Veo las imágenes de la tragedia de Haití y todo me recuerda a Freetown, el tipo de construcciones, los colores, la gente, es como estar viendo un rincón de Sierra Leona, quizás por eso me ha impresionado mucho más lo ocurrido.
Lo decía El Roto en su viñeta del 19 de enero refiriéndose a las mujeres y los hombres de Haití: Sólo sepultados se nos ve. Años de pobreza y desesperanza en los que nadie se acordaba de los haitianos y de repente se convierten en portada de todos los periódicos y telediarios.
Cuando se cumple más de una semana del terremoto, en medio al caos y la confusión surgen un par de cosas claras:
1. La comunidad internacional se está volcando con Haití: el aeropuerto de Puerto Príncipe está saturado de ayuda humanitaria.
2. Esa ayuda no llega a quien tiene que llegar.
3. Ante la falta de agua y comida la población se desespera y surgen los robos, saqueos y pillajes.
4. El gran circo de la solidaridad está arrastrando a Haití innumerables voluntarios y ONG.
5. El negocio de la solidaridad hace que a las puertas del aeropuerto se concentren cientos de haitianos esperando encontrar un trabajo en alguna de esas asociaciones que les permita salir adelante.
6. Antes del terremoto Haití era el país con mayor número de ONG del mundo, ¿qué hicieron entonces por cambiar la suerte de las mujeres y hombres de este país?
7. A este gran circo se están asomando muchos políticos que sobrevuelan la ciudad en helicóptero, se hacen fotos con el Presidente y a las pocas horas se vuelven por donde vinieron. Curiosamente no se ve ninguna foto de estos políticos tapándose la nariz ante el olor nauseabundo que dicen desprende la ciudad.
8. La ONU ha demostrado una vez más su ineficacia y hasta que no han llegado los americanos allí no había quien pusiera orden.
9. Esto ha despertado los celos de otros países con pretensiones de, también, controlar el país usando como escusa el terremoto: una base en pleno Caribe, cerca de Cuba y de las costas de Florida es una tentación para muchos.
10. La sensibilidad occidental está empujando a que se saquen niños del país y se den en adopción en Europa o Estados Unidos.
11. Las mafias se aprovechan. UNICEF denuncia la desaparición de niños.
12. Los terremotos son clasistas: se han destruido los barrios pobres de Puerto Príncipe pero las zonas ricas casi no han sufrido desperfectos y sus habitantes tienen acceso a la ayuda internacional sin tener que guardar colas ni pelearse por ella.
13. Los hay que están haciendo mucho dinero con la catástrofe: los precios de los hoteles y alimentos se disparan ya que los cientos de periodistas y profesionales de la caridad están dispuestos a pagar cualquier precio por sacar la mejor foto.
14. También los bancos, que no tienen sentimientos, están haciendo negocio cobrando comisiones por los donativos a Haití.
15. Los supervivientes se las ingenian para sobrevivir, como llevan años haciéndolo. Una catástrofe más no va a alterar su forma de supervivencia. Toca empezar de nuevo. Lo habrán hecho tantas veces que ya están acostumbrados a ello.
Para qué seguir. De todas formas me emociona que la gente se solidarice tanto y se le mueva el corazoncito ante una desgracia como ésta. Todo esto hace pensar que el género humano todavía sigue siendo humano.
Para añadir algo al caos: acaba de llamarme una amiga escandalizada por algunos adjetivos que utilizaba, para referirme a Dios, en una entrevista publicada ayer en el periódico Hoy de Badajoz (www.hoy.es/20100123/regional/coger-jesus-como-modelo-20100123.html). Dice ella que espera que no llegue a mis superiores de Madrid.
No creo haber dicho nada nuevo, mi relación con Dios es así y ante tragedias como la de Haití hay algo que se rebela dentro de mí. Pero ya son años que mantenemos esta relación y que, con sus más y sus menos, va saliendo adelante.
Comentarios Recientes