DÍA DE FIESTA (05.11.07)

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Bruno y yo estamos como Úrsula Iguarán, persiguiendo hormigas por toda la casa. Las hay de todo tipo, tamaños y colores y encima se han dividido las habitaciones.

La cocina está llena de hormigas rojas y grandes que hacen filas por las paredes limpiando todo lo que encuentran a su paso. El comedor es el reino de unas hormigas negras y pequeñas que se meten por cualquier rendija. Las encuentra en todo: el azúcar, la leche en polvo, el pan,…. El otro día Mr. Samura hizo tortilla de patatas para comer. Me ha costado un poco que la aprenda porque al no ser comida francesa la desprecia. Normalmente deja las patatas un poco crudas pero le sale comible, que es lo importante. Cuando fuimos a sacar la tortilla del armario donde se guarda la comida vimos una masa negra que se movía sobre lo que se adivinaba era una superficie amarilla. Cientos de hormigas estaban haciendo un picnic en nuestra tortilla. Tuvimos que lavarla debajo del grifo para que se fueran las hormigas y a  pesar de ello nos tragamos más de una.

En el pasillo fuera del comedor hay hormigas negras y grandes, en el otro pasillo rojas y pequeñas y así por toda la casa. Es una lucha titánica de desiguales, no hay forma de eliminarlas así que nos hemos acostumbrado a su presencia e intentamos convivir pacíficamente.

Hablando de comida, hoy Mr. Samura no ha venido a trabajar. Se ha pasado todo el día en el puesto de policía. Parece que ha vuelto su mujer, la que se fugó, con parte del dinero pero él quiere todo el dinero y por eso la ha llevado a la policía. En principio la ausencia del cocinero nos rompía un poco los planes porque eso suponía que o Bruno o yo teníamos que cocinar. Al final Bruno se ofreció voluntario para hacer una paella y así de paso celebrábamos la fiesta del Beato Guido Conforti, fundador de los Misioneros Javerianos.

Todos los años solemos celebrar esta fiesta en Makeni, en la Casa Regional, donde nos reunimos todos los javerianos que estamos en Sierra Leona. El programa es el de todas nuestras reuniones: retiro y comida de fiesta para festejar al Fundador. Este año, sin embargo, no nos hemos reunido. El próximo jueves llega el Padre General y uno de sus consejeros a visitar Sierra Leona y nos reuniremos con él el lunes día doce para que nos predique él el retiro y celebremos juntos al Beato Conforti. Nuestro fundador sólo es beato, todavía no le han ascendido a santo porque no consigue hacer el milagro que le cualifique para el titulo, pero nosotros lo festejamos igualmente.

Así que hoy Bruno ha hecho otra de sus paellas. Ya es todo un maestro en el arte paellero. Sólo espera el regreso de Fede para mostrarle todo lo que ha mejorado. Ahora se atreve hasta con paellas de verduras, que ha sido su última invención. La de hoy la ha hecho de carne de vaca y salame italiano. Muy buena.

Yo, a pesar de la fiesta, he continuado con mi rutina habitual y  por la mañana fui a Madembe a ver como van los trabajos de la nueva escuela. El martes pasado hicimos las mediciones y ofrecimos el sacrificio a los antepasados para poder romper, excavar, la tierra. Ya han terminado los cimientos y la gente de la aldea los ha rellenado de tierra. Trabajan a buen ritmo.

De vuelta de Madembe, al pasar por Kamathara, me pararon unos chavales y me dijeron que Gibrilla quería hablar conmigo. Gibrilla es un chaval que hace dos años se quedó ciego. Estaba en sexto de primaria, el último año antes de pasar a la escuela secundaria, y empezó a perder la vista. Vino a verme a la oficina con su padre y les dije que tenían que ir a la clínica oftalmológica que los baptistas tienen en Lunsar, cerca del hospital católico de los Hermanos de San Juan de Dios. Les di el dinero para el transporte y para que pudiesen pagar la consulta. Al cabo de unos meses recibí el mensaje de que Gibrilla se había quedado ciego y no habían podido hacer nada por ayudarle.

Esta mañana Gibrilla me dijo:

- Quiero ir a la clínica de Lunsar a que me miren los ojos.
- Pero Gibrilla le contesté- ya estuviste allí y no pudieron hacer nada.
- No, nunca fui a Lunsar.
- Pero habíamos quedado que ibais y os di el dinero para ello.
- Si, pero mi padre nunca me llevó allí.

Mandé llamar a su padre y le pregunté:

- Papá, me dice Gibrilla que nunca le llevaste a Lunsar con el dinero que te di.
- No podía llevarlo me explicó- en aquel momento tenía mucho trabajo, así que con el dinero que nos diste le llevé a un medisinman muy poderoso que hay en Kasoria.
- Posiblemente tu hijo se quedó ciego por culpa de tu negligencia. No hiciste lo que deberías haber hecho y me mentiste.
- Nadie puede acusarme de no haber hecho lo que debía haber hecho por mi hijo, he gastado mucho dinero en él. No se podía hacer nada, el medisinman dijo que le había cogido un demonio muy potente y no se  podía luchar contra él.

Me volví a Gibrilla y le dije:

- Busca a alguien que te pueda acompañar hasta Lunsar, pero que no sea tu padre y cuando estéis preparados para ir venid a Madina que os dé el dinero para el viaje. De todas formas, Gibrilla, ten en cuenta que es demasiado tarde y ya no se puede hacer nada. Tenías que haber ido hace dos años, cuando empezaste a perder la visión.

Sé que el dinero que le dé a Gibrilla es dinero perdido, que ya no se puede hacer nada. Pero es necesario que Gibrilla se convenza por sí mismo. Lunsar es su última esperanza. Kamathara es una aldea de siete casas en mitad del bosque. Gibrilla se pasa el día sentado en un tronco mientras el resto de la aldea va a trabajar los campos. Siempre tiene en la mano un paquete de cigarrillos que vende por unidades  para sacar algo de dinero. Ese será su futuro. Sus compañeros de colegio, Bala y Soko están en la escuela secundaria, vienen  a Madina todos los días y en cuanto puedan abandonaran la aldea, saben que la educación es la única salida que tienen para escapar de la vida en mitad de la selva y por eso se agarran a ella con todas sus fuerzas.

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