CÁRCEL (24.03.08)

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Hoy era día de fiesta y ni Bolo ni Kuye han venido a trabajar. Medo y Bakarr han desaparecido desde bien temprano, hoy tenían entrenamiento intensivo en el campo de fútbol y después reunión de futbolistas, así que me he pasado toda la mañana solo.

                He aprovechado para empezar el traslado de la oficina, lo que ha supuesto el abrir carpetas, ver documentos y al final deshacerme de tanto papel inútil que se acumulaba, cubierto de polvo, desde los tiempos de Franco Manganello, en las estanterías del despacho. No ha sido fácil hacer la elección, que  papeles dejar y cuales tirar, pero como tantas veces en esta vida he tenido que tomar una decisión y esta ha sido el deshacerme del mayor número de cosas posibles. Cuando dudaba sobre si tirar o no un papel o documento lo metía en una carpeta que había preparado para el caso y donde se pudrirá hasta que haya otro traslado o alguien que me sustituya tenga mejor criterio que yo.

                Luego he cocinado, un poco de carne guisada, y he comido temprano. Me encontraba cansado y quería dormir siesta. Desde justo el día antes que llegasen los Fedes, Ventura y Peli, me han salido unos granos en la nuca y se me están extendiendo por la frente y la  cabeza y la verdad es que me molestan mucho, deben ser del calor, y no me dejan dormir bien.

                La siesta ha sido larga y profunda y sólo me desperté a eso de las tres y media porque Medo entró en la habitación y me llamó. Entre sueños entendí que alguien había entrado en la casa y que había robado mientras yo dormía y que lo habían pillado y le estaban dando una paliza. Conseguir articular algunas palabras y le dije a Medo que no le pegasen que si era un ladrón que lo llevasen a la policía.

                Me levanté como pude y salí a la puerta. Ya se habían llevado al intruso hacia el puesto de policía y la muchedumbre que quedaba delante de la puerta de la iglesia comentaba los pormenores de la paliza, como Bolo le había roto la ceja al ladrón, como Sheku lo había levantado por aire y tirado contra el suelo, como todo el mundo había aprovechado para darle patadas y pegarle con  palos, Luego todos reían porque en medio a la paliza que le estaban dando el ladrón consiguió gritar:

-        Una no bit mi, ni na kresman! Que quiere decir: áNo me peguéis que estoy loco!

Y la  gente continuaba riendo y diciendo:

-        If na tru se na kresman no fo bin get main fo tok am Que más o menos quiere decir: Si de verdad estuviera loco no lo diría.

Al rato vino Bakarr desde el puesto de policía y me informó que la persona que había robado en casa era un hombre que cuando fue a preparar la iglesia ayer domingo,  lo encontró en la sacristía donde había encendido cuatro velas y estaba leyendo el misal, y que lo echó de allí. Parece, por lo que ha declarado a la policía, que esta tarde entró por la puerta de la iglesia que estaba abierta al igual que la de la sacristía que comunica con el patio de nuestra casa. Desde allí entró en la casa y la recorrió a su gusto, me vio dormido y aprovecho para coger una maleta vieja que estaba encima de una mesa con algunas medicinas y la vació. Luego la llenó con lo que le gustó de la casa: algunas botellas de cerveza, algunas latas de comida y lo que más le dolió a Medo y a Bakarr, toda su ropa que habían lavado el sábado y que estaba tendida en los hilos de secar. Comentaba también Bakarr que el policía de guardia conocía al chaval y que decía que está loco. Le dije a Bakarr que, en ese caso, le dijera al policía que le dejasen en libertad y nos devolvieran la maleta con todas las cosas, que la policía quería quedarse en el puesto, como prueba del robo.

Volvieron al rato Medo, Bakarr, Bolo, Kuye y toda una cohorte de curiosos y curiosas que les había acompañado en todo momento. Traían la maleta. También venía un policía que me explicó que el loco era hijo de un policía natural de Madina, pero que vive en Freetown. Perece que al chico se le fue la cabeza, así lo contaba el policía, y el padre lo mandó a un curandero, especialista en estos casos, que vive en Samaia.

Según el policía, el curandero diagnosticó que el chico está poseído por un espíritu-mujer que se ha enamorado de él y metido en su cuerpo. Ahora el chico lucha contra ese espíritu porque él a quien de verdad quiere no es al espíritu sino a su novia que está en Freetown. El curandero ha dicho que se necesita el sacrificio de una cabra roja para que el espíritu abandone el cuerpo del chico y este recobre sus facultades. El problema está en encontrar la cabra roja. El padre se está dedicando a buscarla por todo el país. Mientras el chico consiguió abrir el cepo en el que el curandero le había metido y escapar. El policía había llamado al padre del chaval para comunicárselo y este les pidió que lo encerrasen en una de las celdas hasta que el puediera venir a Madina. Pero el policía le dijo que no tenían de que acusarle, pero ahora, con el robo, ya tenía una excusa y me decía que lo iban a meter en la celda hasta que llegue el padre, pero que yo no me preocupe porque no me va a costar dinero, todo corría a cargo del padre del chico, lo que es todo un detalle.

Terminado felizmente el caso del poseso ladrón tuve que enfrentarme con otro caso judicial. Uno de nuestros maestros, el director de la escuela de Massagalie, vino con su hija de unos doce años, y algunos familiares a decirme que la noche anterior Rambo había dado una paliza a la chica. Habían ido a quejarse al padre de Rambo, Sonniel, y este les había dicho que él no tenía nada que ver con el niño, que era yo quien lo estaba criando. Así que venían a informarme de que iban al puesto de policía a hacer la denuncia porque llevaban todo el día dando vueltas y nadie de la familia de Rambo quería escucharles.

Al rato vinieron Mohamed, el director del coro, y Sheku, el socio de John Papa, acompañados de Rambo. Los tres duermen en la misma habitación. La policía quería ver a Rambo inmediatamente en el puesto y para allí iban. Volvieron más tarde para decirme que habían negociado con el policía para que dejase a Rambo en la celda por una noche a ver si así aprendía a comportarse y dejaba de dar palizas a niñas, que, me enteré en ese momento, es un hábito suyo. Han quedado que mañana irán a sacarlo de allí.

Terminados los asuntos policiales pude darme una ducha y encaminarme, acompañado de Medo y Bakarr, hacia la plantación de anacardos vecina al centro de formación profesional donde se celebraba el Outing de Pascua. Esta vez habían recintado, con sacos y esterillas, una zona bastante amplia. Allí había música, gente vendiendo y mucho polvo. La gente bailaba, gritaba, sacaba sus cestas con comida y se sentaban a comer envueltos en una nube de polvo. Yo tuve suerte porque mucha gente me ofreció comida, normalmente trozos de pollo. Por eso tenía a todo un grupo de chavales que me rodeaban para comerse ellos los regalos.

En medio a la polvareda apareció Alpha bailando con Ana, aunque esta más bien dormía perdida en los brazos de su padre. Le dije a Alpha que tanto polvo y ruido no le podía hacer bien a la niña y que era mejor que la llevase a casa. Por esta vez obedeció.

Después de estar un rato en el Outing saludando y tragando polvo, decidí volver a casa, con una parada en el John Papa para tomarme una cerveza. John Papa había estado vendiendo en el Outing y no le quedaba nada frío, así que me vine para casa donde si encontré una cerveza fría.

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