CHARLES TAYLOR DECLARADO CULPABLE, ¿Y AHORA QUÉ?

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

Esta mañana, el Tribunal Especial para Sierra Leona ha declarado a Charles Taylor, antiguo señor de la guerra y ex presidente de Liberia, culpable de crimenes de guerra. Es la primera vez, desde los juicios de Núremberg, que un jefe de estado es condenado por un tribunal internacional. Un hito histórico para la justicia penal que refuerza la opinión de que no hay lugar a amnistías para los criminales a pesar del tiempo transcurrido o la edad de los acausados. Esto es un claro mensaje para los dictadores y los señores de la guerra que deberían ser conscientes de que a partir de ahora no les será fácil cometer, impunemente, los crímenes a los que están habituados. Sin embargo, esta decisión judicial no deja de ser una victoria agridulce para las víctimas de los conflictos de Liberia y Sierra Leona.

Charles Taylor en La Haya. Foto Jerry Lampen/AFP/Getty Images vía The Guardian.

Muchos años y mucho dinero ha costado llegar a esta decisión. Yo creo que la espera ha valido la pena, aunque no podemos detenernos aquí. Hay que seguir trabajando para que la justicia internacional llegue a todos.

El fallo demuestra que Charles Taylor ayudó y aconsejó a los rebledes sierraleoneses a pesar de conocer los atrocidades que estos estaban y que también les proporcionó armas, comunicaciones y alojamiento y apoyo en Monrovia. El presidente del tribunal, Richard Lussick, también ha dicho que mientras en público Taylor apoyaba el proceso de paz en Sierra Leona, por detrás apoyaba y armaba a los rebeldes.

El 30 de mayo se conocerá la sentencia y, entonces, nos enteraremos de los detalles de la condena. Todo indica que Charles Taylor será trasladado a Reino Unido, país que se ha ofrecido para custodiarlo en prisión. El resto de los condenados por este Tribunal cumplen condena en suelo africano. Por eso, a mí, que me gusta cuestionar todo, me sorprende este hecho y me pregunto si Londres no querrá tener al ex señor de la guerra a seguro para que no hable demasiado y se descubran los trapos sucios de las guerras de Liberia y Sierra Leona. No cabe duda de que se trata de un tema que en este momento nos supera.

Durante décadas, Karl Dönitz, que asumió la presidencia alemana tras el suicidio de Hitler, era el único jefe de estado condenado por un tribunal internacional. Ahora ya son dos.

En 1990, Charles Taylor, en una entrevista de la BBC, declaró que “Sierra Leona experimentará la amargura de la guerra y un año después, el Frente Unido Revolucionario (RUF), liderado por Foday Sankoh, inició un conflicto que se prolongó durante 11 años. Ahora, queda demostrado que Taylor apoyó, financió y se benefició de la guerra de Sierra Leona y de las actividades del grupo rebelde, al que proporcioné armas a cambio de diamantes que utilizó para su enriquecimiento personal. El RUF es responsable de miles de muertes, amputaciones de manos y piernas, violaciones y abusos sexuales, secuestro de niños y niñas para ser utilizados como soldados y esclavas sexuales, destrucción de infraestructuras… Todo ello con el único objetivo de controlar las minas de diamantes del país.

Ya hablamos en su momento de la relación de Taylor con la CIA y con Gadafi y de las muchas preguntas que deja sin resolver este juicio con respecto a los apoyos e intereses en juego detrás del ex presidente liberiano y de las guerras en Liberia y Sierra Leona, en la entrada titulada Una de espías. También abordamos el tema de cómo la justicia internacional parece estar cebándose con el continente africano, mientras que no muestra la misma resolución a la hora de enjuiciar a líderes occidentales, al comentar la sentencia, en este caso del Tribunal Penal Internacional, de Thomas Lubanga.

Con el fallo de hoy, prácticamente, termina al trabajo del Tribuna Especial para Sierra leona, el cual se salda, además de esta resolución, con la condena de otros ocho señores de la guerra* que están cumpliendo penas de entre 25 y 52 años en la cárcel de Mpanga, en Ruanda. De los otros imputados por el Tribunal, tres murieron: Foday Sankoh, Sam Bockarie (Moskita) y Hinga Norman. Otro, Johnny Paul Koroma, logró escapar y ha generado un sinfín de rumores sobre su suerte: algunos afirman que está muero y otros que sigue luchando en alguna de las guerras africanas y que un día regresará para vengar a sus compañeros.

El que se hayan empleado tantos recursos y esfuerzos para llevar ante la justicia solo a 13 personas es una de las muchas críticas recibidas por este organismo. Pero su mandato era muy claro: juzgar solo a los máximos responsables. Desde un principio, los fiscales tuvieron que decidir hasta dónde llegar en la persucución de los criminales de guerra, una opción condicionada por los medios disponibles y que nunca ha estado exenta de críticas por parte de todos los sectores de la sociedad.

El proceso contra Taylor es el único que fue trasladado a La Haya, a la sede del Tribunal Penal Internacional, por razones de seguridad. Los otros se celebraron en las facilidades que el Tribunal Especial construyó en Sierra Leona.

Charles Taylor en sus años de señor de la guerra. Foto Getty Images vía BBC.

Recuerdo el primer día que entré en la sala del Tribunal, en La Haya, donde había sido llamado por los fiscales para dar testimonio como perito en menores soldados. Era enero de 2008. Seguía a la funcionaria que me guiaba a través de innumerables medidas de seguridad y de repente, sin estar preparado para ello, me encontré de frente con Charles Taylor. Estaba sentado detrás de sus abogados, al fondo de la sala, y llevaba unas gafas de cristales amarillos que no permitían verle los ojos con claridad. A pesar de ello, intenté mirarle fijamente, sosteniendo la mirada. Era la primera vez que tenía delante a esa persona, quizás el único de los grandes señores de la guerra sierraleonesa al que no me había enfrentado personalmente, hasta ese momento. Fueron unos segundos muy duros, miles de imágenes y de historias fluyeron en mi cabeza. Quería saber quién era ese hombre que había causado tanta muerte y sufrimiento.

La actitud de desprecio e indiferencia del ex señor de la guerra ante todo lo que pasaba a su alrededor me reforzó en el convencimiento de que era necesario que contase al Tribunal todo lo que sabía. A Taylor, que estaba sentado a mi izquierda, solo podía mirarlo directamente las veces que yo que salía o entraba en la sala. Por eso, no pude apreciar si mi testimonio produjo algún efecto en él. Solo dos veces, al inicio de la declaración, me interrumpieron unos ruidos provenientes de su parte; parece que intentó levantarse y abandonar la habitación, pero los guardias de seguridad se lo impidieron y le obligaron a permanecer sentado.

En Liberia, las últimas semanas, mientras se esperaba la sentencia, se creó un gran debate sobre el juicio. Hay varias cosas que parecen preocupar especialmente a los liberianos en este asunto: que Charles Taylor sea juzgado por los crímenes cometidos en Sierra Leona y no por los muchos de los que es responsable en su propio país, que los señores de la guerra liberiana solo hayan sido reprobados por sus acciones por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que nunca hayan sido llevados ante la justicia  y  que en la actualidad  muchos de ellos ocupen cargos públicos, incluso en el Parlamento nacional. Tal es el caso de la ex mujer de Taylor, la que fuera primera dama del país durante años, Jewel Taylor, que hoy es senadora y en febrero pasado presentó en la Cámara una propuesta para penalizar la homosexualidad. La señora Taylor sigue defendiendo la inocencia de su ex marido.

Ella y los hijos del ex presidente han estado presentes en la lectura del veredicto invitados por el Tribunal Especial. Solo ha faltado el hijo mayor, conocido como Chucky Taylor que cumple sentencia en Florida, Estados Unidos, por crímenes cometidos durante la guerra.

Menores soldados durante la guerra de Sierra Leona. Foto AP vía BBC

En cambio, en Sierra Leona el acontecimiento no parece haber despertado tantas pasiones. Mañana, 27 de abril, es el aniversario de la independencia, 51 años. Es fiesta nacional y los ciudadanos están pensando más en ir a la playa u organizar bailes que en la transcendencia de esta sentencia. Solo en Freetown ha habido algo más de movimiento. Allí, el Tribunal Especial ha preparado un gran acto en el que ha reunido, en sus premisas, a más de 800 invitados para presenciar en directo la lectura del fallo en una pantalla gigante. Entre los asistentes estaban representantes de los Paramount Chief (reyes tribales), políticos, victimas y miembros de la sociedad civil. También, las distintas radios del país han retrasmitido en directo el acontecimiento.

Charles Taylor es un personaje que, quizás, ninguna de las víctimas del conflicto sierraleonés identifica con su suerte. Igualmente sucede con el resto de los líderes que puedan estar en prisión. A ellas les preocupa más los cientos de jefes y jefecillos rebeldes con los que tuvieron que verse todos los días, de los que directamente recibieron todo tipo de abusos y vejaciones y que nunca han sido llevados ante la justicia. Y es más, la mayoría de ellos se han beneficiado de los programas de reinserción de ex combatientes, mientras que las víctimas no han recibido ningún tipo de compensaciones.

En mi libro Los hombres leopardo se están extinguiendo (PPC), cuento como al volver de La Haya me enteré de que mi testimonio había sido emitido por la radio traducido al krio. Mucha gente lo había escuchado, también Mammy Fatu, a la que me encontré una mañana cuando ella iba camino del mercado con un enorme cesto de bonga, pescado seco, sobre la cabeza. Me llamó y nos saludamos:

-Gracias por lo que has hecho -me dijo con mucha emoción.
-¿Qué he hecho? – contesté un poco sorprendido.
-Te he escuchado hablar en la radio. Todos me dicen que fuiste muy lejos para hacer ese discurso. Te doy las gracias por contar lo que ha pasado en este país. No es bueno que se olvide, todo el mundo debería conocerlo para que no se repita otra vez. Por eso te doy las gracias, por todas las molestias que te tomas en hablar de mi país a tus amigos los blancos.

Le di las gracias a Mammy Fatu por sus palabras, pero ella continuó hablando:

-Yo nunca conocí a Charles Taylor, ni a Foday Sankoh, ni a Moskita, ni a ninguno de esos grandes líderes de los rebeldes y que dicen que ahora están en la cárcel. Sin embargo, conozco muy bien al Coronel Sidi. Él fue quien le dio un arma a mi hijo y le obligó a ser un soldado. Fue también el Coronel Sidi quien se llevó a mi hijo a luchar a Guinea y cuando lo mataron y trajeron el cuerpo para enterrarlo, me dijo que si lloraba me mataba, porque eso significaba que era una traidora, que no creía que mi hijo fuera un héroe que había muerto defendiendo una causa justa.

Tras una pequeña pausa, Mammy Fatu continuó:

-Ya nadie me devolverá a mi hijo. Yo no quiero que le pase nada malo a Pa Sidi, yo no quiero que lo metan en la cárcel, no quiero que lo maten como le sucedió a mi hijo. Estoy contenta de que ahora tenga un trabajo y haga bien y se gane la vida honradamente. Yo sólo quiero que me dejen llorar a mi hijo muerto.

Mammy Fatu se encuentra todos los días con Pa Sidi en la aldea de Madina, donde los dos viven. Se saludan, se miran y siguen caminando. Ella me hizo caer en la cuenta que las víctimas de los conflictos raramente reciben justicia.

Víctimas del RUF durante la guerra sierraleonesa. Foto AP vía BBC.

No cabe duda de que la resolución del Tribunal Especial para Sierra Leona es un hito histórico, que ha hecho justicia, que supone un gran avance en la lucha contra la impunidad de los criminales de guerra y violadores de derechos humanos, que lanza un claro mensaje a todos los dictadores y señores de la guerra…

Pero también deja en el aire cuestiones como por qué estos tribunales internacionales, incluido el Tribunal Penal Internacional, nunca llegan hasta los verdaderos responsables de los conflictos, no juzgan a los que financian y favorecen las guerras desde las capitales occidentales, no se cuestionan el comercio legal e ilegal de armas, ni el expolio de las materias primas que está detrás de estas acciones…

Sobre todo, queda por resolver el problema de hacer justicia a las víctimas civiles de los conflictos y reparar su dolor. Por eso, no podemos recrearnos en la pequeña-gran victoria que supone este fallo. Hay que seguir trabajando para que la Justicia Internacional sea verdaderamente ciega y llegue a todos, que no solo se cebe en los más débiles, que tenga el valor y los medios para investigar todos los aspectos de los crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos y para que de una vez por todas sirva para satisfacer y reparar a las víctimas.

*Se trata de: Alex Brima (AFRC), Moris Kallon (RUF), Brima Kamara (AFRC), Issa Sesay (AFRC), Agustine Gbao (RUF), Moinina Fofana (CDF), Allieu Kondewa (CDF) y Santigie Kanu (AFRC).

Debate sobre la educación (I)

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

La diferencia entre que un niño muera o viva puede depender, en muchas ocasiones, de que su madre sepa leer o no”, me decía Mammy Amara, una enfermera sierraleonesa. “Cuando las mujeres vienen a la clínica les explicamos cómo hacer suero para rehidratar a sus hijos en caso de diarrea, luego les damos un papel con las explicaciones. En el momento de preparar el medicamento, las que saben leer van a poder hacer la mezcla exacta de azúcar, sal y agua, que hará posible que el bebe no muera”. Educar a las niñas es clave para que África salga de dónde está. Lo dijo Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que tenemos para cambiar el mundo”.

Todas las fotos ONG DYES

Hoy día, serán muy pocos los que duden de que la educación de las niñas y las mujeres no es solo una cuestión de respeto a los derechos humanos de la mitad de la población mundial, sino también un fuerte potencial para lograr el desarrollo económico y mejorar el acceso a la salud, a la nutrición y a la participación ciudadana.

Sin embargo, si hojeamos el World Atlas of Gender Equality in Education (Atlas mundial de igualdad de género en la educación), presentado por la UNESCO el pasado 8 de marzo, nos daremos cuenta de que la realidad que se vive en la mayoría de los países del África subsahariana es muy distinta.

No hay duda de que en las últimas dos décadas ha crecido considerablemente el número de niñas que asisten a la escuela. Ellas son las principales beneficiarias de los tremendos esfuerzos que se están haciendo para conseguir la escolarización primaria universal, sobre todo desde que en 1990 la UNESCO lanzara su programa de Educación para todos. Muchos países han logrado la paridad de género a nivel de educación primaria, pero el acceso a la educación secundaria todavía es un reto para muchas chicas del África subsahariana.

Todas las fotos ONG DYES

Mi experiencia, supervisando cincuenta escuelas primarias en la selva de Tonko Limba, en el norte de Sierra Leona, es que después de mucho trabajo con las familias y la población en general conseguimos que las niñas fueran escolarizadas en la misma medida que los niños. En el primer curso de primaria, los dos géneros están siempre muy equilibrados, pero, poco a poco, las niñas empiezan a desaparecer. En sexto, el último curso de primaria, de los 100 alumnos que empezaron en primero, solo quedarán unos 10, de los cuales 8 serán niños y 2 niñas. De esas 2, como mucho 1 pasará a la escuela secundaria y es muy probable que nunca la termine.

La pobreza, la falta de interés de las familias, el que se opte por educar a los varones antes que a las hembras, los trabajos domésticos de los que son responsables tras la escuela y que muchas veces les impiden estudiar y hacer los deberes, los embarazos no deseados, los matrimonios forzados, los abusos de los maestros (el abuso sexual por parte de maestros a sus alumnas es algo muy común a pesar de estar perseguido por la ley), las faltas de condiciones higiénicas que hace que los días que tienen periodo decidan quedarse en casa…, son todos elementos que influyen en la desaparición de las niñas de las escuelas.

A pesar de ello, cuando se visita cualquier ciudad o aldea africana da la impresión de que todos los niños, niñas y jóvenes están escolarizados. La multitud de uniformes que invaden las calles a primera hora de la mañana así lo haría creer. Se trata de una marea multicolor que se expande por todas partes. Sin embargo, en África subsahariana todavía hay 31 millones de niños y niñas que están sin escolarizar.

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Esto no se puede atribuir a que la falta de esfuerzos por parte de la mayoría de los gobiernos africanos. En la última década el gasto público en educación en África ha crecido más de un 6% de media anual. Así lo indica otro informe de la UNESCO, titulado Financing Education in sub-Saharan Africa. Meeting the Challenges of Expansion, Equity and Quality, publicado en abril de 2011.

El aumento en inversión ha sido la causa de algunos buenos resultados. El informe dice que entre 2000 y 2008, el número de niños y niñas en escuelas primarias aumentó en un 48% -de 87 millones se pasó a 129. Igualmente, los alumnos en educación infantil, secundaria y terciaria crecieron algo más del 60% durante el mismo periodo.

Pero como se ve, todavía queda mucho camino por recorrer antes de conseguir la plena escolarización en el continente. En África las cifras imponen respeto: el 47% de la población es menor de 15 años y las estimaciones dicen que el segmento de 5 a 14 años crecerá más de un 34% en los próximos 20 años. Esto puede traducirse en 77 millones de nuevos estudiantes.

Este crecimiento de la población, junto con la crisis económica, va a forzar a muchos gobiernos a tomar decisiones muy drásticas. También habrá que estar pendiente de si el previsible descenso de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de los países tradicionalmente donantes, influye, de alguna manera, en las políticas educativas del continente. La AOD para educación en África subsahariana es de unos 2.6 billones de dólares anuales, lo que indica que gran parte de los presupuestos educativos de estos países depende de ella, y en algunos casos, como en Guinea, Malí, Ruanda o Zambia, supone más del 50%.

Todas las fotos ONG DYES

Como no parece haber perspectivas de que los recursos domésticos y los provenientes de los donantes aumenten en los próximos años, los gobiernos africanos tendrán que tomar decisiones muy difíciles: ¿A dónde deben destinarse más fondos a las escuelas primarias o a las secundarias? ¿Qué es más importante el acceso universal a la educación o la calidad de la educación?

El informe de la UNESCO señala que en la actualidad la mayoría de los países subsaharianos gastan 10 veces más en un estudiante universitario que en un alumno de primaria. También dice que 8 de cada 10 dólares que se gastan en un universitario provienen de los fondos del propio gobierno, no de los donantes. La pregunta es si un país que no puede ofrecer educación primaria a todos los niños y niñas debe cubrir el 80% del coste de los alumnos universitarios, que, normalmente, provienen de las familias ricas o cercanas al gobierno. Quizás la clave esté en priorizar la educación primaria, destinando más recursos y medios a este fin. Aunque también existen los que defienden lo contrario, es decir, invertir más en la educación universitaria.

Como se ve, este es un tema abierto a todo tipo de opiniones, por eso seguiremos profundizando en él en próximas entradas.

EL FUEGO DE LOS ORÍGENES

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

¿Qué es la tradición africana? ¿Existe una cultura tradicional africana? ¿Qué es lo tradicional en Congo-Brazzaville, tu país, por ejemplo, para ser más concretos? Le pregunto al profesor Emmanuel Dongala. Él me mira, medita, baja los ojos hacia la revista de Mundo Negro que tiene entre las manos, me vuelve a mirar y me dice: No lo sé, todo está mezclado, ya no hay nada puro. Las culturas y las personas están siempre en movimiento y cambian, no sería capaz de decirte qué es lo tradicional de África o de mi país o de mi gente.

La pregunta me surgía de la lectura de su libro El fuego de los orígenes, en el que Dongala cuestiona, continuamente, el mundo tradicional africano y desmonta muchos mitos para, después de bastantes páginas, preguntarnos si podemos vivir sin nuestras raíces, sin saber de dónde venimos, aunque no sepamos a dónde vamos.

Mandala Mankunku (el que derriba a los poderosos), el protagonista que descubre la inutilidad de los antepasados, los regentes de la tradición, que pasa toda la novela debatiéndose sobre si someterse a la tradición o pasar de ella, cuando se encuentra viejo y cansado regresa a su lugar de nacimiento y no puede hacerse a la idea de que los antepasados estuvieran “enterrados y bien enterrados, y que ya no eran los regentes de ese nuevo mundo tecnocrático”.

Conversamos en un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, antes de que comience la conferencia, organizada por Casa África, que ha venido a impartir. Siempre me gusta volver a mi Universidad y ver que, después de 28 años, las buenas tradiciones continúan: el césped estaba lleno de gente tomando el sol, bebiendo cerveza Mahou, jugando a las cartas, besándose o simplemente charlando. Los pasillos de la facultad casi vacios y en la conferencia muy pocos alumnos (imagino que no daban créditos por asistir a ella).

Emmanuel Dongala en la UAM. Foto Chema Caballero.

¿Cómo definirías al África de hoy, del siglo XXI? Contradictoria, me responde. Por un lado vemos que muchas cosas se están moviendo en la dirección correcta, que están cambiando para bien, pero otras parecen que retroceden, que van a peor. África siempre está enredada en este dilema, se balancea hacia adelante y hacia atrás. Mira lo que acaba de pasar en Malí, un país que era ejemplo de democracia y los militares han dado un golpe de estado. Por otro lado, fíjate en Senegal, las elecciones han provocado un cambio pacífico de presidente. Senegal marca el camino a seguir, pero al mismo tiempo tenemos que convivir con situaciones como la de Malí.

¿Está África preparada para la democracia? Le pregunto. Por supuesto que África está preparada para la democracia, me responde. Pero esta no es cuestión de magia sino que se necesita trabajar todos los días para construirla. Por unos momentos queda en silencio, mira como distraído y luego prosigue: África no está fuera del mundo, tiene los mismos problemas, las mismas soluciones, las mismas reglas sociales que el resto del mundo.

Sin embargo, parece que los africanos no saben resolver ninguna diferencia sin echar mano de la violencia, le provoco. No, no es verdad, eso es lo que se cuenta aquí, pero no se recurre a la violencia más de lo que se hace en Europa o en América.

El fuego de los orígenes plantea estas y muchas otras cuestiones, que, en definitiva, son las mismas que han acompañado al ser humano desde su aparición sobre la tierra: ¿es el progreso una huida hacia adelante?, ¿puede el ser humano sobrevivir a la angustia de la nada?, ¿es justa una sociedad que no acepta las diferencias?, ¿es el amor más fuerte que las leyes?, ¿quién o qué nos otorga el título de humanos?… De ahí el título de la novela. Aunque es algo que no se puede explicar, que hay que leer para entender.

Estación de autobuses de Brazzaville. Foto virtualturist

Una historia que recorre la colonización y la independencia de África para afirmar que el presente está en manos de los jóvenes que no tienen miedo y para los que “nada les era ya imposible”.

Emmanuel Dongala cree firmemente que los jóvenes de las ciudades serán los que consigan cambiar África. Ellos están educados, tienen acceso a las nuevas tecnologías, ven en televisión los mismos partidos y escuchan la misma música que cualquier joven de Europa. Ellos tienen la información y al mismo tiempo viven la frustración: no tienen luz, no tienen agua corriente, no pueden seguir estudiando, no encuentran trabajo… Son los jóvenes urbanos, no los de las zonas rurales, los que están expuestos a todas las novedades, los que viven en un mundo que está continuamente cambiando. Es una raza nueva, muchos de ellos ni siquiera hablan la lengua de su gente. Por ejemplo, en Brazzaville la mayoría solo habla lingala, una lengua que no pertenece a ningún grupo étnico, y no quieren saber lo que pasa en las aldeas del interior o conocer las tradiciones que los ancianos se empeñan en mantener.  Este es un cóctel que va a estallar en cualquier momento. Espero que sea de forma positiva, porque hay mucha frustración. Serán ellos los que cambien a África para mejor, insiste.

Este escritor y doctor en físicas es famoso por la respuesta que da cuando se le pregunta que por qué escribe. Él responde siempre con la misma pregunta ¿por qué la gente hace el amor?

Yo oí hablar de él por primera vez en la selva del Tonko Limba, en Sierra Leona, cuando una tarde calurosa  apareció un coche envuelto en el polvo rojo del camino y de él se bajo un francés que decía llamarse Jean-Stéphane Sauvaire. Había llegado hasta allí para pedirme que leyera el guión que había escrito para su próxima película: Johnny Mad Dog. Me dijo que como iba sobre menores soldados quería saber si la historia era creíble. Tambié me comentó que se había inspirado en la novela del mismo nombre escrita por Emmanuel Dongala. En mi siguiente viaje a Europa busqué una copia y en el aeropuerto de Bruselas pude comprar una en inglés. Fue todo un descubrimiento para mí, un autor lleno de pasión que sabe desgranar el día a día de África como muy pocos pueden hacerlo. Evidentemente, me quedo con el libro.

Él no parece estar del todo contento con la película, pero tampoco le disgusta. Lo que menos le gustó fue que eliminaran la historia de amor entre el protagonista y la chica, eso le daba un aspecto más humano a Johnny, me dice.

Es tiempo de terminar la charla, la conferencia va a comenzar, así que hago mi última pregunta: ¿Hacia dónde camina África? Emmanuel Dongala sonríe y me dice que debemos ser optimistas a pesar de que el panorama no esté claro. Hay signos que nos ayudan a pensar que las cosas irán a mejor, algunos países están haciendo bien, la economía está mejorando, son los jóvenes los que están haciendo posible todo esto, por lo tanto no podemos más que ser optimistas.

Antes de despedirnos le pido que me firme mi ejemplar de El fuego de los orígenes y escribe, en castellano: “Por mi amigo CHEMA, el libro de nos orígenes”.

Os dejo con un vídeo que recoge una lectura suya de algunos pasajes de su libro Little boys come from the stars, en inglés, vale la pena escucharlo hasta el final.

Emmanuel Dongala, El fuego de los orígenes. Barcelona, El Cobre Ediciones, 2009.

UN CONTINENTE INFELIZ

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

“Se ve que son muy pobres, pero la sonrisa de los niños nos muestra los felices que son aquí, ya quisiéramos nosotros ser tan felices como ellos”. ¿Quién, viviendo en África o enseñando las fotos de sus aventuras, no ha tenido que oír esta afirmación u otras similares? El tópico de la felicidad de los negritos -son felices con lo poco que tienen- parece no ser verdad. Todo indica que, también en esto, nos tenían muy engañados. O al menos, así lo ponen de relieve unos expertos que han demostrado que los países menos felices del mundo están en África subsahariana.

Niñas sonriendo. Foto Dominio público

Un informe titulado World Happines Report, publicado hace pocos días, asegura que 8 de los 10 países más infelices del mundo son africanos: Togo, Benín, República Centroafricana, Sierra Leona, Burundi, Islas Comoras, Tanzania y Congo Brazzaville.

El estudio se hizo público en la sede de Naciones Unidas con motivo de la celebración, el pasado 2 de abril, del encuentro sobre Wellbeing y Happiness: Defining A New Economic Paradigm. La reunión responde a una Resolución de la Asamblea General de la ONU adoptada en julio de 2011. Esta fue aprobada bajo la iniciativa del reino de Bután y tiene como objetivo animar a los distintos gobiernos a promover la felicidad de sus ciudadanos.

La clave de todo esto parece pivotar sobre la afirmación de que la felicidad no tiene que depender de la economía y por eso se buscan fórmulas para medir este estado de ánimo más allá de los baremos monetarios.

Niño jugando con una cometa. Foto Vicente Baos

El estudio asegura que los países más felices del mundo son los nórdicos: Dinamarca, Noruega, Finlandia y Holanda y que los más infelices, como hemos visto, están en África subsahariana. Para, a continuación, decir que la riqueza no tiene nada que ver con la felicidad.

El informe ha sido editado por tres prestigiosos estudiosos: John Helliwell, de la Universidad de British Columbia, Richard Layard, cofundador de Action for Happiness, y el profesor de económicas Jeffrey Sach.

Niños bailando en la región de Turkana, Kenia. Foto Dai Kurokawa/EFE vía 20minutos.

Algunas de las conclusiones del informe son:

  • Que no solo la riqueza nos hace felices, también cuentan la libertad política, la existencia de una estructura social fuerte y la ausencia de corrupción, entre otros factores.
  • A nivel individual, el poseer una buena salud mental y física, tener un trabajo y ser parte de una familia estable son elementos esenciales.
  • El paro es una de las principales causas de infelicidad.
  • El crecimiento económico de un país no determina la felicidad de sus habitantes.
  • En los países desarrollados las mujeres tienden a ser más felices que los hombres, mientras que en los más pobres no está tan claro.
  • Las personas de mediana edad tienden a ser más infelices.

La falta de verdadera libertad política, la corrupción, la ausencia de servicios públicos de salud, la carencia de una red de salud mental, las altas tasas de paro (sobre todo juvenil que en algunos países llega al 80%), el gran índice de analfabetismo…, pueden ser factores que expliquen por qué los países más infelices del mundo se encuentran en África subsahariana.

Niños en la RDC. Foto The Forbiden Meat.

Sin embargo, de la lectura del texto surgen algunas dudas. Por ejemplo, si los países más felices son los más ricos y los más infelices los más pobres, entonces algo tendrá que ver la economía, la distribución de la riqueza…, en todo esto. Para que un país sea más feliz debe acercarse al pleno empleo o dar buenos servicios sociales a sus ciudadanos y eso depende mucho de la riqueza del estado, creo yo.

Otra cosa que no me cuadra de este estudio es que si la economía no tiene tanta influencia en la felicidad de las personas por qué la conferencia a la que el informe sirve de apoyo se basa en buscar un nuevo paradigma económico que será presentado en la Cumbre de Río+20 que, organizada por Naciones Unidas, se celebrará el próximo mes de junio para hablar sobre desarrollo sostenible. Así podríamos seguir, pero tampoco viene al caso.

Parece que de los distintos elementos señalados por los expertos, lo único que les quedaría a los africanos es la familia. Pero también hay mucho mito sobre este tema. La famosa familia amplia africana, que se alaba como modelo de solidaridad y apoyo, en bastantes ocasiones se convierte en una carga para el individuo que ha conseguido un trabajo y en uno de los principales elementos por el que muchas personas no pueden progresar económicamente en sus vidas.

Niñas en una escuela de Sudáfrica. Foto Microsoft.

Posiblemente, el aspecto positivo de este informe es que pone de manifiesto que los gobernantes deben prestar más atención a políticas que primen la felicidad de los ciudadanos junto con la reducción de la pobreza. También refuerza lo que desde hace algún tiempo algunos economistas y sociólogos vienen señalando: que el Producto Interior Bruto (PIB) de los países no refleja en su totalidad la situación económica y social de los ciudadanos y que por eso hay que buscar nuevos instrumentos de medición.

Se podría recurrir al de Felicidad Interior Bruta (FIB), aquel indicador propuesto por Jigme Singye Wangchuck, en 1972,  cuando era rey de Bután. Esto es algo que subyace constantemente en el informe.

Jóvenes moliendo cacahuetes. Foto Fundación Carolina

Sea como sea, la realidad es que de los 156 países de los que habla el estudio el más feliz del continente africano parece ser Islas Mauricio que aparecen en el puesto 64 de la lista. El siguiente, en el puesto 71, es Argelia. Son los dos únicos que están por encima de la mitad del elenco. Grandes países como Sudáfrica (96) y Nigeria (100) o los representantes del milagro económico africano Ghana (108) o Angola (135), están mucho más abajo. Y, para terminar con las estadísticas, de los 52 países más infelices del mundo, 34 son africanos.

Para los curiosos, España ocupa el puesto 22, por encima de Alemania, que está en el 30, a pesar de tener mucho menos paro y mejores servicios sociales que nosotros.

Aquí va la lista de los distintos países africanos estudiados (no están todos) y el lugar que ocupan, según el informe, para que cada uno saque sus propias conclusiones:

64 Islas Mauricio
71 Argelia
81 Libia
87 Túnez
90 Sudáfrica
95 Yibuti
97 Namibia
100 Nigeria
101 Egipto
105 Marruecos
108 Ghana
109 Zambia
110 Mozambique
111 Somaliland
113 Mauritania
114 Malaui
117 Botsuana
124 Sudán
125 Senegal
126 Camerún
128 Uganda
129 Madagascar
132 Ruanda
133 Costa de Marfil
134 Kenia
135 Angola
136 Guinea
137 Níger
139 Etiopía
140 Liberia
141 República Democrática del Congo
142 Zimbabue
143 Malí
144 Burkina Faso
145 Chad
148 Congo Brazzaville
149 Tanzania
151 Islas Comoras
152 Burundi
153 Sierra Leona
154 República Centroafricana
155 Benin
156 Togo

¿Qué pasa en… Azawad?

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Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país”

El pasado viernes, 6 de abril, el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA) emitía un comunicado proclamando “el Estado independiente de Azawad” (norte de Malí). El escrito, fechado en la ciudad de Gao y firmado por Billal Ag Acherif, Secretario General del MNLA, también reconoce las fronteras en vigor y su inviolabilidad, se adhiere a la Carta de las Naciones Unidas y se compromete a crear la condiciones para una paz duradera y a establecer los fundamentos de las instituciones de un Estado basado sobre una Constitución democrática. Dos días antes, este mismo grupo había declarado el fin de las operaciones militares tras considerar que Azawad había sido liberado.

La Unión Africana (UA) ha rechazado esta declaración de independencia y su presidente, Jean Ping, ha pedido a la comunidad internacional que haga lo mismo.  La Unión Europea y Francia, antigua potencia colonial y con fuertes intereses económicos en la región, tampoco la han reconocido. La pregunta ahora es si habrá una intervención militar para obligar a los tuaregs a permanecer dentro de las fronteras impuestas por las metrópolis coloniales allá por el siglo XIX, si se negociará, o si la fuerza de los hechos consumados seguirá su curso y Azawad se convertirá en el 56º estado africano. Las materias primas y la seguridad del Magreb serán los elementos claves que determinarán el destino de esta nación.

Milicianos del MNLA celebrando la independencia. Foto MNLA.

El 17 de enero, las fuerzas del MNLA lanzaron un ataque contra la ciudad de Ménaka, en el norte de Malí y, a partir de ahí, se inició la “liberación” de Azawad. Ha sido una operación rápida facilitada por el golpe de estado que un grupo de militares, liderados por el capitán Amadou Sanogo, dio en Malí el 21 de marzo. Estos soldados decían estar movidos por la debilidad que mostraba el gobierno del presidente Amadou Toumani Touré frente a la rebelión de los tuaregs.

Otro factor que también ha influido en esta situación es el flujo de armas procedentes de Libia que, tras la caída del régimen del Coronel Gadafi, ha inundado la región. Al mismo tiempo no hay que descartar el apoyo que grupos cercanos a Al Qaeda, como Ansar el Din o Al Qaeda en el Magreb islámico (AQMI), habrían otorgado al MNLA.

El conflicto de Azawad, como muchos de los que existen en África, tiene raíces coloniales. Malí fue un país diseñado por los franceses que dejaron a la minoría tuareg del norte bajo el control de un sur más bien hostil hacia ellos.

Tuaregs. Foto Getty Images

Los tuaregs son una etnia con una población estimada en 1.5 millones de personas. Se encuentran repartidos entre Malí, Níger, Argelia, Libia, Burkina Faso y Mauritania. Su lengua es el targuí. Presumen de ser el único pueblo africano, junto con el etíope, que tienen su propia escritura, el tifinagh. Son, en su mayoría, nómadas y se mueven en su área de acción sin prestar mucha atención a las fronteras nacionales, lo cual se ve facilitado por residir, predominantemente, en el desierto. Viven de la cría de ganado (cabras y camellos) y del comercio.

Este pueblo siempre se ha considerado marginado tanto por los poderes coloniales, como  por los nuevos estados surgidos tras la independencia de las colonias. En muchos casos se les ha considerado extranjeros en sus propios países, negándoles, por ejemplo, su inscripción en los registros civiles o en los de votación cuando se celebran elecciones.

Se ven muy amenazados por la desertificación que se vive en el Sahel, lo cual ha llevado a que cada vez se intensifiquen más los conflictos con los pueblos agricultores (principalemente del sur) por los pastos con los que alimentar a sus ganados.

Estos días releía Crónica del país de los negros (*) y Viajes a las regiones interiores de África, de Mungo Park (**), para reafirmarme en la idea de que esta zona siempre ha sido conflictiva y propensa a la revuelta.

Tuareg. Foto Malcolmallison

En los tiempos modernos, los tuaregs, hartos de su discriminación y del colonialismo, se han rebelado en diversas ocasiones. El primer intento de liberarse del dominio extranjero dio lugar al levantamiento de Ag Mohammed Wau Teguidda Kaocen, entre 1916 y 1917, en las montañas de Air, en el norte de lo que ahora es Níger. Kaocen formó una coalición tuareg para oponerse a los franceses, pero la traición de sultán de Agadez, que permaneció leal a los europeos, inclinó la lucha a favor de estos últimos.

Con la independencia de Malí, en 1960, los tuaregs no fueron integrados en el nuevo gobierno. Este impulsó una ley de reforma de la tierra que atentaba contra las tierras tradicionales del pueblo del desierto, por lo que este se rebeló en 1961. El ejército de Malí llevó a cabo una fuerte represión que supuso la masacre de pueblos y aldeas enteras. Como consecuencia, muchos tuaregs se vieron obligados a refugiarse en los países vecinos. La falta de suministros y la tierra devastada llevó a los rebeldes a firmar un alto el fuego vergonzoso en 1964 por el que no conseguían ninguna concesión.

Las sequías, y consecuentes hambrunas, de 1973-1974 y de 1984-1985 vieron desaparecer gran parte del ganado tuareg, lo que obligó a muchos jóvenes a emigrar a las ciudades, principalmente de Argelia y Libia. En este último país, Gadafi incorporó varios miles de ellos en su ejército.

Un nuevo levantamiento tuvo lugar entre 1990 y 1996 en Níger y Malí, apoyado por Gadafi. Concluyó con los acuerdos de paz de Uagadugú de 1995 en los que se reconocía cierta autonomía a los tuaregs y se daba solución a las quejas de los militares de esta etnia concernientes a que no se les permitía ascender en los ejércitos de Malí o Níger.

Debido al lento proceso de desmovilización e integración de los antiguos rebeldes en la vida civil o en las fuerzas armadas y a que algunos políticos tuaregs perdieron sus puestos en el gobierno de Bamako, una nueva rebelión surgió en febrero de 2007. Este nuevo conflicto produjo gran número de refugiados y se terminó gracias a que Argelia ayudó a negociar un alto el fuego con Malí, mientras que Libia hacía lo mismo con Níger, en 2009.

Malí y Azawad. Mapa Geopolicraticus

Al menos por el momento, la rebelión de 2012 ha conseguido su  objetivo y ha declarado la independencia del territorio, gracias a una operación militar que ha durado prácticamente tres días. Azawad es el nombre con el que los tuaregs conocen la región norte de Malí, la cual comprende tres áreas, con capitales en Gao, Kidal y Tombuctú, respectivamente. Se trata de un territorio, prácticamente desierto, que tiene una extensión similar a la de Francia y Bélgica juntas. Posiblemente, Tombuctú será la capital del nuevo estado.

Según todas las noticias, el éxito de la operación hay que otorgárselo, mayoritariamente, al MNLA. Este se formó con exiliados tuaregs residentes, principalmente, en Argelia y Libia y lanzó su primera acción en 1990. Posteriormente, se unió a la Unión de Movimientos y Frentes de Azawad (UMFA) una coalición de diversos grupos tuaregs. Otros opinan que este movimiento no existía previamente y que es el resultado de la unión de distintos grupos tuaregs llevada a cabo a finales de 2011. Lo cierto es que tras el desmoronamiento del régimen de Gadafi, muchos tuaregs que eran parte de su ejército huyeron y se unieron a las filas de MNLA.

Hay informes que dicen que otros grupos, como hemos señalado más arriba, también han participado en esta ofensiva y que incluso, en el momento actual, hay divisiones entre ellos, por lo que se desconoce la capacidad del MNLA para controlar todo el territorio.

El grupo Ansar Dine, que en árabe significa “defensores de la fe”, fue formado por el comandante tuareg Iyad Ag Ghaly, líder de la rebelión de 1990-199 y personaje clave en las negociaciones de paz que pusieron fin a la revuelta de 2007. En febrero, este grupo lanzó un vídeo en el que decía que su objetivo era imponer la ley islámica, la sharia. Los informes dicen  que Ag Gahly está en control de Tombuctú y que está obligando a las mujeres a usar el velo y les ha prohibido llevar pantalones, entre otras cosas.

En esta ciudad apareció, el miércoles 4, junto a Mokhtar Belmokhatar, líder de Al Qaeda en el Magreb islámico (AQMI), grupo que estaría en poder, junto con el Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO) -que también dice haber tomado parte en los combates- de 13 rehenes, entre ellos dos españoles. Este es uno de los negocios, unido al del contrabando de drogas y personas, con los que se financian estas organizaciones. Parece posible que Belmokhatar sea el principal responsable de la compara de gran parte del arsenal libio y su posterior distribución por el Magreb.

Combatientes tuaregs del MNLA. Foto Terra.es.

Es la presencia de estos grupos ligados a Al Qaeda lo que posiblemente presente un obstáculo a la hora de que la comunidad internacional reconozca la independencia de Azawad. Los países occidentales no consentirán que una zona tan estratégica pueda estar en manos de extremistas que ellos mismos no dirigen.

Tampoco permitirán que sean estos grupos, y sus aliados, los que controlen las materias primas de la zona. La Cuenca de Taoudeni (que Azawad comparte con Mauritania y Argelia) es rica en petróleo. A pesar de lo aislado y peligroso del lugar, distintas compañías han estado haciendo prospecciones, entre ellas Baraka Petroleum (australiana), Sonatrach (argelina), Eni (italinana), Total (francesa), Woodsida (australiana) y la Compañía Nacional de Petróleo de China.

En octubre de 2008, Total empezó a perforar en la parte mauritana y para mediados de este año, la compañía argelina Sonatrach tenía pensado hacer lo mismo en el norte de Malí (Azawad).

Hay que tener en cuenta que permitir la independencia de Azawad estaría lanzando un mensaje a los tuaregs que se encuentran en los países vecinos, los cuales también podrían reivindicar tal cosa. Nada indica que, a pesar de lo declarado en el comunicado de independencia, se respeten las fronteras establecidas. Al mismo tiempo, los grupos cercanos a Al Qaeda se podrían sentir animados por los primeros éxitos y lanzar  nuevos ataques en otros países de la zona.  De hecho, noticias de última hora hablan de grupos de tuaregs fuertemente armados en Burkina Faso, cerca de la frontera con Costa de Marfil.

Este podría ser el caso de Níger donde en el pasado prendieron varias de las revueltas del norte de Malí, especialmente en torno al Macizo de Air. Es en esta región donde Francia consigue alrededor del 30% del uranio que utiliza en sus centrales nucleares. En 2009, la compañía francesa Areva invirtió más de 1.500 millones de dólares en la zona para la construcción de la segunda mina más grande del mundo de este mineral.

Evidentemente, Francia, antiguo poder colonial y principal actor extranjero en toda esa región, tiene muchos intereses en juego y su posición será de gran peso a la hora de determinar el futuro de Azawad.

Combatientes del MNLA. Foto MNLA

Se está barajando una intervención militar. La Comunidad de Estados del África Occidental (CEDEAO), que ha jugado un gran papel en la condena del golpe de estado en Malí y en buscar una salida al mismo, tras proclamar nula y sin efecto la declaración de independencia, parece optar por esta solución y dice estar dispuesta a enviar tropas. Por su parte, Argelia, cuyo cónsul en Gao y otros seis miembros de la delegación fueron secuestrados (acción reinvindicada por MUYAO) y, posteriormente, liberados el domingo 8, estaría desplegando tropas en la frontera con Malí. Este país también ha rechazado la independencia de Azawad pero, por el momento, descarta la intervención extranjera.

Esta es la misma resolución acordada en la reunión celebrada en Nuakchot, el domingo 8, entre Algeria, Mauritania y Níger, vecinos del nuevo estado.

La opción militar no terminaría con el problema tuareg. Nunca la violencia pone fin a la violencia. Volvería a crear más resentimiento y frustración, como ha sucedido con las revueltas anteriores. Se necesitan soluciones políticas, no militares. Esto requiere que todos los poderes interesados en el conflicto empiecen un diálogo contructivo, sin posicionamientos cerrados ni presunciones. Al mismo tiempo, el MNLA tendría que ser fiel a lo proclamado en su declaración de independencia, optando por métodos democráticos, adhiriéndose a los principios de la Carta de Naciones Unidas y distanciándose de todos los elementos terroristas y criminales que puedan existir en su entorno.

Por el momento, sobemos que la región está inmersa en una fuerte crisis desatada por la sequía y la hambruna del Sahel. Además, el conflicto ha generado miles de refugiados, y todo tipo de violaciones de derechos humanos, como siempre sucede en estas ocasiones, por muy noble y legítima que pueda ser la causa.

(*) Crónica del país de los negros, Tarij as-Sudan. España, Editorial Almuzara, 2011.
(**) Viajes a las regiones interiores de África, Mungo Park. A Coruña, Ediciones del Viento, 2008.


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