HISTORIAS DEL EXÍLIO (10) ¿DÓNDE ESTABAS? (14.01.10)

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Fue el 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos y, aquella vez, la suerte le tocó a Lisboa. A las nueve y media de la mañana de aquel soleado día de fiesta la mayoría de los lisboetas estaban en misa o paseando por las calles de la ciudad. De repente, un enorme temblor sacudió a la ciudad destruyendo la mayoría de los edificios y sepultando a gran parte de la población bajo los escombros.

Los que sobrevivieron al temblor tuvieron que enfrentarse al maremoto (o tsunami) que vino a continuación con olas de hasta veinte metros de altura y que barrió casi toda  la ciudad. Las zonas no afectadas por el maremoto se vieron envueltas en incendios que duraron cinco días en apagarse. Parece que un tercio de la población de Lisboa, unas cien mil personas, murió aquel día.

Toda le litoral atlántico fue víctima del desastre natural. En Marruecos, por ejemplo, se calcula que murieron unas diez mil personas y en Cádiz, la fuerza de las olas rompió las murallas arrastrando sus pesadas piedras mar adentro.

En esta última ciudad, según me contaba mi amiga Margarita Forné el verano pasado cuando recorríamos sus calles, a la gente  le dio tiempo a sacar el estandarte de la Virgen de la Palma y el cura que lo llevaba le plantó cara a las olas y les gritó Hasta aquí habéis  llegado y el mar retrocedió. En la calle de la Palma hay una placa que recuerda la gesta.

Como consecuencia de esta catástrofe Voltaire publicó su famoso Poema sobre el desastre de Lisboa, subtitulado Examen del axioma: Todo está bien. Una crítica a lo que su amigo, Alexander Pope, sostenía: La obra de Dios es perfecta y cada suceso ocupa un lugar preciso dentro de los planes divinos. O lo que, el también amigo de Voltaire, Leibniz, defendía: Habitamos en el mejor de los mundos posibles.

Voltaire se preguntaba: ¿Cómo podemos defender que vivimos en el mejor de los mundos posibles cuando miles de inocentes perecen en una catástrofe natural? ¿Acaso Dios, en su omnipotencia, desea que ocurran semejantes desgracias? Voltaire se atrevía a plantarle cara al optimismo racionalista del Siglo de las luces lanzándole un nuevo axioma: Existe el mal sobre la tierra.

Rousseau fue tocado por las afirmaciones de Voltaire e intercambió cartas con él en las que intentó justificar el mal. Alcanzó a dar una respuesta al mal físico o moral diciendo que nosotros, los seres humanos, somos los causantes de él.

Cuando miramos al terremoto de Haití y vemos las imágenes que periódicos, televisiones e internet nos están transmitiendo, podemos entender que el alto número de muertos se debe a la mala construcción de los edificios que se han desplomado sobre los que estaban dentro. La pobreza del país más pobre de América está detrás de todo esto.

Haití es un trozo de frica en medio del Caribe. Sufrió un colonialismo atroz al que siguió una serie de dictadores que agotaron los pocos recursos de sus gentes. Estados Unidos intervino siempre que quiso para defender a los opresores y acallar las quejas de los oprimidos.

Cuando vivía en el South Bronx de Nueva York, en la parroquia de St. Thomas Aquinas, encontré a muchos haitianos. La mayoría había huido de la pobreza en pequeñas lanchas, arriesgando la vida para llegar a las costas de Estados Unidos. Entre ellos hablaban Patuá (patois) y, sobre todo los jóvenes, escuchaban a los Fugees y a Wyclef Jean. Fueron ellos los que me hablaron, por primera vez, de la miseria de la que huían.

Es verdad que si este mismo terremoto hubiese sucedido en un país más rico, como Japón por ejemplo, el número de víctimas hubiera sido mucho menor porque allí hay dinero para construir a prueba de seísmos. Por tanto podemos aceptar que es el egoísmo humano que genera pobrezas como la de Haití el causante de tanta muerte.

Pero entonces pueden surgir preguntas como ¿Por qué Dios permite que mueran los inocentes en vez de los culpables? ¿Por qué Dios permite la injusticia y la pobreza? ¿Dónde estaba Dios (o Bondye, divinidad máxima del vudú haitiano) cuando la tierra temblaba?

Aquí ya estamos ante el mal metafísico, un tema que lleva años revolviéndome las entrañas. He buscado respuestas en teólogos como Moltmann o Torres Quiroga que no logran convencerme. Pienso que son personas que no han experimentado el dolor o la injusticia en carne propia y que elaboran respuestas desde el sillón de su escritorio (pienso solamente, porque no conozco sus experiencias).

Esta mañana compartía estas reflexiones con Felicísimo Martínez, uno de los teólogos más honestos que conozco, el cual me decía que ante estos temas lo único que cabe es guardar silencio porque nunca podremos entender el misterio de Dios. Es como admitir que el caos, el sufrimiento, el dolor,.. se encuentran más allá del dominio de nuestra razón.

Llevo años dándole vueltas a estas ideas, llevo años cabreándome con Dios cada vez que un niño o una niña me contaban su historia de soldado o esclava sexual, cada vez que me cruzo con un amputado en las calles de Freetown, cada vez que una víctima más me cuenta su dolor, cada vez que veo las imágenes de Haití y no encuentro respuestas. Por eso callo y me trago la impotencia y la rabia pero sigo preguntando.

Ahora todo el mundo se vuelca con Haití. Todas las ONG anuncian las cuentas donde podemos ingresar nuestro granito de solidaridad. También recibo correos que se recrean en el dolor y el horror para pedir donaciones. ¿Quién controlará que las víctimas, de verdad, reciben nuestras aportaciones, que no se utilizan para reconstruir las casas o comprar nuevos coches para las organizaciones, o se destinan a otros programas,  por ejemplo? Me duele este retortijón de solidaridad que de vez en cuando nos da. Seguimos poniendo parches cada vez que se nos toca la fibra sensible pero no queremos comprometernos a hacer de este mundo el mejor de los mundos posibles.

El terremoto también me transmitía preocupación y miedo por Marcela, amiga colombiana que me acogió tantas veces en su casa de Smart Farm en Freetown. Ahora sigue trabajando para Naciones Unidas pero se trasladó a Haití. Al ver las imágenes del cuartel general de la ONU en Puerto Príncipe derrumbado se me agolparon tantos buenos recuerdos que guardo de ellas. Entre muchas cosas le estoy agradecido por haberme descubierto los libros de Laura Restrepo, las copas de vino que compartimos, la cama y la ducha caliente de su apartamento,

Escribí a los amigos que tenemos en común y nadie podía comunicar con ella. Esta tarde, Raquel Rico desde Kinshasa me decía que está a salvo. Ella, Raquel, en cambio, lloraba la muerte de algunos amigos y personas con los que había trabajado y que ahora estaban destinados en Haití.

6 Respuestas en “HISTORIAS DEL EXÍLIO (10) ¿DÓNDE ESTABAS? (14.01.10)”

  1. Victoria Dijo:

    A mi también me sobrecoje y hastía un poco este despliegue súbito de cuentas y ONGs en todos los medios de comunicación, del sentimiento de culpabilidad que se apodera de mi constantemente cuando me paro a pensar en el injusto mundo en que vivimos , máxime en esta actual haitiana desgracia. Pero a pesar de lo efímera que será la atención de nuestra sociedad “primer mundista”durante estos días en Haiti , que nos preguntemos si llegará correctamente la ayuda que damos, el hecho sólo que tú y yo y todos los que escuchan estas funestas noticias pensemos y compartamos sólo por un segundo su desgracia, creo que hace al mundo un poco mejor y siempre algo es mejor que nada.Un abrazo fuerte, me encanta leerte!

  2. Fede Dijo:

    Es un poco largo,pero seguro que todos pensais como yo que la desgracia de Haiti no ha sido solo el terremoto,sino todos los años de esclavitud y de incomprension de nuestro primer mundo

    Los pecados de Haití

    Publicado el 15 Enero 2010
    Eduardo Galeano

    La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó.
    Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.
    El voto y el veto
    Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.
    Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.
    La coartada demográfica
    A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:
    -Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede. Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
    En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado de artistas.
    En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.
    La tradición racista
    Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses.
    Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro. En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la
    naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino.
    Kart von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras.
    La humillación imperdonable
    En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.
    La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

    El delito de la dignidad
    Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.
    Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.
    La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

  3. María José Dijo:

    Veo que el blog es de una ong, lo he descubierto esta misma mañana por un artículo en un periódico regional y mi comentario va dirigido a Chema Caballero, personalizado; pido por adelantado disculpas si no es el sitio adecuado.
    Te conocí el pasado miércoles, 20 de enero, gracias a Amnistía ( debe ser un pecado entre algunos grupúsculos no conocerte de antes, jajajaja ). Me gustó tu forma de hablar, tu manera de entender, me pareciste una persona abierta y me llamó la atención por encima de todo, esa sonrisa.Cada día se me hace más difícil ver las caras de las gentes, primero porque van cabizbajos y segundo con esos rostros huraños, enfadados, eternamente amargados y claro, en medio de este paisaje desolador, encontrar una sonrisa, una cara amable, alguien que te habla y que parece invitarte a la esperanza, pues la verdad me sentó de miedo, muy reconfortada. Creo que la alegría es importante, el sentido del humor vital y todas esas caras agrias, de velatorio, de algunos especímenes de tu confesionalidad echan para atrás. áQué te voy a contar a tí !!
    Me declaro atea, fui creyente y me ha gustado leer tu entrevista en el diario regional donde dices seguir preguntándote por ese dios escondido. No me enrollo más, sólo decirte que te seguiré desde este blog porque personas como tú hacen creer en la humanidad. Adelante y muchas gracias.

  4. Juan Dijo:

    Ha tenido que ocurrir un terremoto en Haití para enterarnos que és uno de los países más pobres de Sudamérica con una renta de 2 dólares por día…y por fín de ha desatado la “humanidad” global, para ofrecer todo tipo de ayudas…Y lo que más me ha llamado la atención ha sido el fenómeno de las adopciones…querer sacar a los niños del desastre como sea.

    Y aquí me he acordado de la labor impagable de personas que se arremangan la camisa y van al país que sufre tal desastre o parecido y ayudan a regenerar las infraestructuras dañadas, construyendo pozos para sacar agua, hospitales…o dirigiendo y levantando escuelas para que los niños sigan educándose y aprendiendo ; sabiendo que el futuro del país está en las manos de esos niños y para levantarlo se necesita la ayuda de la “humanidad”.

    Gracias a la ONG DYES y adelanta a todos.

  5. josé diogo Dijo:

    Caro Chema Caballero: sou um portugues que vive e trabalha na Islandia. Ontem descobri o seu blog na internet. Falo um pouco de espanhol e também compreendo o seu idioma perfeitamente, mas é muito dificil para mim escreve-lo. Espero que entenda o meu portugues porque gosto muito do que escreve e como escreve e gostaria de manter -me em contacto consigo e com todos os leitores so blog. Do puco que sei de si, já me dei conta que é um homem de bem, corajoso e que desnvolve um trabalho precioso. Estou de acordo consigo sobre aquilo que escreveu sobre a tragédia do povo do Haiti: sao sempre os mais fracos, os mais indefesos que sofrem com este horror económico que nos maltrata. Eu nao sou ovelha de nenhum rebanho: creio no cristo do “Sermao da Montanha”, no Cristo das bem-aventurancas. Por isso eu lhe digo: bem-aventurado seja voce por dar avida aos mais pobres entre os pobres! Até sempre,pode-me contactar quando quiser, será um prazer, porque eu gostaria muito de colaborar consigo. Um grande, grande abraco. Que Jesus Cristo, o Libertador dos que nada tem, o guie e proteja.

  6. Flor fernández Dijo:

    Chema: yo no soy creyente,pero no por rabia contra un dios omnipotente sino porque mi cerebro , quizás demasiado racional,que no por eso carente de imaginación,no me deja creer.Y ya me da rabia ,ya ,porque no tengo el consuelo de un dios que,parece,otorga a los ricos lo que le quita a los pobres y yo tendría mucho consuelo porque pertenezco al primer mundo y que pena dejar la vida muelle.Pero ,a pesar de todo no creo en dios y no lo necesito ,sinceramente.Me pregunto qué miedo le tenemos los seres humanos a la vida para tener que creer en entidades superiores a las que les concedemos el capricho de sus veleidades.¿Será que no sabemos andar solos?¿que no sabemos actuar con bondad y valentía si no es forzados por la creencia?
    Me imapctan tus dudas,no había conocido a un religioso que ,públicamente, diera muetras de su inquietud para con dios,hasta el San Manuel Bueno y Mártir de Unamuno le ocultó su falta de fe a los parroquianos de su pueblo en aras de una mentira en la que quería mantenerlo.Me reconconcialia con algunos religiosos tu actitud y me parece francamente valiente.Estoy segura de que seguirías realizando tu maravillosa labor sin la necesitad de un alto ser paternal.Y no es que quiera llevarte a mi terreno,no me malinterpretes,es que tu trabajo va más allá de unas o de otras creencias .
    Lo que si tengo claro es que sin dios se vive muy bien.Un atento saludo

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