Estoy en Palma de Mallorca. Llueve y hace frío. Ha pasado mucho tiempo desde que visité esta ciudad por última vez. No me acuerdo exactamente qué año fue, pero recuerdo que era noviembre, porque, como todos los noviembres, buscaba violetas y tampoco esa vez las encontré.
Mucho ha llovido desde entonces. En aquella ocasión vine a dar una charla y en una mañana que me quedó libre me acerqué a la catedral. Quería ver la capilla pintada por Miquel Barceló y no pude verla porque todavía no estaba inaugurada.
Ahora tengo más tiempo para hacer turismo. He podido ver las piedras de la cartuja de Valldemossa bajo una lluvia torrencial y sentir el aire helado en el puerto de Soller. Esta vez también he podido visitar la capilla de Barceló. Me he quedado en blanco ante ella. No sé. Sentado en un banco la miraba, escrudiñaba sus detalles, me quería dejar sorprender,… pero no sé. Se me escapaba el alma, me sentía transportado a un mundo misterioso, quizás al instante mismo de la Creación que se funde con la Resurrección donde surgen el Mundo Nuevo y el hombre nuevo y en la gran resaca de tanta novedad y se anticipa y se resarcía y se vengan, … todo. Fue una experiencia de vacío, de sentirme inútil y desbordado.
John Berger, el gran gurú del arte dice que “la pintura y la cocina tienen muchas cosas en común: El color, la improvisación, las texturas.” Es posible que lo mirase todo intentando descubrir algo y el ansia por descubrir no dejó sitio para el asombro, para que se deleitasen los sentidos.
Bueno, bajando a la realidad, esto está lleno de argentinos, están por todas partes: bares, comercios, restaurantes, hoteles,… Recuerdo que hace años me sorprendía que pueblos enteros de Extremadura se vaciasen para venir aquí a trabajar en los hoteles. Siempre me acuerdo de Orellana la Vieja, junto al Panto del Zújar, todos los jóvenes desaparecían, se iban a Palma porque en el pueblo no había trabajo. Ahora no se ve a ninguno de ellos, los argentinos han ocupado su lugar y, a pesar de que algunos de ellos llevan aquí más de veinte años, no han perdido su acento tan característico. Es estremecedor oír sus historias de lucha por una vida digna aunque ello suponga renunciar a su patria, nunca a sus creencias y costumbres. Qué fuerza la de los emigrantes, qué capacidad de sacrificio y superación. Y nosotros sin saber beneficiarnos de tanta riqueza.
El otro día fui a comer con mi amigo Paco, un cura de la Línea de la Concepción, que vive con cuatro marroquíes en su casa y que ahora, que está en Madrid estudiando, saca tiempo para ir a compartir en un centro de acogida de inmigrantes. Se ha enamorado de Perú a través del contacto con los peruanos que visitan el centro. Por eso no es de extrañar que comiésemos en un restaurante peruano en la zona del Alto de Extremadura. Tomamos un ceviche buenísimo que a mí me hizo recordar el carpacho que comía en Florence, el restaurante de mi amigo Franco Miari, en la playa de Sussex, Sierra Leona, y a él le provocó a contar lo llena que se había vuelto su vida desde el momento en que abrió su casa a otros de cultura y tradiciones tan distintas y lo enriquecedora que resultaba la experiencia.
Estos días he visto una película que recomiendo a todo el mundo: Amerrika, de Cherien Dabis. Una película llena de violencia: la de Israel hacia los palestinos, la del muro, la que sufre la mujer abandonada por su marido, la de las minorías, la del emigrante, la que causa la ignorancia. Violencia por todas partes y al final la sencillez, la honestidad, el amor y la familia consiguen el cambio. Fadi, la protagonista, nunca pierde la esperanza de que algún día las cosas vayan mejor.
Todo esto me hace recordar el poema de Mario Benedetti, No te rindas:
No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
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