Sigo sorprendido por la ferocidad de la lluvia y el viento, y a pesar de eso y de que las fiestas de Navidad han pasado, la gente sigue comprando.
Este frío invita a dormir. Creo que hacía años que no dormía tanto como lo estoy haciendo en estos días de vacaciones y cuanto más duermo más sueño me entra. Claro que el tiempo también invita a ello.
En medio a la bruma que me produce el sueño leía en el periódico elmundo.es que la Ministra de Defensa, Carme Chacón, ha visitado a las tropas españolas en Afganistán y en el discurso que les echó dijo que los españoles pueden preguntar legítimamente qué hace España en Afganistán y señaló que el trabajo de las tropas es la respuesta. Y citó: Un hospital, seis clínicas, seis escuelas, tres institutos, 160 kilómetros de carreteras, agua potable, un Ejército y una Policía afganos
Cada día la Ministra me recuerda más a Fernanda del Carpio, el personaje de la novela de García Márquez Cien años de soledad. Debido a su educación para ser reina nunca llamaba a las cosas por su nombre y de tanto usar eufemismos no había quien la entendiese. Por eso, los demás miembros de la familia se burlaban de ella, así que:
Un día, irritada con la burla, Fernanda quiso saber qué era lo que decía Amaranta, y ella no usó eufemismos para contestarle:
- Digo dijo- que tú eres de las que confunden el culo con las témporas
Y eso mismo debe sucederle a la Ministra ya que confunde el Ministerio de Defensa con el de Cooperación Exterior y al Ejército español con la Congregación de las Hijas de la caridad.
Un ejército es, por si se le ha olvidado a la Ministra, la institución encargada de la defensa o ataque militar de un estado. Por tanto, si lo que la Ministra quiere hacer en Afganistán es cooperación al desarrollo, debería canalizar el pastón que nos estamos gastando para mantener el Ejército allí a través de la AECID y traerse a los soldados a casa.
Se nos quiere vender lo bueno que somos cuando en realidad no tenemos ni idea de por qué estamos embarcados en una guerra que no es la nuestra.
Por el contrario, el que sí parece tener las ideas muy claras es Rambo o Rambito como se hace llamar desde que así le saludó Iker Casillas en su visita a Madrid.
Resulta que en Madina, todos los años, cuando llega el tiempo de otorgar las becas para la universidad y la escuela secundaria seguimos la misma rutina: Desde que abre el colegio hasta mediados de octubre nos centramos en los que tienen que ir a la universidad y dejamos a los estudiantes de secundaria para más tarde, ya que tenemos un acuerdo con los directores de las distintas escuelas secundarias por el que ellos aceptan a los estudiantes que ya están en el programa y hayan aprobado. Mientras que a los nuevos se les envía con una nota.
A mediados de octubre empieza la tarea de registrar a los estudiantes de secundaria y comprobar que realmente están asistiendo a clase para pagar su beca. Nunca se da dinero a los beneficiarios sino que se paga directamente a los directores, para evitar trampas.
Estos días Paulin me envió la lista final de los beneficiarios de becas de la escuela secundaria para que la echara un vistazo antes de que él empezase a pagar. Al mirar la lista me sorprendió que Ambrose S Samura, más conocido como Rambo, no estuviera en la lista y así se lo comenté a Paulin.
Sabía que Rambo había aprobado el primer curso del segundo ciclo de secundaria y había pasado al segundo curso, equivalente aquí a primero de bachiller. Así me lo había comunicado Patrick en julio y luego me lo volvió a confirmar en septiembre, pocos días antes de que se abriese el colegio, cuando me comentó que fue al mercado a comprarle el uniforme, los zapatos, calzoncillos, camisetas, calcetines y libros. Siguiendo mis instrucciones no le había dado el dinero a Rambo, sino que él mismo le había acompañado a comprar las cosas que necesitaba.
Por eso me sorprendió la ausencia de su nombre en la lista. Paulin me contestó que lo estaba poniendo a prueba, porque se había enterado de que durante el verano le dijo a uno de los visitantes que pasó por allí que como yo no estaba, este año no tenía quien le pagase el colegio. El visitante se conmovió y le dio la cantidad que necesitaba para pagar las tasas de la escuela.
Evidentemente, Rambo no utilizó el dinero para el colegio, nadie sabe lo que hizo con él. Cuando se abrió el plazo de registración del programa de becas se presentó en la misión para inscribirse y Paulin, que estaba al tanto de lo sucedido, le hizo sufrir un poco porque dice que no le gusta que se mienta tan descaradamente. Aunque, al final, Paulin, ha terminado pagando el colegio. Me lo confirmaba ayer, en la lista final de becas que me ha enviado.
Siempre hay alguno de los que pasan por Madina que se dejan conmover por las historias que oyen, lo cual está bien, pero no aprenden que es mejor canalizar la ayuda a través de los cauces ya existentes para evitar este tipo de vivezas. Yo no culpo a Rambo, que sacó partido del buen corazón del visitante seguramente para vivir un par de días una vida de gran señor; es fruto de la cultura de supervivencia que impera en Sierra Leona.
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