HISTORIAS DEL EXÍLIO (12) LA ELEGANCIA DEL ERIZO 28.01.10

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Estoy de nuevo en Madrid y me vuelvo a topar con el frío y la nieve. Tengo toda una semana de pruebas médicas, a ver si me encuentran algo que seguro que me lo encontrarán. Que encuentren lo que quieran mientras no me prohíban beber cerveza.

Pues eso, el otro día iba yo al médico a hacerme una radiografía de vértebras y una ecografía de abdomen y cuando salí a la puerta de casa me encontré con una ciudad casi blanca, no tanto como otras veces, y una multitud que caminaba como pisando huevos y que de vez en cuando se paraba a hacer fotos.

Después de la pruebas médicas fui a un bar a desayunar porque, como me habían pedido, había ido en ayunas. Me senté en un taburete, pedí un café solo y un donuts y me puse a leer la contraportada de El País. El bar estaba lleno de oficinistas o funcionarios  desayunando.

Justo detrás de mí, sentados en una mesa, se encontraban una mujer y un hombre dando cuenta de cruasanes a la plancha con mantequilla y mermelada y café. Ella gritaba, más que hablaba, y su conversación interrumpía mi lectura.

Contaba ella que habían pasado el fin de semana en Navalmoral y que no había podido disfrutarlo del disgusto que tenía. Entendí, por la conversación, que el viernes anterior, el cura de la parroquia donde su niña lleva dos años preparándose para la comunión había sorteado los días en los que los niños y niñas la recibirían en el próximo mes de mayo y ella no debía estar muy de acuerdo con el domingo que le había tocado porque decía:

- Pero ¿Qué se habrá creído el cura ese? Decirme a mí cuando tiene que hacer la comunión mi niña, seré yo la que le diga a él cuando me viene bien a mí.
- Creo que suelen hacer lo mismo en todas las iglesias comentó, tímidamente, el acompañante tras beber un sorbo de su café.
- Así le va a la Iglesia como le va. Como sigan así se van a quedar solos. ¿No se dan cuenta de que yo tengo reservado el restaurante de la Florida desde el año pasado? Total no me pidieron nada para la señal, que no se recupera en caso de anularse y ahora va el cura y me dice que cada niño hace la comunión el día que le ha tocado.
Pausó la señora un momento para encender un cigarrillo y continuó:
- Pues a mí que no me toque los ovarios el cura ese porque mi niña va a hacer la comunión el día que tengo reservado el restaurante y si a él no le viene bien, pues pasamos de ir a la iglesia y nos vamos directamente a comer, que total no sé para que nos hace falta que la niña tome la comunión. Lo hago por mis padres más que nada, porque a mí ya ves de lo que me sirve la Iglesia.
- Ya muchos niños no hacen la comunión se atrevió a interrumpir el compañero- aunque claro, después los niños se quedan sin regalos y preguntan porque sus amigos los han tenido y ellos no.
- Pues por eso lo hago, por la niña, porque me puso de una mala leche el cura ese. Ya te lo he contado ¿no? Tenemos el catering elegido desde el año pasado, aunque tenemos que ir a probarlo un día de estos, no me acuerdo cuando. Vamos a ir con mis suegros y mis padres para que nos den su opinión, aunque a ellos todo les va bien. También tengo reservadas unas carpas, qué cuestan un dineral, por si llueve ese día, porque en mayo nunca se sabe si va a llover. Y ahora viene el cura de marras y me dice que ese día no hace mi niña la comunión, pero vamos hombre, ése no me conoce a mí.
- Si ya me lo habías comentado.
- Pues eso, menuda soy yo para que un cura se meta por medio. Mi niña hace la comunión como que me llamo Carmen. No te digo más, esta tarde tengo que llevarla a que se pruebe el vestido.
- Si es que estos curas están espantando a los pocos parroquianos que les queda dijo él.
- Una panda de amargados es lo que son, con decirte que me han jodido el fin de semana del disgusto que me llevé. Por cierto, el campo estaba precioso, estuvimos paseando el sábado por la tarde y a pesar de que estaba todo empantanado me relajó mucho. Mira, te voy a enseñar las fotos, que las llevo aquí en el móvil.
Allí dejé a los dos, ella fumando y pasando fotos en el móvil, él con cara de resignación y mirándolas mientras se terminaba su cruasán.

Me dio pena el pobre hombre que tuvo que tragarse la sesión de fotos. Me dio pena ella que estaba atrapada en el formalismo de la tradición sin sentido.

Como contraposición una película, que ahora que estoy por la capital puedo aprovechar también para estas cosas, El Erizo. La vi en los cines Renoir de Plaza de España. Cuenta la historia de una niña de once años, Paloma, de clase alta, con un plan secreto. Su familia no le hace caso, cada uno carga con sus propios traumas al amparo del status económico que tienen. La portera del inmueble parece una mujer arisca, pero en realidad es una persona culta y sensible. Un nuevo vecino, japonés, y viudo como ella, se da cuenta de lo que esconde la portera. Paloma también logra entrar en el mundo de la portera. Se crea una relación especial entre los tres personajes que poco a poco se sienten mejor mientras que a su alrededor, en el edificio en el que viven, la vida sigue su curso vacio y adinerado. El final vuelve a poner las cosas en su sitio y la realidad se impone. Dura, pero llena de esperanza. Vale la pena.

La película es una adaptación de la novela de Muriel Barbery, La elegancia del erizo.

La realidad se impone, hace frío y mañana tengo más pruebas médicas.

HISTORIAS DEL EXÍLIO (11): SÓLO SEPULTADOS SE NOS VE

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Veo las imágenes de la tragedia de Haití y todo me recuerda a Freetown, el tipo de construcciones, los colores, la gente, es como estar viendo un rincón de Sierra Leona, quizás por eso me ha impresionado mucho más lo ocurrido.

Lo decía El Roto en su viñeta del 19 de enero refiriéndose a las mujeres y los hombres de Haití: Sólo sepultados se nos ve. Años de pobreza y desesperanza en los que nadie se acordaba de los haitianos y de repente se convierten en portada de todos los periódicos y telediarios.

Cuando se cumple más de una semana del terremoto, en medio al caos y la confusión surgen un par de cosas claras:

1. La comunidad internacional se está volcando con Haití: el aeropuerto de Puerto Príncipe está saturado de ayuda humanitaria.

2. Esa ayuda no llega a quien tiene que llegar.

3. Ante la falta de agua y comida la población se desespera y surgen los robos, saqueos y pillajes.

4. El gran circo de la solidaridad está arrastrando a Haití innumerables voluntarios y ONG.

5. El negocio de la solidaridad hace que a las puertas del aeropuerto se concentren cientos de haitianos esperando encontrar un trabajo en alguna de esas asociaciones que les permita salir adelante.

6. Antes del terremoto Haití era el país con mayor número de ONG del mundo, ¿qué hicieron entonces por cambiar la suerte de las mujeres y hombres de este país?

7. A este gran circo se están asomando muchos políticos que sobrevuelan la ciudad en helicóptero, se hacen fotos con el Presidente y a las pocas horas se vuelven por donde vinieron. Curiosamente no se ve ninguna foto de estos políticos tapándose la nariz ante el olor nauseabundo que dicen desprende la ciudad.

8. La ONU ha demostrado una vez más su ineficacia y hasta que no han llegado los americanos allí no había quien pusiera orden.

9. Esto ha despertado los celos de otros países con pretensiones de, también, controlar el país usando como escusa el terremoto: una base en pleno Caribe, cerca de Cuba y de las costas de Florida es una tentación para muchos.

10. La sensibilidad occidental está empujando a que se saquen niños del país y se den en adopción en Europa o Estados Unidos.

11. Las mafias se aprovechan. UNICEF denuncia la desaparición de niños.

12. Los terremotos son clasistas: se han destruido los barrios pobres de Puerto Príncipe pero las zonas ricas casi no han sufrido desperfectos y sus habitantes tienen acceso a la ayuda internacional sin tener que guardar colas ni pelearse por ella.

13. Los hay que están haciendo mucho dinero con la catástrofe: los precios de los hoteles y alimentos se disparan ya que los cientos de periodistas y profesionales de la caridad están dispuestos a pagar cualquier precio por sacar la mejor foto.

14. También los bancos, que no tienen sentimientos, están haciendo negocio cobrando comisiones por los donativos a Haití.

15. Los supervivientes se las ingenian para sobrevivir, como llevan años haciéndolo. Una catástrofe más no va a alterar su forma de supervivencia. Toca empezar de nuevo. Lo habrán hecho tantas veces que ya están acostumbrados a ello.

Para qué seguir. De todas formas me emociona que la gente se solidarice tanto y se le mueva el corazoncito ante una desgracia como ésta. Todo esto hace pensar que el género humano todavía sigue siendo humano.

Para añadir algo al caos: acaba de llamarme una amiga escandalizada por algunos adjetivos que utilizaba, para referirme a Dios, en una entrevista publicada ayer en el periódico Hoy de Badajoz (www.hoy.es/20100123/regional/coger-jesus-como-modelo-20100123.html). Dice ella que espera que no llegue a mis superiores de Madrid.

No creo haber dicho nada nuevo, mi relación con Dios es así y ante tragedias como la de Haití hay algo que se rebela dentro de mí. Pero ya son años que mantenemos esta relación y que, con sus más y sus menos, va saliendo adelante.

HISTORIAS DEL EXÍLIO (10) ¿DÓNDE ESTABAS? (14.01.10)

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Fue el 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos y, aquella vez, la suerte le tocó a Lisboa. A las nueve y media de la mañana de aquel soleado día de fiesta la mayoría de los lisboetas estaban en misa o paseando por las calles de la ciudad. De repente, un enorme temblor sacudió a la ciudad destruyendo la mayoría de los edificios y sepultando a gran parte de la población bajo los escombros.

Los que sobrevivieron al temblor tuvieron que enfrentarse al maremoto (o tsunami) que vino a continuación con olas de hasta veinte metros de altura y que barrió casi toda  la ciudad. Las zonas no afectadas por el maremoto se vieron envueltas en incendios que duraron cinco días en apagarse. Parece que un tercio de la población de Lisboa, unas cien mil personas, murió aquel día.

Toda le litoral atlántico fue víctima del desastre natural. En Marruecos, por ejemplo, se calcula que murieron unas diez mil personas y en Cádiz, la fuerza de las olas rompió las murallas arrastrando sus pesadas piedras mar adentro.

En esta última ciudad, según me contaba mi amiga Margarita Forné el verano pasado cuando recorríamos sus calles, a la gente  le dio tiempo a sacar el estandarte de la Virgen de la Palma y el cura que lo llevaba le plantó cara a las olas y les gritó Hasta aquí habéis  llegado y el mar retrocedió. En la calle de la Palma hay una placa que recuerda la gesta.

Como consecuencia de esta catástrofe Voltaire publicó su famoso Poema sobre el desastre de Lisboa, subtitulado Examen del axioma: Todo está bien. Una crítica a lo que su amigo, Alexander Pope, sostenía: La obra de Dios es perfecta y cada suceso ocupa un lugar preciso dentro de los planes divinos. O lo que, el también amigo de Voltaire, Leibniz, defendía: Habitamos en el mejor de los mundos posibles.

Voltaire se preguntaba: ¿Cómo podemos defender que vivimos en el mejor de los mundos posibles cuando miles de inocentes perecen en una catástrofe natural? ¿Acaso Dios, en su omnipotencia, desea que ocurran semejantes desgracias? Voltaire se atrevía a plantarle cara al optimismo racionalista del Siglo de las luces lanzándole un nuevo axioma: Existe el mal sobre la tierra.

Rousseau fue tocado por las afirmaciones de Voltaire e intercambió cartas con él en las que intentó justificar el mal. Alcanzó a dar una respuesta al mal físico o moral diciendo que nosotros, los seres humanos, somos los causantes de él.

Cuando miramos al terremoto de Haití y vemos las imágenes que periódicos, televisiones e internet nos están transmitiendo, podemos entender que el alto número de muertos se debe a la mala construcción de los edificios que se han desplomado sobre los que estaban dentro. La pobreza del país más pobre de América está detrás de todo esto.

Haití es un trozo de frica en medio del Caribe. Sufrió un colonialismo atroz al que siguió una serie de dictadores que agotaron los pocos recursos de sus gentes. Estados Unidos intervino siempre que quiso para defender a los opresores y acallar las quejas de los oprimidos.

Cuando vivía en el South Bronx de Nueva York, en la parroquia de St. Thomas Aquinas, encontré a muchos haitianos. La mayoría había huido de la pobreza en pequeñas lanchas, arriesgando la vida para llegar a las costas de Estados Unidos. Entre ellos hablaban Patuá (patois) y, sobre todo los jóvenes, escuchaban a los Fugees y a Wyclef Jean. Fueron ellos los que me hablaron, por primera vez, de la miseria de la que huían.

Es verdad que si este mismo terremoto hubiese sucedido en un país más rico, como Japón por ejemplo, el número de víctimas hubiera sido mucho menor porque allí hay dinero para construir a prueba de seísmos. Por tanto podemos aceptar que es el egoísmo humano que genera pobrezas como la de Haití el causante de tanta muerte.

Pero entonces pueden surgir preguntas como ¿Por qué Dios permite que mueran los inocentes en vez de los culpables? ¿Por qué Dios permite la injusticia y la pobreza? ¿Dónde estaba Dios (o Bondye, divinidad máxima del vudú haitiano) cuando la tierra temblaba?

Aquí ya estamos ante el mal metafísico, un tema que lleva años revolviéndome las entrañas. He buscado respuestas en teólogos como Moltmann o Torres Quiroga que no logran convencerme. Pienso que son personas que no han experimentado el dolor o la injusticia en carne propia y que elaboran respuestas desde el sillón de su escritorio (pienso solamente, porque no conozco sus experiencias).

Esta mañana compartía estas reflexiones con Felicísimo Martínez, uno de los teólogos más honestos que conozco, el cual me decía que ante estos temas lo único que cabe es guardar silencio porque nunca podremos entender el misterio de Dios. Es como admitir que el caos, el sufrimiento, el dolor,.. se encuentran más allá del dominio de nuestra razón.

Llevo años dándole vueltas a estas ideas, llevo años cabreándome con Dios cada vez que un niño o una niña me contaban su historia de soldado o esclava sexual, cada vez que me cruzo con un amputado en las calles de Freetown, cada vez que una víctima más me cuenta su dolor, cada vez que veo las imágenes de Haití y no encuentro respuestas. Por eso callo y me trago la impotencia y la rabia pero sigo preguntando.

Ahora todo el mundo se vuelca con Haití. Todas las ONG anuncian las cuentas donde podemos ingresar nuestro granito de solidaridad. También recibo correos que se recrean en el dolor y el horror para pedir donaciones. ¿Quién controlará que las víctimas, de verdad, reciben nuestras aportaciones, que no se utilizan para reconstruir las casas o comprar nuevos coches para las organizaciones, o se destinan a otros programas,  por ejemplo? Me duele este retortijón de solidaridad que de vez en cuando nos da. Seguimos poniendo parches cada vez que se nos toca la fibra sensible pero no queremos comprometernos a hacer de este mundo el mejor de los mundos posibles.

El terremoto también me transmitía preocupación y miedo por Marcela, amiga colombiana que me acogió tantas veces en su casa de Smart Farm en Freetown. Ahora sigue trabajando para Naciones Unidas pero se trasladó a Haití. Al ver las imágenes del cuartel general de la ONU en Puerto Príncipe derrumbado se me agolparon tantos buenos recuerdos que guardo de ellas. Entre muchas cosas le estoy agradecido por haberme descubierto los libros de Laura Restrepo, las copas de vino que compartimos, la cama y la ducha caliente de su apartamento,

Escribí a los amigos que tenemos en común y nadie podía comunicar con ella. Esta tarde, Raquel Rico desde Kinshasa me decía que está a salvo. Ella, Raquel, en cambio, lloraba la muerte de algunos amigos y personas con los que había trabajado y que ahora estaban destinados en Haití.

HISTORIAS DEL EXÍLIO (9): SE BUSCA HISTORIADOR PARA LEONES (07.01.10)

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El nuevo año ha puesto un nuevo país de moda: Yemen. Ahora todas las miradas, empezando por la del hombre más poderoso de la tierra, Obama, se dirigen hacia allí. Es el nuevo epicentro del mal que amenaza a nuestro bienestar.

Un fallo en las redes de seguridad han hecho que todo el mundo hable de este país que hasta hace unos días era un desconocido por la mayoría de la población.

A lo mejor, enredados en tanta celebración y compra, no hemos sido conscientes de lo que realmente ha sucedido y como mucho, hojeando el periódico o navegando en internet, hemos posado unos segundos nuestros ojos sobre los calzoncillos de Abdul Farouk Abdulmatallab que han sido difundidos mundialmente.

El hecho de que los distintos cuerpos de seguridad de Estados Unidos no se hablen entre sí o de que cada uno quiera ser protagonista en solitario, nos está llevando a una situación absurda, a un callejón sin salida. Ya lo decía Groucho Marx, Inteligencia militar son dos términos contradictorios.

El uso de la fuerza no resolverá nada, sólo creará más odio y resentimiento. Razón tiene mi amiga María cuando, en su sabiduría, me comenta que debería saber que las guerras nunca se ganan. Y si es así ¿Por qué nuestros políticos siguen provocándolas? ¿No habrá una salida pacífica, dialogada, a todo ese sinsentido? ¿Hasta dónde podremos tensar el arco? No creo que mucho más.  Pero nuestros gobiernos siguen optando por esta alternativa porque genera mucho más negocio y riqueza para nuestras empresas. Los señores de la guerra se sientan en los Consejos de Ministros de occidente o en los Consejos de administración de las grandes compañías americanas y europeas.
Mientras, los ciudadanos, ignorados y arrinconados, pagamos las consecuencias y en aras de la seguridad se nos puede humillar y vejar sin que tengamos derecho a protestar.

Dice un refrán africano, Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.
Podríamos adaptarlo a la nueva realidad mundial diciendo que hasta que las víctimas tengan sus propios historiadores,
No me he levantado muy optimista hoy, debe ser la depresión post-vacacional y para colmo de males, ahora, está entrando otra ola de frío polar. Creo que he elegido el peor invierno de las dos últimas décadas para quedarme por aquí.
Los Reyes magos, si de verdad son magos, ya podrían habernos traído un mundo distinto, en vez de tanta colonia. Bueno a mí no me han dejado colonia sino una bufanda, un jersey y un bolso muy moderno que debe ser una indirecta para que jubile de una vez mi mochila.
Por cierto, Yemen tiene petróleo y grandes reservas de gas natural.  Si no, ¿cómo iba a molestarse el mundo occidental en volver sus miradas hacia ese país?

HISTORIAS DEL EXÍLIO (8): NI AYER NI MAÑANA (01.01.10)

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El nuevo año ha amanecido sin lluvias, con un poco de sol, pero con mucho frío y viento. Es un respiro después de tanta agua caída en los últimos días de 2009. Esperemos que este solecito sea un augurio de que todo va a ir mejor en este nuevo año.

                El 2010 lo he recibido de forma insólita, como hacía muchos años que no recibía a un año nuevo: sentado delante del televisor, viendo las campanadas de la Puerta del Son y comiendo las doce uvas. Durante muchos años lo había recibido en la cama, durmiendo. Espero que este cambio también suponga un buen augurio.

                Otra innovación ha sido que se me ha olvidó bajar a misa este primer día del año nuevo. Ahora entiendo lo que la gente sentía en Madina en un día como hoy cuando la iglesia estaba prácticamente vacía. Yo insistiendo en que había que comenzar el año rezando y pidiendo a Dios que nos ayudase y la gente pasando de mí y preparándose para los outings, fiestas, del primero de enero. Siempre la fiesta ha tenido más poder que la iglesia.

                Lo que me ha desilusionado un poco, todo hay que decirlo, ha sido que el comer las doce uvas ya no supone ningún trauma. Yo recordaba el rito como un momento en el que todos se ahogan, se atragantan, estaba el que empezaba antes, el que no era capaz de terminárselas, Ahora las uvas vienen peladas y sin pepitas y ni siquiera saben a uvas, con lo que todo en mucho más fácil.

                Tan sorprendido estaba poniéndome al día con la tradición de recibir al año nuevo que se me olvidó formular un deseo para este año. Podía haber deseado tantas cosas, buenas o malas, pero se me pasó la oportunidad. Así que he decidido tomar prestados los deseo de otro y hacerlos míos, aunque tengan más de once años ya:

Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas,
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de tí el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

Bueno, también podéis verlo y oírlo en: www.youtube.com/watch?v=Fp8EglljBho

 


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