españolas en Afganistán y en el discurso que les echó dijo que los españoles pueden preguntar legítimamente qué hace España en Afganistán y señaló que el trabajo de las tropas es la respuesta. Y citó: Un hospital, seis clínicas, seis escuelas, tres institutos, 160 kilómetros de carreteras, agua potable, un Ejército y una Policía afganos

                Cada día la Ministra me recuerda más a Fernanda del Carpio, el personaje de la novela de García Márquez Cien años de soledad. Debido a su educación para ser reina nunca llamaba a las cosas por su nombre y de tanto usar eufemismos no había quien la entendiese. Por eso, los demás miembros de la familia se burlaban de ella, así que:

Un día, irritada con la burla, Fernanda quiso saber qué era lo que decía Amaranta, y ella no usó eufemismos para contestarle:
-        Digo dijo- que tú eres de las que confunden el culo con las témporas
Y eso mismo debe sucederle a la Ministra ya que confunde el Ministerio de Defensa con el de Cooperación Exterior y al Ejército español con la Congregación de las Hijas de la caridad.

Un ejército es, por si se le ha olvidado a la Ministra, la institución encargada de la defensa o ataque militar de un estado. Por tanto, si lo que la Ministra quiere hacer en Afganistán es cooperación al desarrollo, debería canalizar el pastón que nos estamos gastando para mantener el Ejército allí a través de la AECID y traerse a los soldados a casa.

Se nos quiere vender lo bueno que somos cuando en realidad no tenemos ni idea de por qué estamos embarcados en una guerra que no es la nuestra.

Por el contrario, el que sí parece tener las ideas muy claras es Rambo o Rambito como se hace llamar desde que así le saludó Iker Casillas en su visita a Madrid.

Resulta que en Madina, todos los años, cuando llega el tiempo de otorgar las becas para la universidad y la escuela secundaria seguimos la misma rutina: Desde que abre el colegio hasta mediados de octubre nos centramos en los que tienen que ir a la universidad y dejamos a los estudiantes de secundaria para más tarde, ya que tenemos un acuerdo con los directores de las distintas escuelas secundarias por el que ellos aceptan a los estudiantes que ya están en el programa y hayan aprobado. Mientras que a los nuevos se les envía con una nota.

                A mediados de octubre empieza la tarea de registrar a los estudiantes de secundaria y comprobar que realmente están asistiendo a clase para pagar su beca. Nunca se da dinero a los beneficiarios sino que se paga directamente a los directores, para evitar trampas.

                Estos días Paulin me envió la lista final de los beneficiarios de becas de la escuela secundaria para que la echara un vistazo antes de que él empezase a pagar. Al mirar la lista me sorprendió que Ambrose S Samura, más conocido como Rambo, no estuviera en la lista y así se lo comenté a Paulin.

                Sabía que Rambo había aprobado el primer curso del segundo ciclo de secundaria y había pasado al segundo curso, equivalente aquí a primero de bachiller. Así me lo había comunicado Patrick en julio y luego me lo volvió a confirmar en septiembre, pocos días antes de que se abriese el colegio, cuando me comentó que fue al mercado a comprarle el uniforme, los zapatos, calzoncillos, camisetas, calcetines y libros. Siguiendo mis instrucciones no le había dado el dinero a Rambo, sino que él mismo le había acompañado a comprar las cosas que necesitaba.

                Por eso me sorprendió la ausencia de su nombre en la lista. Paulin me contestó que lo estaba poniendo a prueba, porque se había enterado de que durante el verano le dijo a uno de los visitantes que pasó por allí que como yo no estaba, este año no tenía quien le pagase el colegio. El visitante se conmovió y le dio la cantidad que necesitaba para pagar las tasas de la escuela.

                Evidentemente, Rambo no utilizó el dinero para el colegio, nadie sabe lo que hizo con él. Cuando se abrió el plazo de registración del programa de becas se presentó en la misión para inscribirse y Paulin, que estaba al tanto de lo sucedido, le hizo sufrir un poco porque dice que no le gusta que se mienta tan descaradamente. Aunque, al final, Paulin, ha terminado pagando el colegio. Me lo confirmaba ayer, en la lista final de becas que me ha enviado.

                Siempre hay alguno de los que pasan por Madina que se dejan conmover por las historias que oyen, lo cual está bien, pero no aprenden que es mejor canalizar la ayuda a través de los cauces ya existentes para evitar este tipo de vivezas. Yo no culpo a Rambo, que sacó partido del buen corazón del visitante seguramente para vivir un par de días una vida de gran señor; es fruto de la cultura de supervivencia que impera en Sierra Leona.

HISTORIAS DEL EXÍLIO (6): INVIERNO (26.12.09)

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He recibido al invierno en Barcelona bajo una especie de diluvio universal que me hacía recordar la estación de las lluvias en Sierra Leona. El frío, la nieve y el agua de los últimos días me han sobrecogido. Otra experiencia que he tenido que rescatar del fondo de mi memoria porque la tenía casi olvidada.

                Refugiándome del frío, tomaba yo un café con dos amigos sacerdotes y venezolanos el otro día y hablábamos de la necesidad o no de usar lenguaje inclusivo en la celebración de la Eucaristía. Yo me inclino por el sí, ellos dos se declaraban escépticos sobre el tema. En Venezuela utilizan el ustedes que es más neutro que nuestro vosotros. Yo, siempre que puedo, introduzco el femenino para hacer más participes a todos y todas.
                Esta conversación venía a raíz de que hace poco, al terminar la misa en la iglesia de las monjas en la que celebro por las mañanas, entró un señor en la sacristía y me dijo:

-        Padre me he dado cuenta de que en las fórmula de la Consagración, usted dice por todos, en lugar de decir, como dice el texto litúrgico, por todos los hombres.

-        Lo sé contesté yo- lo hago a posta intentando resaltar que Jesús se entregó por todos los hombres y mujeres.

-        Pero usted sabe que las palabras de la Consagración no se pueden cambiar.

-        Y por eso yo no las cambio, las adapto.

-        Pero yo he hablado con muchos liturgistas y me han dicho que lo que usted hace no es correcto.

-        Pues yo también he hablado con liturgistas que me han dicho que tengo todo el derecho de hacer lo que hago.

-        No lo dudo, pero los liturgistas que yo conozco son muy cercanos al cardenal Imaginé que se refería al Cardenal Ruoco, Arzobispo de Madrid.

-        Eso no quiere decir que tengan la razón respondí yo, mientras me quitaba el alba, un poco enojado por el tono de voz del señor.

-        Pero además usted sabrá que en español el masculino incluye al femenino.

-        Todo eso lo sé, pero voy a seguir utilizando el lenguaje inclusivo porque creo que aquí es cuestión de justicia y de discriminación positiva, no de gramática ni de dogma de fe.

-        Pues no me deja más alternativa que informar al señor cardenal.

Mientras me ponía el abrigo, le dije al señor que, por favor, no dudara en hacerlo y le di mi nombre completo y mi dirección para que no perdiera tiempo buscando la información.

Días después, leyendo el blog de Ramón Lobo (www.ramonlobo.com), que debería ser lectura obligada para todos, no solo por lo que dice sino también por lo bien que lo dice, me encontré con un post en el que recogía un artículo de Pérez Reverte sobre el lenguaje inclusivo que no tiene desperdicio y me dejó un poco en crisis (www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=patentescorso/pc_06dic09).

Pocos días después, al terminar una charla sobre Sierra Leona, una mujer me dijo que no le había gustado el chiste machista que había utilizado. No entendí lo que quería decirme sobre todo porque no tenía conciencia de haber hecho ningún chiste. Así que insistí hasta que la señora me explicó que se refería a cuando me quejé de los expertos en cooperación internacional que habían burocratizado tanto la gestión de los proyectos, hasta el extremo de que en la presentación de un proyecto para la construcción de un puente me pedían el número de mujeres y hombres que utilizarían el puente para saber si se tenía en cuenta el tema de igualdad de género. Me parecía absurda la pregunta, muy legítima en otros proyectos, porque perdía de vista la utilidad del puente para reducirlo todo a un problema de género.

El tema se está desbordando. Yo seguiré utilizando lenguaje inclusivo en todas las misas pero seguiré riéndome de las normas talibanes que reducen la vida a una ecuación matemática.

Sigue lloviendo y haciendo frío, pero el campo extremeño está precioso. Aquí me he refugiado unos cuantos días a pasar las fiestas con la familia. Como siempre, mucha comida, mucha alegría y Papá Noel que ha vuelto a aparecer, después de tantos años, con el Campos de Castilla, de Antonio Machado.

HISTORIAS DEL EXÍLIO (5): CAMBIO (19.12.09)

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                Este paso efímero por Madrid me ha dejado sin fuerzas. Confieso que tantas luces, villancicos y necesidad de comprar han desbordado todas mis previsiones. Hoy sólo me apetece dormir.

                Empezó  la semana con un zarpazo de invierno siberiano que me heló hasta el hígado. Gracias a Dios, mi corazón todavía sigue en Sierra Leona y, por eso, se ha salvado de congelarse y, por ahora, sigue latiendo. Me emocionó ver la nieve después de tantos años sin ella. Pero con tanto frío me costó discutir con Juan Rubio, el director de la revista Vida Nueva, para suavizar la columna que acababa de enviarle. Cada mes, desde hace ya dos años, escribo una columna mensual en esa revista. Hasta ahora hablaba de cosas relacionadas con frica o Sierra Leona, pero como estoy por aquí, cuento lo que veo en estos parajes. Al final decidimos suprimir alguna frase para no tocarle las ínfulas a algún prelado español.

                El resto de los días ha sido un maratón de reuniones y encuentros para vender el proyecto de Madina al mejor postor. Frío, Metro, cafés, comidas y hoteles. Saludando, riendo, asintiendo, vendiendo. Hay crisis, no nos salen las cuentas y necesito mantener el chiringuito en pie.

Qué perdido me encuentro paseando por las calles llenas de abrigos de pieles y grupos camino de cenas de navidad. A veces me quedaba mirando a algún corrillo de señoras cuarentonas, que con sus gorros de reno, con cuernos y todo, invadía la calle intentando sentirse feliz sólo porque esta estación del año obliga a ello. Las escenas de las mujeres con cuernos, de los niños con pistolas que disparan pompas de jabón o sujetando globos de Bob esponja o su amigo Patricio, se podían entender, pero lo que no me cuadraba eran los grupos de jóvenes con pelucas de colores o de afros, como si se tratase de un anuncio de un número telefónico de información.

                Tanto disfraz: abrigos de pieles, cuernos, pelucas, me hace pensar que en Madrid se vive un continuo carnaval.

                Ni siquiera Sabina me sabe a Sabina en Vinagre y Rosas, se nota que las canciones las escribió en Praga y no en Madrid. Le falta la garra y la acidez que le caracteriza. Es la prueba irrefutable de la evolución, nada permanece inerme aunque a mí me gustase que todo se conservara como vive en mis recuerdos.

                Parece que hasta mi genoma cambia cada día  sin que yo sea consciente de ello o al menos así lo aseguraba, estos días, una noticia de El País: Cada 15 pitillos aparece una mutación en el genoma del fumador. Yo debo sufrir una media de tres mutaciones al día.

                Que ahora las Navidades sean laicas o la cabalgata de Reyes (como la de Mérida) no pueda tener símbolos religiosos, parece lo natural. Hemos perdido la memoria histórica, ya ni nos acordamos de por qué guardamos estas fiestas: para comprar y regalar, no hay mucho más que celebrar.

                Casi no veo la televisión, y por tanto no sé si en los anuncios siguen cantando eso de vuelve a casa por Navidad, que junto a lo de las muñecas de Famosa.. eran la banda sonora de nuestras fiestas de antaño.  La que sí ha vuelto a casa ha sido Aminetu Haidar aunque a costa de que el Gobierno español reconozca la jurisdicción marroquí sobre el Sahara occidental (¿Victoria Pírrica?). Ella ha conseguido poner en la portada de los periódicos e informativos de radio y televisión la lucha de su pueblo. De repente hemos redescubierto el Sahara y hemos tenido ocasión de volvernos a avergonzar del papel jugado por España en estos últimos treinta años. Pero como todo cambia, mañana, una vez levantado el campamento de apoyo a Aminetu en Lanzarote, volveremos a relegar este conflicto al cajón donde escondemos tanta guerra y conflicto olvidado.

                Los que parecen que no vuelven a casa para celebrar la Navidad, son nuestros soldados desplegados en Afganistán. Es más, el Gobierno quiere enviar allí a otros 500 soldados más. Y yo me vuelvo a preguntar que para qué sirvió sacar las tropas de Iraq. ¿Dónde está ahora la plataforma del No a la guerra? También ella ha sido engullida por el cambio y el olvido.

                Yo tampoco regreso a casa, a Madina, por Navidad y me quedo, huérfano de calor y cerveza Star, enredado en el humo de los cigarros.

                Este tiempo de Adviento es tiempo de esperanza e ilusión por lo que no debería quejarme tanto. He tenido la suerte de terminar mi periplo de cada día cenando con amigos que me alegraban la noche, ya que no el día: Con Puy y Montxo que nunca tienen prisa para beber una botella de vino, o dos, o tres, o las que hagan falta, compartiendo historias y planes. O con Elena y David, tan ilusionados, tan llenos de vida, compartiendo proyectos y recuerdos,  y hasta he tomado café con unos vecinos de Sabina que cuentan que le ven llegar piripi todas las noches, y yo que le había creído cuando decía que ya  no cierra los bares. A lo mejor algunas cosas, no muchas, nunca cambian.

HISTORIAS DEL EXÍLIO (4): O FREUNDE (13.12.09)

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¿Cómo puede haber tanta belleza en algo tan abstracto y etéreo como una sinfonía? ¿Cómo pueden agolparse tantas emociones y sentimientos en sólo hora y media?

                Anoche viví una experiencia mística en el Auditorio Nacional de Música escuchando a la Orquesta Sinfónica de Madrid y al Coro Nacional de España, dirigidos por Miguel ngel Gómez Martínez, interpretar la Novena de Beethoven.

                No hay palabras para describir tanto calor. Sólo el gélido aire de la madrugada madrileña, camino del Metro, pudo hacerme volver a la realidad y mirar el suelo por el que caminaba.

                ¿Casualidad? Justo el viernes anterior oía hablar,  por primera vez en mi vida, de la abadesa Hildegard de Bingen. Nos hablaba de ella Felisa Elizondo, en un seminario sobre La mujer en el cristianismo al que me dio por asistir. Felisa nos contaba la vida de esta abadesa alemana que  fue mística, compositora y escritora y que vivió en el siglo doce.  Las Notas al programa del folleto que el acomodador nos entregó, tan cortésmente, al sentarnos, se abren con una cita de esta monja. Nada mejor podría describir la experiencia de anoche:

Soy esa fuerza suprema y ardiente que despide todas las chispas de la vida Mía es la fuerza del invisible viento. Yo mantengo el aliento de todos los seres vivos Yo soy el origen de todo Yo soy la sabiduría. Mío es el tronar de la palabra que hizo nacer todas las cosas. Yo impregno todas las cosas para que no mueran. Yo soy la vida
                No sé cómo dar las gracias a Magacha por tan gran regalo.

                ¿Casualidad? Llevaba meses intentando quedar con Coco, pero nuestras agendas parecían destinadas a no encontrarse nunca. Ayer, mientras Pili y yo tomábamos una cerveza en la cervecería Santa Bárbara, para animarnos un poco antes de coger el Metro en Alonso Martínez, apareció él. Nos saludamos y quedamos en volver a llamarnos a ver si de una vez nuestras respectivas agendas se ponen de acuerdo.

                Estoy de paso por Madrid, pero es imposible caminar por sus calles. La ciudad está preciosa con sus luces, sus árboles y sus zonas peatonales. Da pena irse a dormir, debe ser por eso que acumulo falta de sueño y me digo ya dormiré cuando llegue a Sierra Leona, porque aquí hay mucho que ver.

                Estoy acojonado, me han vuelto a dar los vértigos y no se me van. Estoy otra vez con análisis y pruebas. Pero aquí la sanidad es lenta y se tarda en conseguir citas.

                Todos me echan la bronca porque he dejado de escribir, pero es que con tanto que ver y tanta cerveza, fresquita (no es por hacerle un feo a John Papa) que beber, como que no me queda tiempo para mucho más.

                Pero prometo que, a pesar de estar descorazonado, volveré a escribir las crónicas de este sin vivir que es mi exilio por las calles y plazas de esta España cada día más cañí.


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